El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 43
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Capítulo 43

Pine se topó con Blum en el vestíbulo.

—Iba a salir a dar un paseo antes de acostarme. ¿Qué ocurre? —preguntó al ver la expresión alterada de su jefa.

Blum la siguió mientras Pine la informaba rápidamente de que era muy probable que Mercy estuviera en el hotel, y también de que el agente especial Drew McAllister vendría al día siguiente para interrogarla.

—¿De verdad crees que tu hermana era la que estaba en el gimnasio? Sería una enorme coincidencia, ¿no?

—La descripción que me ha dado Wanda encaja a la perfección con la mujer que he visto. ¿Y cuántas Eloise de más de metro ochenta pueden alojarse aquí?

Llegaron a la habitación 404. Pine respiró hondo y llamó a la puerta con mano temblorosa. No se oyó nada en el interior. Volvió a llamar.

Pine se inclinó hacia la puerta.

—¿Mer… Eloise Cain? Soy… —De pronto se quedó paralizada, sin saber muy bien cómo continuar.

—¡Es tu hermana, Atlee Pine! —gritó Blum.

Pine se la quedó mirando un momento con los ojos muy abiertos, antes de darle las gracias con una débil sonrisa. No obstante, siguió sin oírse nada dentro.

Acercó la tarjeta al lector y abrió la puerta. Entraron y Pine encendió las luces.

—¿Mercy? Soy Atlee. ¡Mercy! Soy tu hermana, Lee.

La cama estaba hecha. No vieron nada extraño en la habitación. En el suelo del cuarto de baño había un par de toallas mojadas.

—El recepcionista ha dicho que se ha registrado hoy y que solo se iba a quedar una noche —dijo Pine.

—Podría haber salido a dar una vuelta, pero no hay maleta ni nada que pueda ser suyo. ¿Crees que podría haberse marchado ya? Aunque, si lo hubiera hecho, el recepcionista te lo habría comentado.

—Si ha venido buscando a Desiree, seguramente habrá descubierto ya que la han arrestado y que está en prisión, de modo que no tendría manera de poder verla.

Puede que se haya marchado sin molestarse en pasar por recepción.

—Pine se plantó en medio de la habitación y se pasó una mano por la cara—.

Joder… No puedo creer que haya pasado junto a mi hermana y no la haya reconocido.

—Por Dios, agente Pine, hace treinta años que no la ves. Ella tampoco te reconocería.

—Pero somos gemelas, Carol. Maldita sea, debería haber sentido…

—¿Qué? ¿Una punzada, un hormigueo? La cosa no funciona así, agente Pine. Ha sido una coincidencia asombrosa que Mercy se alojara en el mismo hotel. Y solo ha sido mala suerte que no la reconocieras. No podías haber hecho nada.

Pine se acercó a la ventana y miró afuera. De pronto se le ocurrió una idea.

—El hotel no cuenta con servicio de aparcacoches, tienes que aparcar por ti mismo. Pero seguro que hay alguna cámara de seguridad.

Regresaron a toda prisa a la recepción, donde el joven de antes estaba de pie tras el mostrador.

Al ver acercarse a Pine, empezó a fruncir el ceño.

Se metió a toda prisa en un cuarto que había detrás y, poco después, salió una mujer mayor que mostraba también una expresión ceñuda y una actitud defensiva.

—¿En qué puedo ayudarles? —preguntó con rigidez.

Pine sacó su placa.

—Soy del FBI. Necesito saber si tienen cámaras de videovigilancia en el aparcamiento.

—¿Y por qué necesita saberlo?

—Porque intento localizar a una huésped que se aloja aquí. No está en su habitación y puede que acabe de marcharse hace poco. Tengo que ver si su coche o ella salen en las grabaciones.

—¿Tiene una orden de registro?

—¿Y para qué la necesito? —preguntó Pine—. No le estoy pidiendo registrar ninguna habitación.

—Por lo visto ya lo ha hecho, o eso me ha contado mi compañero.

Las cámaras de videovigilancia también son una especie de registro.

Es una invasión de la privacidad, no solo la de la persona que dice estar buscando, sino también la del resto de nuestros clientes.

De modo que, sin orden de registro, no hay grabación de seguridad.

—Parece usted una abogada —dijo Pine, impresionada por la argumentación de la mujer, aunque también frustrada por su negativa.

—Durante veinte años fui asistente legal de uno de los mejores abogados criminalistas del estado.

—¿Y entonces por qué está trabajando aquí?

—Si quiere saberlo, le diré que el abogado murió y yo perdí mi trabajo. Y por lo visto soy demasiado mayor y demasiado cara para que vuelvan a contratarme como asistente legal —respondió con amargura.

—Bueno —intervino Blum—, está claro que esa gente es estúpida y no sabe lo que se hace.

La supervisora la miró.

—¿Usted también es del FBI?

—Sí.

Ahora la mujer pareció impresionada. Pine casi podía ver cómo giraban los engranajes de su cerebro.

—Bueno, es todo un… avance.

Blum sonrió con aire cómplice.

—Sí, lo es. Pero necesitamos avanzar mucho más. Creo que ambas lo sabemos.

La supervisora se la quedó mirando un rato, antes de girarse de nuevo hacia Pine.

—Aun así, me temo que no puedo hacer lo que me pide sin seguir el procedimiento legal de rigor.

Pine trató de calmarse, apoyó los codos en el mostrador y miró a la mujer con una expresión en la que se mezclaban la desesperación y la extenuación anímica.

—¿Cambiaría algo si le dijera que esa mujer es mi hermana gemela? ¿Y que no la veo desde que tenía seis años y la secuestraron de nuestra casa en Georgia?

La mujer retrocedió un paso y las miró con gesto inquisitivo.

—¿Es eso verdad?

—Nunca podría inventarme algo así. —Usando el móvil de Blum porque se había dejado el suyo en la habitación, Pine le mostró la imagen de Mercy que aparecía en el aviso emitido por el FBI—.

Esta es mi hermana en el momento en que se liberó después de años de cautiverio en lo que fue un infierno en vida.

Y ahora creo que se encuentra en este hotel.

Nunca he estado tan cerca de ella en treinta años.

—Pine le devolvió el móvil a Blum y añadió en tono suplicante—: ¿Puede ayudarme, por favor?

Si tengo que esperar a la orden de registro, hará mucho que se habrá marchado.

Puede que esta sea mi única oportunidad.

La mujer procesó toda aquella información durante un momento que pareció prolongarse una eternidad. Al final asintió.

—¿Les apetece una visita guiada por nuestra sala de control?

Es algo que a veces ofrecemos a nuestros clientes para que comprueben cómo nos preocupamos por su seguridad.

Incluso puedo pedirle a alguien del personal que les muestre algunas imágenes grabadas hoy en el aparcamiento, digamos…

¿sobre la hora en que su hermana se registró en el hotel?

—Gracias —dijo Pine con una sonrisa de alivio—. De verdad, muchas gracias.

—Yo también tengo hermanas —dijo la mujer en tono comedido.