Capítulo 47
Cain se levantó muy despacio, alzándose cuan alta era frente a Blum, que se había acercado un poco más a ella.
—¿Quién diablos es usted? —preguntó Cain.
—Me llamo Carol Blum y trabajo para el FBI. Mi jefa es Atlee Pine, tu hermana gemela. Llevamos muchísimo tiempo intentando encontrarte.
—Yo no tengo ninguna hermana, ni gemela ni de ningún tipo.
Blum sacó una foto de su bolso. Se la tendió a Cain, que la cogió y la miró.
—Esta es una foto que tenía la agente Pine en la que salís tú, ella y vuestra madre cuando vivíais en Andersonville, Georgia. Es una Polaroid, la única que tiene de vosotras dos como hermanas. Me pidió que la guardara yo mientras nos dedicábamos a buscarte.
La mirada de Cain recorrió todos los aspectos de la imagen. En su memoria, fragmentos y elementos borrosos empezaron a colisionar caóticamente, como coches de choque. El efecto fue tan confuso y turbador como si estuviera montada en uno de ellos.
—¿Mi madre?
—Sí.
—Y esa tal Atlee… ¿dice que es mi hermana?
—Así es.
Cain le devolvió la foto con brusquedad.
—Eso no es más que un montón de mierda. Nunca he oído hablar de nadie que se llame Atlee.
Agarró su sudadera y se dirigió con paso furioso hacia la puerta.
—Pero te estoy diciendo la verdad.
Cain giró en redondo y gritó a voz en cuello:
—¡Déjeme en paz de una puta vez, señora! No necesito nada de esta mierda, y menos ahora.
Mientras Cain volvía a darse la vuelta para alejarse, Blum se devanó los sesos a la desesperada y al fin exclamó:
—Cuando erais pequeñas la llamabas Lee.
Al oír aquello, Cain se quedó petrificada en la puerta del gimnasio. Esperaba que todos los músculos de su cuerpo se tensaran al máximo, pero en lugar de eso se relajaron, como los de un nadador extenuado al llegar a salvo a la orilla.
«No pasa nada, mamá, ya sabes cómo es Lee. Ya averiguará cómo bajar. Siempre lo hace. No te enfades con ella, mamá».
Cain empezó a temblar. La calma se había desvanecido.
Los coches de choque de su cabeza colisionaban ahora a mayor velocidad.
De hecho dolía, pero no como un simple dolor de cabeza.
Era como si hubieran prendido fuego a su alma con una cerilla.
Sin embargo, necesitaba algo más que un nombre y una foto antigua.
Se giró hacia Blum.
—Hay muchas niñas que se llaman Lee.
—Tu madre se llamaba… Julia —dijo Blum de forma tentativa.
Cain meneó la cabeza.
—Ese nombre no me dice nada.
Volvió a dar media vuelta para marcharse, mientras Blum trataba desesperadamente de pensar en algo, lo que fuera, para poder retenerla.
Entonces se acordó de cuando habían estado con Desiree, de lo que había contado la mujer sobre el libro que había hecho que la pequeña Mercy se volviera como loca. Y entonces soltó:
—«Pito, pito, gorgorito».
Cain se giró como una exhalación.
—¿Qué?
—La cancioncilla infantil que el secuestrador utilizó para escoger a cuál de las dos llevarse. «Pito, pito, gorgorito». ¿Lo recuerdas?
Cain se apoyó contra la pared y se sentó de golpe en uno de los bancos de pesas.
Blum prosiguió en tono comprensivo:
—Sé que todo esto debe de resultar abrumador para ti. El caso es que el hombre que te secuestró aquella noche se llamaba Ito Vincenzo. Y sabemos por qué lo hizo. Y también sabemos que te entregó a Len y Wanda Atkins, quienes a su vez te entregaron a Joe y Desiree.
—Wanda me lo contó —dijo Cain con voz apagada—. Y he averiguado que Desiree está ahora en prisión.
—Fue tu hermana quien la arrestó. Desiree tenía encerrada a otra muchacha llamada Gail.
Nosotras la liberamos. A Desiree la van a juzgar por ese delito, entre muchos otros.
—Hizo una pausa—. Y además conseguimos que confesara que fue ella quien asesinó a Joe Atkins.
Tenemos la grabación, Mercy. Confesó que fue ella quien le clavó el cuchillo que lo mató.
Cain la miró, parpadeando para contener las lágrimas y meneando lentamente la cabeza.
—Todo esto es… es…
—¿Demasiado para poder procesarlo?
Cain asintió con semblante afligido.
Blum se sentó junto a ella.
—Por supuesto que lo es, Mercy. ¿O prefieres que te llame El?
—¿Mercy es mi verdadero nombre?
—Sí. Mercy Pine.
—Pues entonces… eh… Mercy está bien.
—Seguro que ahora mismo hay un millón de preguntas dando vueltas por tu cabeza, y no quiero añadir más presión a tu carga. Pero hay algunas cosas que es absolutamente necesario que sepas.
—¿Como cuáles?
—Ahora mismo hay otros agentes del FBI en el hotel. Han venido a interrogar a tu hermana acerca de Tim Pine. Pero no saben nada de que tú estás aquí.
—¿Tim Pine? —dijo Mercy frunciendo el ceño.
—Tu hermana y tú creíais que era vuestro padre biológico, pero no es así.
Vuestro padre es otro hombre, aunque fue Tim quien os crio junto con vuestra madre hasta que te secuestraron cuando tenías seis años.
Todo el mundo creía que se había suicidado, pero ahora sabemos que no es verdad.
El FBI ha confirmado que el cadáver que se pensaba que era el de Tim es en realidad el de Ito Vincenzo.
—¿El tipo que me secuestró?
—Sí.
—Wanda me contó que el hombre estaba relacionado con la mafia o algo así y que quería vengarse de mi madre.
—Te secuestró a ti y luego, años más tarde, intentó matar a Tim Pine. Solo que, en vez de eso, fue él quien mató a Vincenzo. El cadáver fue identificado como el de Tim por tu madre y por un amigo. Y entonces Tim desapareció.
—Santo Dios… —dijo Mercy, dejando escapar todo el aire de los pulmones.
Blum le dio unas palmaditas en el hombro.
—Sé que te estoy soltando un montón de información de golpe. Pero mi objetivo ahora es mantener al FBI alejado de ti, porque no estoy segura de cómo podría acabar la cosa.
—¡Pero has dicho que Desiree ha confesado que ella mató a Joe Atkins! —exclamó Mercy—. ¿No me deja eso a mí libre de culpa?
—Desiree ha confesado, pero el FBI aún no lo sabe.
La grabación con la confesión está en el móvil de tu hermana.
Y eso, como has dicho, te dejará libre de culpa.
El problema ahora mismo es que tenemos el móvil, pero no manera de entrar en él.
Por eso prefiero mantenerte alejada de los federales hasta que hayamos encontrado a la agente Pine.
—¿Has dicho que la han secuestrado?
—Sí, dos hombres se la llevaron del hotel anoche.
Existen dos posibilidades: o bien trabajan para Desiree, que también se dedica al tráfico de drogas, e intentan usar a la agente Pine para forzar su salida de prisión; o bien están relacionados de algún modo contigo y se la llevaron para sacarle todo lo que sabe sobre ti.
—Pero ¿por qué iban a ir a por mí?
—No lo sé. ¿Tienes algún enemigo? ¿Hay alguien que te esté buscando?
—No creo que tenga enemigos que capturen a una agente del FBI para llegar hasta mí. A ver, no soy tan importante. Llevo una vida bastante normal. No tengo amigos… ni tampoco enemigos, la verdad.
—Entonces puede que haya sido cosa de Desiree. Debe de estar trabajando con gente muy peligrosa.
—¿Cómo has sabido que estaba aquí?
—La agente Pine te vio ayer en el gimnasio, aunque en ese momento no sabía que eras tú. —Miró la cabeza de Mercy—. Ella aún no sabía que te habías rapado. Después habló con Wanda Atkins. Y esta le contó que te había dado el número de Desiree cuando fuiste a verla.
—Lo utilicé para rastrear su paradero.
—Sí, eso fue lo que pensamos. Cuando la agente Pine le pidió a Wanda que le describiera qué aspecto tenías ahora, cayó en la cuenta al instante de que tenías que ser la mujer que había visto en el gimnasio.
Pero cuando llegó, tú ya no estabas. Y cuando conseguimos averiguar el número de tu habitación, ya te habías marchado.
—Sí, me marché. Pero luego decidí volver. Me había gastado mucho dinero en la habitación y pensé… pensé que debería al menos aprovechar la noche.
—Yo habría hecho lo mismo —dijo Blum en tono afable.
—¿Tienes alguna idea de adónde podrían haberse llevado a Lee? —preguntó Mercy.
—No, solo tenemos el testimonio de un empleado que afirma haber visto cómo dos hombres salían con ella del hotel. Le ha dado la descripción al FBI, que ahora está trabajando con la policía local. Pero no creo que tengan pistas suficientes para llegar muy lejos.
—¿Y esa fotografía mía que ha salido en televisión?
—La agente Pine hizo que emitieran el aviso. Averiguamos dónde te habían tenido encerrada y vimos la última cinta que había grabado Joe Atkins. De ahí salió la imagen.
—Entonces ¿fue realmente Desiree quien lo mató?
—Sí. Al parecer Joe iba a dejar que te marcharas, pero Desiree no pensaba consentirlo. Lo acuchilló y luego decidió huir. Len y Wanda la ayudaron a escapar.
Mercy meneó la cabeza.
—Resulta que descubro que tengo una hermana gemela y que hemos estado a punto de encontrarnos, y ahora es a ella a la que han secuestrado. Como me ocurrió a mí hace tantos años. ¿Puede haber una situación más rocambolesca?
—La verdad es que no —admitió Blum en voz baja.
Mercy fijó en ella la mirada.
—¿Me… me parezco a ella?
—Tú eres unos centímetros más alta, y ella tiene el pelo largo y oscuro. Pero la cara y los ojos… sois prácticamente idénticas. Clavaditas.
Mercy asintió y volvió a bajar la cabeza.
—¿Y cómo vamos a encontrarla?
—No estoy segura.
—Si Desiree está metida en esto, debe de saber quién se la ha llevado.
—Sí, pero está en prisión.
—Entonces vayamos a verla allí. Llevo muchos años esperando para hablar con Desiree. —Alzó la vista hacia Blum—. No tenemos nada que perder, ¿no?
—No. —Blum intentó sonreír, pero la sonrisa no alcanzó a sus ojos, ya que la idea no le hacía ninguna gracia.
Mercy se levantó y sus grandes manos se cerraron en puños.
—Pues vámonos.