El demonio Sutherland Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

―Un poco de ambos, creo. Déjame llegar al despacho, estoy muerto de frío y necesito una copa.

Subió al piso de arriba con su hermano pisándole los talones. Avivó el fuego de la chimenea, sirvió dos copas de whisky y se dejó caer en un sillón con un suspiro.

―¡Vamos, me tienes en ascuas! ―exclamó Tavish.

―Estábamos en la playa y hemos encontrado un lobo herido.

―¿Hemos? ―preguntó su hermano con la ceja arqueada.

―Estaba con Ailis.

―¿Tú y esa muchacha...?

―Me encontré con ella de casualidad. ¿Vas a callarte y dejarme contar la historia?

―Claro, continúa.

―El animal debió haberse caído desde lo alto del acantilado. Tenía una herida muy fea en el flanco, y he tenido que sacrificarlo.

―Y ella se lo ha tomado mal...

―No, no se lo ha tomado mal. ¡Le ha hecho un maldito funeral!

Tavish no pudo más y rompió a reír a carcajadas.

―Ríete, pero no he tenido corazón de contradecirla ―protestó―. Ha ido a buscar flores, se las ha puesto en la tumba y ha rezado una oración por el pobre alma del animal. Ha sido lo más estúpido que he hecho en mi vida.

―¿Y por qué demonios te has quedado? Podrías haberla dejado sola.

―Estoy haciéndole caso a Duncan, ¿no decías que él era el experto en mujeres?

―Suerte que no te ha visto nadie del clan, te habrías convertido en la burla de todos.

―¿Nadie te ha visto hacer qué, hermano?

La voz de Nara le llegó un momento antes que el beso en la mejilla. La miró sorprendido.

―Lo siento, ¿no debería haberlo hecho? ―se disculpó la joven ruborizándose al ver la reacción de su hermano.

―Nuestro hermano se ha sorprendido, es todo ―respondió Tavish por él―. Hoy no es su mejor día, ¿sabes?

―¿Qué ha ocurrido?

―Acaba de regresar de un funeral.

Keir miró a Tavish con reproche, pero este solo se apoyó en las manos para mirarle con una enorme sonrisa.

―¿Quién ha muerto? ―preguntó la mujer.

―Wolf ―respondió Tavish intentando aguantarse la risa―. ¿Le conoces?

―No he oído hablar de él. ¿Pertenecía al clan?

―Vivía en el acantilado. Tu amiga y él le hicieron un bonito funeral junto a su tumba.

―¿Ailis le conoce?

―No le hagas caso, Nara ―protestó Keir―. Tavish está bromeando. ¿Vas a alguna parte?

―Voy a ver si Teasagh necesita algo. Suelo ir a verla todos los días para echarle una mano, la pobre está muy mayor y sus manos empiezan a fallarle.

―Vuelve a pedirle que se venga a vivir al castillo ―sugirió Keir―. Tal vez esta vez acepte.

Nara asintió, besó a ambos en la mejilla y salió a correr hacia el pasillo. Keir la observó hasta que la perdió de vista junto a la entrada.

―Te ha sorprendido, ¿verdad? ―adivinó Tavish.

―Te juro que he estado a punto de romper en llanto. Es un gesto tan normal que no debería de extrañarme que lo haga, pero...

―Está empezando a florecer.

―Es una mujer muy hermosa, Ryan está loco por ella.

―¿Y vas a arreglar el matrimonio?

―No. Le prometí a Nara que respetaría su decisión de no querer casarse y no romperé mi promesa.

―Sería una lástima.

―Lo sé, pero tengo la esperanza de que con el tiempo encuentre a alguien en quien confíe lo suficiente como para abrirle su corazón.

―Y mejor si ese alguien es Ryan.

―Desde luego. Confío plenamente en él y sé que será bueno con ella.

―Yo creo que hay más posibilidades de que sea un Sinclair.

―Hay muy pocos jóvenes, no creo que...

―¿No te has dado cuenta de que siempre está con el hijo del herrero?

―¿Con Broderick?

―El mismo. Van a pasear casi cada tarde, la acompaña a donde quiera que vaya y está pendiente de cualquiera de sus necesidades.

―Eso no quiere decir que ella tenga sentimientos por él, solo que ese muchacho bebe los vientos por nuestra hermana.

―¿Te importaría que el elegido fuera él?

―Por supuesto que no. Él ha protegido a Nara de George y de William durante todo este tiempo, ¿cómo iba a importarme?

―Y tú estás enamorado de su hermana, ¿no es así?

―Esa mujer tiene algún extraño poder sobre mí. Es capaz de hacerme asistir al funeral de un maldito chucho salvaje.

―Y la deseas.

―Tanto que tengo que hacer uso de todo mi autocontrol para no volver a besarla. ¿De veras crees que me he enamorado de ella?

―No lo sé, hermano, yo no me he enamorado nunca. Pero lo que sí sé es que nunca te había visto con Mai como te veo con ella.

―¿A qué te refieres?

―Tus ojos brillan, maldita sea. Brillan tanto que parecen dos esmeraldas cuando ella está cerca.

―Ahora pienso que eres tú el que se ha vuelto loco ―bufó Keir.

―Qué puedo decir... ser vuestro hermano debe tener algunas consecuencias ―suspiró Tavish levantándose―. Voy a montar a caballo, ¿me acompañas?

―¿A estas horas?

―¿Desde cuándo te ha importado algo tan insignificante como la hora?

―Olvídalo, yo me voy a la cama.

―¿Para soñar con cierta mujer?

―Cállate ―protestó, aunque reía.

Observó marcharse a su hermano y pensó en la conversación que acababan de mantener.

¿Enamorado de Ailis Sinclair? Probablemente.

Pero debía hacerle caso a Dun y tomarse las cosas con calma, no ganaría nada apresurándose.

Con esa idea en mente, se dirigió a su habitación con la intención de darse un baño y meterse en la cama.