Capítulo 50
Peter Buckley escuchó atentamente por el móvil. Le gustaba escuchar. Era la mejor manera de aprender. Cuando hablabas mucho, acababas revelando información de más.
—Bien —dijo al fin—. Pero quiero que nos veamos en persona para que me des un informe más detallado. Te enviaré un mensaje con la dirección. He conseguido un lugar de encuentro para un corto tiempo.
Se guardó el móvil en el bolsillo y regresó al cuarto donde tenían a Pine. Ahora la habían atado a la silla, para que, si había más golpes, no se cayera de ella. Britt Spector permanecía un tanto retirada, observando, con una expresión nerviosa en el rostro.
—Agente Pine —dijo Buckley—. La mujer a la que detuviste se llama Dolores Venuti. Está acusada, entre otros cargos, de secuestrar a una chica y retenerla contra su voluntad.
—Lo sé —dijo ella.
—¿Por qué tengo la impresión de que Dolores Venuti y Desiree Atkins son la misma persona?
—Piensa lo que quieras —repuso Pine—. Estamos en un país libre.
—¿No me lo vas a confirmar?
—No.
—También me he enterado de que Dolores intentará salir bajo fianza.
—No lo conseguirá. Existe riesgo de fuga —se le escapó a Pine, demasiado tarde para contenerse.
Buckley se permitió una leve sonrisa.
—Cierto. Existe riesgo de fuga porque tú les contaste lo que había ocurrido en Georgia. Muy bien, gracias por confirmar mi teoría de que Dolores y Desiree son la misma persona. En cuanto a la fianza, ya veremos. Las decisiones judiciales son a veces impredecibles.
—Esta vez no.
—Pero si fijan una fianza, la pagaré para que me cuente lo que sepa.
—Desiree no ha visto a esa mujer en casi veinte años. ¿Qué va a poder contarte?
—Uno nunca sabe hasta que lo pregunta.
—Y cuando hables con ella, ¿me dejarás de vuelta en el hotel sana y salva? —preguntó Pine en tono sarcástico.
Buckley lanzó una rápida mirada a Spector antes de contestar:
—Te daré una última oportunidad para que me digas todo lo que sabes de El Cain. Así podrás evitar una muerte segura. Tienes mi palabra.
—¿Tu palabra? No me fío de tu palabra. Paso.
—¿Estás segura?
—De lo que estoy segura es de que puedo darme por muerta desde el momento en que tus matones me echaron el guante. Pero, puesto que vas a matarme igualmente, tal vez quieras contarme por qué estás tan desesperado por encontrar a Cain.
—Ya te lo he contado. Mató a alguien.
—Pero no me has dicho a quién.
—Eso no es asunto tuyo.
—Venga ya. Te aseguro que no se lo contaré a nadie. Claro que tampoco podré hacerlo.
Buckley vaciló, su mente trabajando rápidamente, quizá demasiado.
—A mi hermano.
Spector le lanzó una mirada reprobadora, pero no dijo nada.
—¿Y se lo merecía?
—Sin la menor duda.
—Entonces ¿por qué esa ansia de venganza contra ella?
—Él era de mi familia. Y para mí es razón más que suficiente.
—Entiendo que pienses así. Pero pensar así suele terminar en muerte.
—En este momento mis opciones son mejores que las tuyas.
—¿Y cuándo sabrás si le conceden o no la fianza? —preguntó Pine.
—Pronto.
—Bueno, entonces me queda mucho tiempo.
Buckley la observó fijamente.
—Eres valiente. Me gusta eso en una persona.
—Gracias. Y ahora que te jodan.
Spector sonrió al oír la respuesta, pero giró la cara para que el otro no lo viera.
—¿Estás segura de que no quieres reconsiderarlo? Es posible que tú sepas mucho más sobre el asunto que Desiree. Soy un hombre al que le gusta contar con toda la información posible.
—Repítete en tu cabeza lo que acabo de decirte.
Buckley, visiblemente frustrado, dio media vuelta y se marchó, haciendo señas a Spector de que lo siguiera. Spector se quedó mirando a Pine un largo rato. A juzgar por su expresión, un aluvión de pensamientos turbulentos cruzaba por su mente. Luego se dio media vuelta y fue detrás de Buckley.