Capítulo 2
Pine miró a Carol Blum. Ya en la sesentena, madre de seis hijos adultos y empleada veterana de la Agencia, Blum se había convertido en una especie de madre subrogada para la agente federal, ocupando en cierto modo el lugar de aquella que la abandonó.
Blum devolvió una mirada llena de determinación a su jefa, que tenía las manos hundidas en los bolsillos de los vaqueros y cuyas facciones mostraban un ceño que parecía que no le cabía en la cara.
—¿Cuánto tiempo tardarán en averiguar si se trata de Ito Vincenzo? —preguntó Blum.
—Esperemos que un par de días como mucho. Les he dado muestras de su ADN.
—¿Y de dónde las has sacado?
—De los cuerpos de su hijo y de su nieto. En estas circunstancias, no hay nada más seguro que una coincidencia genética con alguien de la familia.
—Sí, claro —se apresuró a responder Blum—. Es la única manera de averiguar si en esa tumba se enterró a alguien relacionado directamente con la familia Vincenzo.
Regresaron al coche y se pusieron en marcha.
—¿Y ahora qué? —preguntó Blum.
—Disponemos de algo de tiempo. La Agencia nos ha concedido un periodo de excedencia oficial.
—Es lo menos que podían hacer, después de que tú y el agente Puller resolvierais ese caso en Nueva York.
John Puller era un investigador militar que había colaborado con Pine para acabar con una red de chantaje cuyos tentáculos alcanzaban a las más altas instancias de las estructuras de poder del país.
Mientras trabajaban en el caso, Puller recibió un disparo, aunque estaba en proceso de recuperarse por completo.
—Tú también estuviste metida en todo aquello, Carol. Y casi te acaban matando porque yo la cagué.
—También me salvaste la vida.
—Después de haberte puesto en peligro innecesariamente —replicó Pine. Mientras salían del cementerio, añadió—: Si Mercy ve el anuncio de servicio público, quizá aparezca. Eso sería lo ideal.
—¿Y si no lo hace?
—Entonces podría ser que… ya no estuviera viva. —Pine lanzó una mirada a Blum—. He aceptado esa posibilidad, Carol. Hace ya mucho tiempo. Sé que Mercy estaba viva cuando escapó de los Atkins, pero pueden haber pasado muchas cosas desde entonces.
—Y no parece que esa pareja hiciera mucho por…, bueno, por educarla o… —La voz de Blum se fue apagando, y dirigió a su jefa una mirada llena de incertidumbre.
—No lo adornemos: parecía una persona desequilibrada —dijo Pine muy despacio—.
No estoy segura de cómo podría manejarse por sí sola en sociedad, al menos en la sociedad convencional.
Y a la gente que vive en los márgenes y sin recursos la pueden explotar sin problemas.
—Miró por la ventanilla y añadió con voz apagada—: La persona que vi en ese vídeo… era presa fácil.
—Pero también se veía una persona resiliente y llena de recursos, agente Pine. Mira cómo sobrevivió a los Atkins, cómo utilizó su ingenio para burlarlos y escapar.
—Joe Atkins acabó muerto —repuso Pine—, con un cuchillo clavado en la espalda.
—Y ya te he contado lo que siento al respecto. El tipo se lo merecía.
—No te llevaré la contraria en eso, Carol. Pero lo que digo es que, si Mercy realmente lo mató, si es una persona violenta, la vida no habrá sido muy amable con ella. Y puede que haya hecho más cosas.
—¿Crees que podría haber hecho daño a más gente?
—O, lo que es más probable, que haya sido víctima de violencia —dijo Pine.
—Lo cual me lleva de nuevo a mi pregunta inicial: ¿qué hacemos ahora?
—La última vez que se la vio fue cerca de Crawfordville, Georgia. Se escapó aquella noche, o por lo menos eso es lo que parece.
—¿Qué quiere decir que «parece»? —preguntó Blum.
—Nunca se encontró a Desiree Atkins. Lo cual nos plantea, al menos, tres escenarios posibles. —Pine los fue contando con los dedos—. Desiree mató a su marido y huyó. Mercy la mató a ella y huyó. O Desiree mató a Mercy y huyó.
—¿Por qué iba a matar Desiree a su marido?
—Por lo que sabemos de ella, era una sádica, una perturbada. En el vídeo se oyen disparos, y supusimos que era Joe disparando a Mercy. Pero ¿y si era Desiree la que tenía la escopeta y la que disparó? ¿Y si Joe trató de detenerla? ¿Y si consiguió arrebatarle el arma, pero luego ella lo acuchilló?
—Entonces ¿piensas que Joe podría haber querido que Mercy escapara? No lo entiendo. Cuando la verdad saliera a la luz, tanto él como Desiree se verían metidos en problemas muy serios.
—Estoy diciendo que es posible, no probable.
Desiree podría haber matado a Mercy; entonces Joe se puso nervioso y quiso llamar a la policía, así que ella lo acuchilló y huyó llevándose el cadáver de Mercy.
Solo que le habría resultado muy difícil cargar con el cuerpo hasta la camioneta de Joe.
Desiree era muy menuda, y Mercy parecía medir más de metro ochenta y pesar treinta kilos más que ella.
Y tras descubrir lo que había ocurrido, llevaron a perros para rastrear toda la zona.
No se encontró ningún cuerpo enterrado en aquel lugar.
De modo que esa opción queda descartada.
Pero ¿y si Joe ayudó a Desiree a deshacerse del cuerpo de Mercy, y luego le entró el miedo y se arrepintió?
¿Y entonces Desiree le clavó el cuchillo en la espalda?
Blum reflexionó al respecto.
—O, como has dicho antes, puede que Mercy los matara a ambos. Dejó el cuerpo de Joe y quizá se llevó el de Desiree para enterrarlo en algún sitio lejos de allí.
—Es posible. Pero eso implicaría que Mercy tendría que haber conducido la camioneta.
—Seguramente se las apañaría para hacerlo —señaló Blum.
Pine negó con la cabeza.
—La camioneta era de marchas. No conozco a nadie, sobre todo a nadie que haya estado encerrado durante años en una cueva y nunca haya intentado conducir un vehículo, que sepa cómo hacer funcionar un embrague.
Y mucho menos en unas condiciones tan angustiosas.
Y tampoco creo que los Atkins la hubieran enseñado a hacerlo.
—¿Qué quieres decir?
—Lo que intento decir, Carol, es que creo que Desiree se marchó esa noche en la camioneta, pero que lo hizo sola.
—Porque todo había saltado por los aires, ¿no?
Pine asintió.
—Sí. Así que, para responder a tu pregunta de qué vamos a hacer ahora, creo que debemos volver a Georgia para ver si podemos seguir de algún modo ese rastro que está ya muy frío, casi extinguido.
—¿Y qué hay de Jack Lineberry? ¿Te pasarás a verlo cuando estemos en Georgia?
Pine no respondió a eso.
Tenía sentimientos encontrados respecto a su padre biológico.
Su último encuentro había sido desastroso.
Y no tenía esperanzas de que el siguiente fuera mucho mejor.
Pero, al fin y al cabo, la culpa había sido de él, no de ella.
Era lo que solía pasar cuando todo lo que salía de tu boca era pura mentira.