El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 32
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Capítulo 32

—Nos hemos puesto en contacto con la familia de Gail, agente Pine —dijo el ayudante del sheriff Tate Callum.

Pine y Blum estaban en la oficina del sheriff del condado de Buncombe, en Asheville. La magullada Atkins se encontraba en el centro de detención del condado, situado más abajo en la misma calle, tras haber sido arrestada y acusada formalmente.

Callum no andaría lejos de los cuarenta, en buena forma, con una actitud enérgica y unos ojos azules coronados por un pelo rubio muy corto. Estaba al frente de la investigación de los crímenes de Desiree Atkins con jurisdicción en Carolina del Norte.

—Me contó que sus padres murieron de sobredosis —dijo Pine.

Callum asintió pensativo.

—Es verdad, pero hemos encontrado a unos tíos de la chica. Al parecer no disponían de medios para hacerse cargo de ella cuando sus padres murieron, pero ahora están mejor y quieren que vaya a vivir con ellos. De hecho, van a venir a buscarla.

—Es una noticia magnífica —dijo Blum.

—¿Y qué va a pasar con Desiree Atkins? —preguntó Pine—. O Dolores Venuti, como se la conoce por aquí. —Ya había puesto a Callum al corriente de la verdadera identidad de Atkins y de que se la buscaba como sospechosa de asesinato en Georgia.

—En cuanto consiga un abogado y este vea las pruebas que hay en su contra, probablemente querrá llegar a un acuerdo.

Pero es que aún hay más. Mis hombres están en su tienda ahora mismo y han informado de lo que acaban de encontrar.

Por si el secuestro y retención de Gail no fuera suficiente, han descubierto evidencias de lo que parece ser una operación de distribución de drogas en un cuarto secreto del local.

Supongo que el negocio del ocultismo no le daba suficiente dinero.

Entre una cosa y otra, se enfrenta como mínimo a una condena de entre veinte años y cadena perpetua.

Y eso sin contar los cargos a los que podría enfrentarse por lo que me has contado de Georgia. Mañana llamaré a la gente de allí.

—¿Podemos ver a Gail?

—Claro. Si no hubiera sido por vosotras, no estoy seguro de qué habría sido de ella. Sé que ha pasado por mucho, pero está demostrando mucho coraje.

Callum las condujo hasta un pequeño despacho, donde Gail estaba sentada comiendo un sándwich con patatas de bolsa, y para beber, una botella de agua. Tenía un vendaje en la cabeza, que cubría el lugar donde Atkins le había golpeado con la pistola.

El ayudante del sheriff se marchó y Pine y Blum se sentaron enfrente de la muchacha.

—¿Qué tal la cabeza? —le preguntó Blum.

—Bien. —Sonrió débilmente y se frotó la zona del golpe—. Dolores me ha pegado mucho más fuerte que esto.

—Nos hemos enterado de lo de tus tíos —dijo Pine—. Es una noticia estupenda.

—Sí, supongo.

—¿Tienes buena relación con ellos?

—No vivían cerca de nosotros. Creo que por eso me enviaron a hogares de acogida. Pero tienen una hija de mi edad, Sarah, y antes nos llevábamos muy bien.

—Fue muy valiente lo que hiciste —dijo Pine—. Nos salvaste la vida a las tres.

Gail dejó el sándwich y dio un trago de agua.

—No podía creer que fuera a abandonarme así sin más. Me enfadé mucho. Después de todo lo que he hecho por ella.

Pine y Blum intercambiaron una mirada nerviosa.

—Dolores no es una buena persona, Gail —dijo Blum—. Vas a estar mucho mejor sin ella. Así que tienes que olvidarla. No merece la pena que pienses más en ella. De verdad que no.

—Eso lo entiendes, ¿verdad? —añadió Pine.

Gail levantó la vista hacia ella.

—Es que no quiero volver a quedarme sola. Me da mucho… miedo.

—No estarás sola. Aunque, después de todo lo que has pasado, vas a necesitar ayuda psicológica.

—¿Ayuda psicológica? —Gail pareció muy asustada.

—De una persona que está preparada para ayudar a gente que ha pasado por situaciones muy malas en su vida.

Lo único que hará esa persona será hablar contigo, Gail.

Y tú también podrás contarle tus… cosas.

Todo eso te ayudará a superar una experiencia tan terrible y a seguir adelante con tu vida con una actitud positiva.

—Ah, vale. —Siguió mordisqueando su sándwich, aunque no parecía muy convencida con todo el asunto.

—Y, como has dicho, tienes una prima de tu edad. Podéis criaros como hermanas. Lo pasaréis muy bien juntas. Y siempre tendrás a alguien con quien hablar de todo y compartir vuestras cosas.

Gail pareció intrigada ante esa posibilidad.

—Nunca había pensado en eso. ¿Tú tienes una hermana?

Pine respondió muy despacio:

—Sí, la tengo. De hecho, tengo una hermana gemela. Es algo… fantástico. Ella era… es mi mejor amiga.

Gail sonrió.

—Eso suena genial. Una gemela. ¿Y sois idénticas?

—Esto… eh, creo que ahora probablemente podrías distinguirnos.

—Ya.

Pine le entregó una tarjeta.

—Esta es mi información de contacto. Por favor, llámame siempre que quieras. Te lo digo en serio, ¿vale?

Pine y Blum abrazaron a la chica y luego se marcharon.

—¿Crees que estará bien? —dijo Blum.

—Ahora mismo es difícil saberlo. Solo ha estado seis meses con Desiree, así que puede que el daño no sea irreversible. Pero ha pasado por mucho para ser alguien tan joven. Seguramente necesitará tiempo para superarlo.

Mientras recorrían el pasillo, Blum le preguntó:

—¿Estás bien?

—Lo estaré. Si encuentro alguna vez a mi hermana.

—¿Y si no la encuentras?

—En estos momentos no pienso en esa posibilidad.

—Bueno, ¿y qué vamos a hacer ahora?

—Tenemos que volver a hablar con Desiree, espero que por última vez.