El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 1
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El desafío final (Atlee Pine 4)

El desafío final (Atlee Pine 4)

Por David Baldacci

© inepub.com

Capítulo 1

Atlee Pine observaba cómo lentamente, centímetro a centímetro, el maltrecho ataúd era izado hasta la superficie desde la fosa donde llevaba enterrado cerca de dos décadas.

Se suponía que ni los ataúdes ni los cuerpos debían ser exhumados del lugar donde reposaban.

Que deberían permanecer allí donde habían sido depositados, al menos hasta que un sol moribundo desatara su ira a través del espacio y acabara con toda la vida sobre el planeta.

Para Pine, era como si hubiera llegado ese día.

«De hecho, lleva siendo así todo el año».

Miró a un cuervo negro que, posado en la rama de un pino de aspecto enfermizo que se alzaba cerca de la fosa abierta, graznaba de forma estridente. El pájaro, que parecía pensar que iban a entregarle su comida en una fiambrera, empezaba a impacientarse.

«Tranquilo, yo llevo esperando treinta años», pensó Pine.

Atlee Pine era agente especial del FBI. Medía metro ochenta descalza y tenía un cuerpo musculoso, tras años de entrenamiento de alta intensidad con pesas, primero en busca de la gloria deportiva y en la actualidad para sobrevivir a las rigurosas exigencias de su profesión.

Algunos se pasaban toda su carrera con el culo plantado frente a una pantalla de ordenador o «supervisando» a los agentes sobre el terreno. Pine no era de esa clase de federales.

Su puesto habitual estaba en Arizona, cerca del Gran Cañón.

Había una gran extensión de territorio que cubrir y ella era la única agente destinada allí.

Pero Pine lo prefería así. Odiaba la burocracia y a todos los chupatintas que se desvivían por cumplir el rígido montón de normas que no te ayudaban a llegar más rápido a donde querías.

Desde luego, no a atrapar a los malos, que para ella era lo más importante de su profesión.

Actualmente se encontraba en Virginia, trabajando en un asunto personal. Aquella era la única oportunidad que tenía de poner en orden su vida.

Junto a ella estaba su ayudante administrativa en la Agencia, Carol Blum.

Pine y Blum estaban buscando a la hermana gemela de la primera, Mercy Pine, a la que secuestraron del dormitorio que ambas compartían en Andersonville, Georgia, cuando las pequeñas tenían solo seis años.

Pine había estado a punto de morir a manos del secuestrador, y solo había sobrevivido gracias a una combinación de pura suerte y, suponía, su absoluta determinación a no morir.

No había vuelto a ver a Mercy desde entonces.

Aquel suceso había destrozado a la familia Pine y seguía siendo el momento más traumático y crucial de su vida.

Pine había conseguido rastrear el paradero de su hermana hasta un lugar cerca de Crawfordville, en el condado de Taliaferro, el más rural y menos poblado de todo el estado de Georgia.

Allí habían dado a la pequeña Mercy el nombre de Rebecca Atkins y la habían mantenido como prisionera hasta que logró escapar muchos años atrás.

Pero ahora el rastro estaba más frío que la cámara frigorífica de una morgue.

A Joe Atkins, uno de sus captores, lo habían encontrado muerto el día después de que Mercy lograra escapar.

Su mujer, Desiree, desapareció también en esos días.

Por otra parte, Pine había conseguido averiguar que el secuestrador de Mercy fue un hombre llamado Ito Vincenzo.

Era el hermano de Bruno Vincenzo, un sicario de la mafia que buscaba vengarse de la madre de Pine, Julia.

Esta había actuado como topo para el gobierno en una operación encubierta para acabar con varias familias mafiosas del Nueva York de los años ochenta.

A los miembros de esas organizaciones criminales no les hizo ninguna gracia que los trincaran.

Y no se quedaron de brazos cruzados. La familia Vincenzo quiso hacérselo pagar con creces a la familia Pine.

Y, a instancias de su criminal hermano, Ito Vincenzo intentó destruir a los Pine, algo que consiguió ampliamente.

Hacía poco la Agencia había emitido un anuncio de servicio público utilizando una imagen de Mercy en el momento exacto en que había logrado liberarse del encierro en el que la tenían.

Pine esperaba que, si su hermana continuaba viva, al ver el anuncio se presentaría en alguna comisaría.

Sin embargo, eso no había ocurrido, así que Pine decidió seguir una pista diferente.

Hace mucho, su madre le había dicho a Atlee que su padre, Tim Pine, se había suicidado.

Más adelante, la agente descubrió que Tim no era su padre biológico.

Su verdadero padre era un hombre llamado Jack Lineberry.

Este resultó herido de gravedad en un ataque que iba dirigido contra ella, en el transcurso de una investigación paralela que no estaba relacionada con su pasado.

La revelación de que Lineberry era su padre dejó a Pine anonadada, pero lo que había averiguado recientemente la había conmocionado aún más si cabe.

Y esa era la razón de que estuviera ahora aquí.

«Sé que todas las familias son disfuncionales, pero la mía parece llevarse la palma de forma indiscutible en esa competición».

El ataúd llegó por fin a la superficie y, una vez fuera de la fosa, lo desplazaron hasta depositarlo sobre la hierba. Su carcasa metálica aparecía visiblemente dañada por el agua, así como por haber estado bajo tierra tantos años. Pine se preguntó si su contenido se habría visto igual de afectado.

Un equipo forense se acercó a toda prisa al ataúd, lo abrió enseguida y colocó los restos humanos de su interior en una bolsa para cadáveres.

Cerraron la cremallera y cargaron la bolsa en la parte trasera de una furgoneta negra, que se alejó a toda velocidad.

Pine creía saber quién había estado enterrado en aquella tumba.

Pero las suposiciones no eran suficientes, desde luego no para una agente del FBI, ni tampoco para una hija afligida; de ahí la exhumación.

La identificación mediante el ADN resultaría definitiva.

Eso revelaría sin lugar a dudas quién había ocupado el ataúd, aunque ella estaba más que segura.

Nunca había visitado esta tumba situada en la Virginia rural, por la sencilla razón de que su madre le mintió acerca del lugar donde supuestamente se había suicidado su padre.

Su madre también le dijo que a este lo habían incinerado y que ella misma se encargó de esparcir sus cenizas en algún paraje desconocido.

Todo mentiras. Por lo visto, todo el mundo le había estado mintiendo acerca de su pasado.

Ahora estaba convencida de que el hombre al que habían enterrado en esa tumba no era otro que Ito Vincenzo. Al parecer, este había descubierto el paradero de Tim Pine y se dirigió hasta allí para cobrarse su venganza. Aunque, al final, fue Ito Vincenzo quien acabó muerto.

A Pine también le habían hecho creer que sus padres se habían divorciado debido a las diferencias irreconciliables provocadas por el sentimiento de culpa que ambos arrastraban a raíz de la desaparición de Mercy.

Ahora sabía que su padre había fingido su muerte y que, poco después, su madre abandonó por voluntad propia a la única hija que le quedaba.

En realidad, Julia Pine había huido para reunirse con su exmarido, y juntos desaparecieron.

«Dejándome a mí completamente sola. Gracias, chicos. Habéis resultado ser unos padres magníficos».