El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 17
22%

Capítulo 17

—Estaba mintiendo —dijo Pine mientras se alejaban en el coche.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Blum.

—Desiree nunca se marcharía y les dejaría todo el dinero de la venta de la casa y de las cuentas bancarias.

Si iba a empezar de cero en otro sitio, necesitaría contar con recursos.

Apuesto a que Wanda sabe dónde está y a que sigue en contacto con ella para avisarla en caso de que alguien como nosotras se presente haciendo preguntas.

Y creo que la escopeta de Joe era la misma que Len utilizó para proteger el cuerpo de su hijo aquella noche.

—Si tienes razón, ¿qué vamos a hacer al respecto?

Pine miró por el retrovisor.

—Si están en contacto con ella, nuestra visita debe de haber alterado mucho a la buena de Wanda. De hecho… —Paró de pronto a un lado de la calzada, puso el Porsche en punto muerto y dijo—: Enseguida vuelvo.

Bajó del coche y regresó a toda prisa en dirección a casa de los Atkins.

Antes de llegar, cruzó a través de una pequeña arboleda para acercarse a la propiedad por detrás.

Saltó la alambrada y se dirigió hacia la parte trasera de la casa, donde había una ventana abierta con mosquitera que daba a la cocina.

Al asomarse para mirar, Pine tuvo que agacharse rápidamente.

Wanda entró en la cocina con aspecto pálido y angustiado.

Justo enfrente de donde estaba Pine, había un teléfono fijado a la pared.

Tenía un teclado con números grandes para la gente con problemas de visión.

Wanda fue hasta él. Pine sacó su móvil y, tras activar la función de vídeo, lo sostuvo contra la mosquitera y amplió la pantalla sobre las cifras del teclado.

La anciana cogió una pequeña agenda, la abrió y entornó los ojos mientras buscaba un número.

Entonces se puso las gafas y, muy despacio, fue tecleando los dígitos que iba leyendo de la página.

Cuando acabó de marcar, esperó. Pine mantenía el vídeo en funcionamiento y también escuchaba a través de la mosquitera.

Por suerte, la mujer estaba de espaldas a ella.

—Soy yo, Wanda —dijo Atkins al auricular—.

¿Que por qué llamo? Te diré por qué llamo.

El FBI ha estado aquí. Sí, el FBI ha estado aquí haciendo preguntas sobre Becky.

Eso mismo. Becky. Saben todo lo que Joe y tú hicisteis.

Y la están buscando a ella… ¡y a ti también!

Saben que estás viva y cómo huiste aquella noche.

En ese punto, Wanda bajó mucho la voz y casi no habló, se limitaba a asentir con la cabeza. Pine se guardó el móvil, volvió sobre sus pasos y, poco después, estaba de vuelta en el Porsche.

Le contó a Blum lo sucedido y le pasó el móvil.

—Saca el número de ahí, llama a la Agencia y pídeles que averigüen a nombre de quién está registrado. Que te den también la dirección.

Blum se puso manos a la obra y al cabo de unos minutos colgó.

—Están trabajando en ello. Dicen que el prefijo corresponde a un número de la parte oeste de Carolina del Norte.

—Muy bien, es un comienzo. Si nos proporcionan el nombre actual de Desiree, que sin duda está utilizando un alias, y una dirección, seguro que podremos hacer avances en la investigación.

—¿Qué crees que puede contarnos?

—Para empezar, lo que ocurrió en realidad aquella noche.

—Pero Desiree no tiene ninguna razón para contar la verdad. Y probablemente, por injusto que sea, lo que le hizo a Mercy ya habrá prescrito.

—El asesinato no prescribe.

—¿Asesinato? ¿Te refieres al de Joe?

—Puede que no solo el de Joe. En el vídeo de la noche que escapó Mercy se oyen disparos. Pero Joe no tenía ninguna herida de bala.

—Entonces ¿crees que…?

—Tengo que contemplar cualquier posibilidad, incluyendo también que Desiree matara a Mercy esa noche y que por eso huyera. Todo lo que hemos descubierto acerca de esa mujer apunta a que es una sociópata.

—Supongo que… es factible.

—Pero, insisto, no es más que una posibilidad. No tiene por qué ser verdad.

Mientras Pine metía la marcha y arrancaba de nuevo, su móvil empezó a vibrar. Era Jack Lineberry.

—¿Jack?

—Atlee, ha ocurrido algo. —Sonaba muy alterado.

—¿Qué?

—Oh, Dios mío… —exclamó.

—Escúchame. Respira hondo varias veces y cálmate.

Lineberry ignoró su consejo y ella también lo olvidó en cuanto él siguió hablando.

—La policía acaba de estar aquí.

—¿Qué policía?

—La estatal de Georgia y un inspector de Virginia.

—¿De Virginia? ¿Y qué querían?

—El cuerpo que estaba enterrado en la tumba de tu padre ha sido identificado como el de Ito Vincenzo.

—Bien, eso no es ninguna sorpresa.

—Ya, Atlee, pero ahora saben que mentí al identificar el cuerpo como el de Tim Pine. Creo que van a arrestarme por obstrucción a la justicia en una investigación por homicidio.

—¿Investigación por homicidio? ¿De qué diablos estás hablando?

—Cuando les he explicado que Tim me llamó y me contó lo que había pasado, me han preguntado si tenía alguna prueba fehaciente de que Tim hubiera matado a Vincenzo en defensa propia. Que cómo podía estar tan seguro de que no lo había asesinado.

—¿Y qué les has dicho?

—¿Qué podía decirles? Que no tenía ninguna prueba.

Que solo sabía lo que Tim me había contado.

¿Y el hecho de que Tim hubiera desaparecido y que Vincenzo hubiera sido enterrado en su lugar?

Está claro que a la policía le ha parecido muy sospechoso.

Y han dicho algo sobre que ahora es un fugitivo de la justicia.

—¿Saben toda la historia acerca de mis padres y los capos de la mafia? Eso les haría comprender por qué Vincenzo habría querido matar a Tim.

—Es evidente que no lo saben. Y, legalmente, todavía no estoy autorizado a revelar nada al respecto. Pero, dependiendo de cómo vaya la cosa, todo podría acabar saliendo a la luz.

—¿Te han dicho lo que pensaban hacer?

—Han dicho que van a emitir una orden de arresto contra Tim Pine. Van a por él, Atlee. Por Dios, después de tantos años…

Pine solo pudo quedarse mirando a través del parabrisas, anonadada por completo.

«Vaya, esto sí que no lo había visto venir».