Capítulo 31
A ilis no tuvo oportunidad de hablar con Keir al día siguiente, ni tampoco al otro.
El padre Lachlan había llegado ya a Wick y ella no había tenido oportunidad de confesarle sus sentimientos al hombre que amaba.
Porque lo amaba. Se había dado cuenta durante aquellas tres semanas de que lo que sentía por Keir era mucho más que amor.
Y se sentía frustrada por no haber tenido ni un solo momento a solas con él para confesarle aquellos sentimientos.
Keir pasaba gran parte de su tiempo con el joven Sloan.
Al parecer el pequeño le veía como a un héroe y siempre iba colgado de su pierna.
Y Keir parecía estar encantado con la compañía del pequeño.
Le había enseñado a montar a caballo, a disparar un arco y a pescar en el mar.
Se pasaba el día con él en las almenas contándole historias de sus batallas y para cuando Sloan se iba a dormir era tan tarde que Ailis ya se había marchado a casa.
Que Dios la perdonara, porque había empezado a odiar a ese pequeño diablillo por interponerse siempre en su camino.
Con la llegada de los Sutherland para la boda de Nara y Brody, la cosa no mejoró, sino más bien al contrario.
Los cinco hermanos se pusieron de acuerdo para construir una cabaña para ellos cerca del castillo, y la mayor parte del día se lo pasaban trabajando.
Cuando llegaba la hora de cenar estaban tan agotados que era raro el día que lo hacían en el comedor con los soldados.
Incluido Keir. A eso había que añadir los preparativos para la boda de Nara.
Teasagh la raptaba casi todas las tardes para preparar el ajuar de la joven con la excusa de que ella veía mal para coser.
Ailis había hecho con Nara las sábanas, los manteles y los paños de cocina.
Ella no entendía la prisa, porque la pareja había decidido quedarse en el castillo hasta que su casa estuviera lista, pero Teasagh siempre decía que no había que dejarlo todo para última hora, así que las dos muchachas habían terminado durmiendo con ella para poder empezar temprano en la mañana.
―Estás aquí.
Ailis se giró hacia la voz de su madre, que se acercaba por el camino.
―¿Teasagh te ha dejado por fin escapar? ―bromeó.
―Solo porque hoy es la boda ―rio ella―. Mañana debo volver, aún tenemos que terminar la colcha y las cortinas.
―Te aseguro que mañana Nara no saldrá de su habitación en todo el día. Tendréis que esperar a que tu hermano le permita escapar.
―¿Estás contenta con este matrimonio, madre?
―¿Tú no lo estás?
―¡Claro que sí! Siempre he querido que Nara fuera mi verdadera hermana. Estoy muy feliz por ellos, de verdad.
―Yo también estoy satisfecha con este matrimonio. Nara es una joven encantadora y sé que hará a tu hermano muy feliz.
Ailis suspiró pensando en su propia felicidad. ¿Cuánto más tendría que posponerla?
―Es hora de que tú también pienses en casarte ―dijo su madre sobresaltándola.
―La verdad es que desde que Brody y Nara decidieron casarse no he podido pensar en otra cosa.
―Hay muchos hombres guapos en la aldea desde que nuestro laird se instaló con sus soldados. ¿Qué me dices de Ryan? Parece que os lleváis bien.
―No es Ryan quien me interesa, madre.
―¿Quién es entonces? ¿Callum?
―Tu hija está enamorada de nuestro laird.
Ailis dio un respingo al escuchar la voz de su padre. Hasson se acercó a ellas y se sentó en los escalones de la entrada, junto a su madre, a quien besó con ternura.
―¿De veras te gusta nuestro laird? ―exclamó Dallis sorprendida.
―¿No te habías dado cuenta, mujer? ―bufó su esposo― Hasta yo lo he hecho.
―Pero...
―Deja que las cosas sigan su curso, mo ghràdh . Ambos son grandecitos para ocuparse de sus asuntos, ¿no te parece?
Hasson le guiñó un ojo a su hija, que le sonrió agradecida. No tenía tiempo de explicarle a su madre la situación, la boda empezaría en tan solo una hora y aún tenía que cambiarse el vestido.
―Debería lavarme un poco para la ceremonia ―dijo levantándose.
―¿Quieres que te ayude a peinarte? ―preguntó su madre.
―Te lo agradecería, tengo que lavarme el pelo también. Tantos días secuestrada han hecho que tenga un olor desagradable.
Madre e hija entraron en la cabaña y Hasson se encargó de cargar cubos de agua calentada en la fragua para llenar la tina de madera.
Dallis ayudó a su hija a lavarse el cabello con jabón de lavanda y se lo cepilló frente al fuego hasta que estuvo sedoso y brillante.
Lo recogió en un moño adornado con trenzas y algunas flores secas, y la ayudó a vestirse también.
―Estás preciosa ―susurró al verla.
―No soy yo la novia ―rio.
―Pero quizás seas la próxima. Eres tan hermosa que estoy segura de que nuestro laird será incapaz de dejar de mirarte.
―Mamá...
―Tu padre dice que las cosas deben seguir su curso, pero no hacemos ningún mal si le damos un pequeño empujoncito, ¿no te parece?
―Claro que no ―sonrió ella.
―Me alegra que hayas superado la muerte de John, tesoro. Estaba tan asustada pensando en que nunca lo harías que...
Dallis tuvo que detenerse porque sintió un nudo en la garganta. Ailis la abrazó.
―John siempre tendrá un lugar en mi corazón, pero creo que Keir es el hombre de mi vida ―confesó.
―¿No te da miedo que sea un guerrero?
―Claro que me da miedo. Me da tanto miedo que cuando me confesó sus sentimientos hui sin mirar atrás.
―Ailis...
―Voy a enmendarlo ―la interrumpió―. De hecho llevo queriendo hacerlo mucho tiempo, pero no he tenido la oportunidad.
―Aprovecha esta noche, hija. Cuando la celebración esté llegando a su fin llévale a un aparte y háblale de tus sentimientos.
―Eso si sus hermanos le dejan a solas ―bufó ella.
―Pídeles que te dejen a solas con él. ¿Qué tan difícil puede ser eso?
―Si les pido eso te aseguro que será lo último que harán. Estarán espiando todo el tiempo para ver qué quiero decirle.
―¿Importa eso? Lo descubrirán de todas formas en cuanto regreséis al salón.
―Supongo que tienes razón.
―Hija, si dejas pasar el tiempo tal vez él crea que no estás interesada y busque a otra mujer con la que casarse. Escuché que tenía una novia en Dornoch que le rechazó. ¿Qué pasa si esa mujer se presenta aquí arrepentida de haberlo hecho?
―Ella ya está casada ―rio Ailis.
―Puede quedarse viuda en cualquier momento, o simplemente puede abandonar a su marido. Si no aprovechas la oportunidad otra mujer lo hará, no lo olvides.
Besó a su hija en la frente y tomó su capa de lana de encima de la cama.
―Tu padre y yo te veremos en el castillo ―dijo―. No llegues tarde.
Ailis asintió y vio a su madre marcharse.
En la entrada, su padre pasó el brazo sobre los hombros de su esposa y la besó con suavidad en los labios, a lo que ella respondió devolviéndole el beso con una sonrisa.
A pesar de todo lo que habían pasado, a pesar de las dificultades, seguían amándose como el primer día.
Eso era lo que ella quería para sí misma, y estaba segura de que con Keir lo encontraría.
––––––––
L a ceremonia fue preciosa y emotiva. La iglesia había sido adornada con acebo y bayas rojas, y las velas encendidas de daban un aspecto mágico.
Ailis no pudo dejar de llorar mientras el cura oficiaba el enlace, aunque se sintió como una tonta por hacerlo por un motivo tan feliz.
Su hermano se había casado con el amor de su vida, y parecía que con el matrimonio había madurado diez años.
Jamás había visto a Brody tan masculino y protector.
En aquel momento, mirando a la feliz pareja, se sorprendió de no haberse dado cuenta de lo mucho que se amaban.
Era tan evidente que había que estar ciego para no verlo.
Definitivamente ella lo había estado totalmente.
Durante todo el oficio sintió la mirada penetrante de Keir clavada en ella.
Sus ojos verdes la observaban con tal intensidad que habría terminado desvaneciéndose en el suelo de no estar sentada en el banco de la iglesia.
Apretó los dedos sobre el respaldo del siguiente banco y fijó su mirada al frente.
Aun así podía sentir esas dos esmeraldas ardientes taladrando su piel, y se estremeció.
―¿Tienes frío? ―susurró su madre a su lado.
―Estoy bien ―mintió.
Miró a Keir una vez más, y en cuanto la ceremonia terminó salió de la iglesia para dirigirse hacia el castillo.
Se encontró a Rhona y Mervin y se unió a ellos para no darle a Keir la oportunidad de estar con ella a solas.
Aún no podía enfrentarle, necesitaba estar calmada para poder confesarle sus sentimientos.
Las mesas del castillo estaban repletas de deliciosa comida: jabalí asado, patatas, zanahorias, remolacha y nabos, salmón, arenques, pan de centeno, manzanas, peras confitadas y para beber sidra especiada y vino caliente.
La celebración se alargó hasta bien entrada la madrugada.
No solo celebraban la boda de la hermana del laird, también celebraban Yule, y los habitantes de Wick lo hacían por primera vez desde que George fue nombrado jefe del clan.
Fue una noche mágica, llena de alegría, risas y diversión.
Ailis bailó con tantos soldados que terminó mareada, así que aprovechó un descuido para subir a las almenas con la intención de respirar un poco de aire fresco y despejarse.
La noche era fría y no tuvo ocasión de tomar su capa, así que se abrazó a sí misma para contrarrestar un poco el frío.
Sintió una cálida manta cubrir sus hombros y se volvió con una sonrisa para agradecer el gesto. Creyó que había sido Ryan, que era quien siempre se preocupaba por ella cuando estaba en aquel lugar, pero era Keir quien se encontraba a su lado, apoyado en la piedra mientras miraba las estrellas.
―Ryan me dijo que sueles venir aquí ―explicó.
―Es un lugar bastante tranquilo.
―¿Abrumada?
―Un poco. He bailado tanto que temo que mañana no sentiré mis pobres pies.
Keir sonrió, pero no dijo nada. Permanecieron un rato así, en silencio. Él estaba perdido en sus propios pensamientos, ella buscando una manera de declararle sus sentimientos.