El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 48
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Capítulo 48

—¿Este es tu coche? —preguntó Mercy al subirse al todoterreno deportivo. Blum había cogido las llaves del Porsche de la habitación de Pine.

Antes de abandonar el hotel, Mercy se había puesto unos vaqueros y otra sudadera, y luego había dejado su bolsa en el asiento trasero del vehículo.

—Por Dios, no. No podría permitírmelo.

—Entonces ¿es de Lee?

—No, ella tampoco se lo puede permitir. Es… es de alguien llamado Jack Lineberry. Es un hombre muy rico y nos deja que lo usemos.

—¿Y cuál es su relación con todo esto? ¿Por qué os deja un cochazo como este?

Blum metió la llave en el contacto y arrancó.

—Supongo que tarde o temprano tendrás que enterarte, y este es un momento tan bueno como cualquier otro.

—¿Enterarme de qué?

—Jack Lineberry es tu padre biológico.

Mercy asimiló la información con calma. Asintió y miró por la ventanilla.

—Así que nuestra madre era un imán para los hombres…

—No creo que fuera nada por el estilo. Jack Lineberry era su superior cuando tu madre se infiltró como topo para delatar a varias familias de la mafia. Y… poco a poco empezaron a sentir algo el uno por el otro. La cosa fue a más, y al final tu madre se quedó embarazada de vosotras.

—¿Y cómo acabó con ese tal Tim?

—Se enamoraron. Jack era bastantes años mayor que ella, y su… relación quizá tenía que ver más con la misión en la que estaban metidos, al menos para tu madre. Aunque debo decir que Jack Lineberry estaba muy enamorado de tu madre, y quizá lo siga estando.

—¿Y dónde está ahora nuestra madre?

—Con Tim, suponemos.

—¿Y Lee? ¿Cómo encaja ella en toda esta historia?

—Cuando tu hermana estaba en la universidad, vuestra madre la abandonó sin dar ninguna explicación. Y desde entonces no tiene la menor idea de dónde se encuentra. —Blum la escrutó fijamente—. Te estás tomando todo esto con mucha calma.

—Bueno, no es más impactante que cualquiera de las cosas que me has contado en los últimos diez minutos.

Su franco comentario hizo sonreír a Blum.

—Te pareces más a tu hermana de lo que imaginas.

—¿En serio? —dijo Mercy dudándolo—. Por lo visto, mi vida ha sido muy diferente de la suya.

—Sé lo que tuviste que sufrir con Desiree.

—He soñado miles de veces con matarla.

—Lógico.

—Y vine aquí para hacerlo.

—Sí, la agente Pine se lo imaginó.

—Agente Pine, ¿eh? Federal y todo eso, ¿no? No sabía que hubiera tantas mujeres en el FBI.

—Es una agente excelente, una de las mejores. —Blum salió del aparcamiento y giró hacia la calle.

—Me alegro por ella —dijo, aunque sus palabras laudatorias sonaran un tanto huecas—. ¿Y lleváis buscándome mucho tiempo?

—Sí, ha sido un camino muy largo, lleno de giros y recovecos.

—Ya, me imagino.

Blum le lanzó una mirada de soslayo.

—¿Y tú qué has hecho todo este tiempo, Mercy?

—Sobrevivir. Como todo el mundo.

—Será muy duro para ti volver a ver a Desiree, ¿no?

—Más duro será para ella.

Blum replicó en tono incisivo:

—No escapaste de esa horrible mujer para que ahora te vuelvan a encerrar, ¿no?

—Siento que estoy en todo mi derecho de matarla.

—Si lo haces, ella ganará. Y sé que eres lo bastante inteligente para comprender eso. Pero si no puedes prometerme que no atacarás a Desiree, no iremos a verla.

—Puede que ella sea la única pista que tenemos para encontrar a tu jefa.

—Y tu hermana. Así que, a menos que seas capaz de contener tu ira, no conseguiremos encontrarla y probablemente morirá.

—Supongo que debería tener sentimientos más fuertes por mi hermana —admitió Mercy, con un grado de franqueza que incluso a ella la sorprendió—.

Pero ha pasado mucho tiempo, y también muchas cosas desde entonces.

Ella se quedó en casa y yo fui la perdedora.

La cancioncilla me eligió a mí, lanzándome a una vida de pesadilla.

Blum frunció los labios.

—Ito Vincenzo, el hombre que te secuestró, también le destrozó el cráneo a Atlee.

La dejó allí sangrando toda la noche. Fue un auténtico milagro que sobreviviera después de pasar mucho tiempo en el hospital.

Lo ocurrido aquella noche destruyó a toda tu familia.

Años más tarde, tu hermana pensó que Tim se había suicidado, pero tu madre le mintió.

Y luego, como ya te he contado, ella la abandonó para marcharse con Tim, dejándola completamente sola.

Al parecer, Ito Vincenzo creía que te estaba llevando a una buena casa, donde te cuidarían.

Él no sabía nada de Desiree. Así que pienso que, al menos a su entender, tú fuiste la ganadora de la cancioncilla y tu hermana fue la perdedora.

Blum se giró un momento hacia Mercy para descubrir que la estaba fulminando con la mirada.

—Yo no fui la ganadora ni por asomo, de ningún modo.

—Por supuesto que no —se apresuró a responder Blum—. Solo digo que a quien Vincenzo intentó matar fue a tu hermana, no a ti.

Mercy se recostó en el asiento y miró por la ventanilla.

—Y, a diferencia de ti —añadió Blum—, la agente Pine sí tiene recuerdos muy claros de ti. Y ha tenido que vivir sufriendo esa pérdida durante los últimos treinta años.

En un tono mucho más calmado, Mercy comentó:

—Desiree consiguió borrar todos mis recuerdos. Me vienen algunos retazos sueltos de vez en cuando. El nombre de Lee. La sensación de que había alguien más allí, ¿sabes?

—Sí, entiendo.

—Pero no es lo mismo que tener recuerdos.

Son solo cosas en tu cabeza a las que no les encuentras sentido.

Como si alguien te hubiera dado un libro, pero antes hubiera emborronado todo lo que está escrito y solo consiguieras distinguir unas pocas palabras.

Es algo muy… duro con lo que vivir, sabiendo que hay algo ahí fuera, pero sin ser capaz de encontrarlo.

—Miró a Blum—. Lo siento si mi manera de expresarme no está a la altura.

Has dicho que ella fue a la universidad y todo eso.

Yo puedo parecer tonta o inculta, pero no lo soy para nada.

He leído mucho. Los libros me han ayudado a superar muchas cosas.

—A mí no me pareces ninguna de esas dos cosas en absoluto. Y teniendo en cuenta por todo lo que has pasado, es un milagro que incluso estés viva.

—No me rendí. Nunca. Si tú me golpeas, yo te golpeo más fuerte.

—Así es también tu hermana.

Mercy asintió, pero no dijo nada.

—¿Y sobre lo de Desiree? —preguntó Blum algo nerviosa.

Mercy no contestó de inmediato.

—No voy a ponerle ni un dedo encima —dijo al fin.

—¿Y eso por qué?

—Porque tienes razón. No quiero perder, sobre todo frente a esa bruja. —Tras un momento de silencio, añadió—: Y porque me gustaría tener la oportunidad de conocer a mi hermana. Viva.