El demonio Sutherland Capítulo 11
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Capítulo 11

E n la planta de arriba , Nessa llevó a Nara a una habitación de invitados. Era muy luminosa, con unos grandes ventanales que daban al jardín y una gran cama con dosel y mullidas mantas. Se sentaron juntas en el borde de la cama a esperar que subieran su equipaje y el agua caliente para su baño.

―Cuando le escribí a nuestro rey no me imaginaba que terminaría teniendo una gran familia ―reconoció.

―Debió ser muy duro para ti crecer en el castillo Sinclair, ¿no es así?

―Tuve el apoyo de la gente de mi clan. Ellos han sido mi familia durante todo este tiempo, señora.

―Por Dios... Puedes llamarme madre. Siempre quise tener una hija, pero Dios solo me dio hijos varones. Moira ha sido la hija que nunca tuve, y espero que ahora tú también lo seas.

―Me encantaría ―respondió con una tímida sonrisa.

Dos fuertes guerreros llevaron una bañera de madera que dejaron junto al fuego. Otros dos guerreros acarrearon cubos de agua caliente con los que la llenaron y, tras una inclinación de cabeza, cerraron la puerta con suavidad al salir de la estancia.

―Ven, deja que te ayude a bañarte ―pidió Nessa.

Ayudó a Nara a deshacerse de su vestido y se encargó de avivar el fuego mientras la muchacha se metía en el agua. Lavó su largo cabello rubio, tan parecido al de su hermano, hasta que lo dejó suave y reluciente.

―Tienes el mismo cabello que tu hermano ―dijo con una sonrisa―. Sois tan parecidos como dos gotas de agua.

―Por suerte me parezco a él y no a William.

―William se parecía a su madre, vosotros a George. ¿Conociste a tu madre, pequeña?

―Murió cuando yo tenía cinco años. Apenas la recuerdo, pero hay algunos detalles que jamás olvidaré.

―¿Cómo murió?

―Igual que la madre de Keir.

―Entiendo.

―A veces, sobre todo en las noches en las que tenía que esconderme en el sótano de Teasagh, sentía que mi madre estaba conmigo ―susurró―. Podía sentir el calor de sus brazos mientras lloraba hasta dormirme.

―¿Te escondías para que no te pegaran?

―Me escondía para que no me tocaran ―reconoció―. A menudo me ofrecían como entretenimiento para sus amigos.

Nessa se limpió las lágrimas con cuidado de que Nara no la viera llorar. Le dolía el corazón de pensar en todo lo que esa pobre chiquilla había tenido que pasar a tan corta edad.

―¿Cuántos años tenías? ―susurró.

―Lo hicieron desde que cumplí los trece años. Mi cuerpo empezó a cambiar y...

―¿Quién es Teasagh?

―Una mujer del pueblo. Su esposo y ella me ayudaban siempre que lo necesitaba, y cuando William quedó al mando me mudé a vivir con ella.

―¿Y él te lo permitió?

―No le pedí permiso.

―Pero te buscaría al darse cuenta.

―Supongo que pensó que sería una molestia menos de la que preocuparse.

Moira entró en la habitación llevando en sus brazos algunos vestidos y un plaid de los Sutherland que puso sobre la cama.

―La ropa que traes en tu baúl está sucia, así que usa por ahora estos vestidos ―dijo―. He engordado con el embarazo y ya no me sirven, pero puede que a ti te queden bien.

―Gracias.

―Es mejor que uses nuestros colores mientras permanezcas en Dornoch, al menos hasta que Duncan tenga oportunidad de explicar la nueva situación a nuestra gente.

―Vamos, sal de la bañera para que pueda cepillarte el cabello ―dijo Nessa.

―Iré a las cocinas, madre ―explicó Moira―. Tenemos que preparar un gran banquete para celebrar que somos dos más en la familia.

Nara vio salir a Moira de la habitación y se dejó ayudar por Nessa. Los vestidos que le había dado eran de lana de buena calidad, no picaban y abrigaban mucho más que sus antiguos vestidos. Sonrió sin darse cuenta.

―En Wick no tenemos lanas de tan buena calidad ―explicó, acariciando la falda del que se había puesto―. Es agradable.

―Supongo que George Sinclair tampoco fue capaz de mantener al ganado. Si no fue capaz de cuidar a sus propios hijos...

―No recuerdo la última vez que vi una oveja en Wick.

―¿Y cómo lograsteis manteneros calientes?

―Robando la lana a los clanes colindantes ―reconoció―. No es algo de lo que me sienta orgullosa, pero estábamos tan desesperados que...

―Todo eso cambiará, te lo prometo. Keir no permitirá que vuestra gente siga pasando faltas.

―El invierno se acerca y no creo que sea posible solucionar tantos problemas en tan poco tiempo. Temo que los aldeanos no confíen en él al no ver soluciones.

―Ahora sois aliados de los Sutherland y no permitiremos que eso ocurra. Duncan se encargará de todo, ya lo verás.

Nessa dejó el cepillo con el que peinaba el cabello de Nara sobre la repisa de la chimenea y la abrazó.

Nara cerró los ojos y se perdió en el olor a flores de brezo de su ropa.

Recordaba aquella sensación de cuando era pequeña, la misma sensación que sintió cada vez que se escondía de los amigos de William o cuando se sentía terriblemente sola en la oscuridad de su fría habitación.

Sintió rodar una lágrima por su mejilla y se apartó con una sonrisa.

―Gracias ―susurró―. Gracias por haber acogido a Keir hace tantos años y por ofrecerme un lugar en vuestro hogar ahora.

―Vamos, vamos... Bajemos al salón, ¿de acuerdo? Apuesto a que la cena estará lista.

Cuando llegaron al gran comedor, Nara buscó con la mirada a Keir, pero no le vio por ningún lado. El lugar estaba atestado de soldados Sutherland que la miraban con curiosidad e inconscientemente se escondió detrás de Nessa, que chistó mirando con desagrado a los presentes.

―Estáis asustando a nuestra invitada ―protestó―. ¿Podéis dejar de mirarla así?

―No puedes culparnos por tener curiosidad sobre la nueva esposa del Deamhan Dubh , Nessa ―dijo uno de los guerreros―. Especialmente cuando es tan hermosa como ella.

―Lávate la boca con jabón, Ryan Sutherland ―le regañó Nessa dándole un tirón de orejas―. Ella no es su esposa, sino su hermana.

―¿Su hermana? ―exclamó otro soldado― ¿Desde cuándo Keir tiene una hermana?

―Desde hace diecisiete años, al parecer ―dijo Keir desde la puerta.

Nara sintió el alivio recorrer su cuerpo al escuchar a su hermano. Era la única persona en aquel gran salón atestado de gente que le transmitía un poco de seguridad. Se volvió hacia él, que caminó hacia donde se encontraba y rodeó sus hombros con el brazo.

―Ella es Nara, mi hermana ―la presentó―, y espero que la tratéis con el respeto que merece.

Keir acompañó a Nessa y a Nara hasta la tarima donde se encontraba la mesa de la familia.

Apartó la silla de su madre para que pudiera sentarse y acto seguido hizo lo mismo en la silla que había junto a la suya para su hermana.

En ese momento, Duncan y los demás entraron en el salón bromeando entre ellos, como siempre.

―Supongo que mi hermano acaba de presentaros a nuestra nueva hermana ―dijo Duncan al verlos ya sentados en sus respectivos lugares.

―También pensaron que era mi esposa ―bufó Keir―. ¿Acaso no es más que evidente el parecido entre nosotros?

―¿Puedes culparlos? ―respondió Glenn― Nadie sabía que el Sinclair tenía una hija.

―¿Es cierto que Jaime te ha nombrado laird de los Sinclair? ―preguntó otro soldado.

―Así es, Rory, y necesitaré la ayuda de mi ejército para encargarme de ese lugar.

―Será pan comido, Keir ―asintió el soldado―. Los aniquilaremos en menos que...

Rory se calló al ver la mano levantada de Keir, tanto era el respeto que los soldados Sutherland sentían por él.

―No vamos a aniquilar a nadie ―informó―. Esa gente es tan víctima de los Sinclair como mi hermana o como yo. Debemos sacar al clan de la pobreza y terminar con todo aquel que esté a favor de los métodos de George Sinclair.

―Sobra decir que a partir de este momento los Sutherland y los Sinclair son aliados ―añadió Duncan―. No creo que sea necesario firmar ningún acuerdo de paz, ¿verdad, hermano?

―Yo no lo necesito ―respondió Keir sonriendo―, y te aseguro que el rey tampoco.

―En ese caso, que sirvan la comida ―pidió el laird―. Hay muchas cosas que celebrar.

Keir sirvió comida en el plato de su hermana y también un vaso de hidromiel.

―Vamos, come ―la animó―. Debes estar hambrienta después del viaje.

―Jamás había visto platos tan deliciosos como estos.

―A partir de ahora me encargaré de que los veas cada día.

Nara tomó un trozo de venado y se lo llevó a la boca despacio.

El delicioso sabor de la jugosa carne la hizo cerrar los ojos y gemir de placer, haciendo sonreír a su hermano.

Jamás había probado una carne tan crujiente, tan suave que se deshacía en la boca.

Dio otro mordisco más y vio cómo Nessa le servía un tazón de sopa de nabos y zanahorias.

―Toma, Nara, esto te calentará ―dijo.

―Gracias, madre.

La mujer sonrió ante el apelativo cariñoso y regresó a su lado junto a Murray, que palmeó su mano con cariño al ver que se limpiaba disimuladamente una lágrima de la mejilla.

Los Sutherland eran un clan muy ruidoso, pero a Nara aquello le pareció refrescante.

Ahora sabía lo que se sentía estando en el hogar, lo que era tener una familia.

De todos los Sutherland, Tavish era el más revoltoso, y se acercó a ella varias veces para hacerle preguntas sobre Wick o para servirle comida en el plato.

Cuando terminó la comida, Nara pensó que podría estallar en cualquier momento, tan llena se sentía.

Se puso de pie para regresar a su habitación, pero un repentino mareo la hizo sentarse de golpe.

―¿Estás bien? ―preguntó su hermano mirándola preocupado.

―He sentido un mareo. Creo que he comido demasiado.

―¿Cuánto hidromiel has bebido?

―No lo sé. Siempre que tomaba el vaso estaba lleno.

―¡Maldita sea, Tavish! ―gritó Duncan, sobresaltándola― ¿En qué momento te pareció buena idea rellenarle el vaso a alguien que no ha bebido alcohol en su vida?

―¿Cómo iba a saberlo? ¿Acaso en Wick no beben hidromiel?

Murray le dio un coscorrón a su hijo, que le miró con fastidio.

―Los Sinclair se mueren de hambre, idiota ―protestó―. ¿Crees de veras que pueden permitirse el lujo de beber?

―No lo había pensado.

Keir puso los ojos en blanco y tomó a su hermana en brazos. Nara se sorprendió y rodeó rápidamente los hombros de su hermano con los brazos por miedo a caerse.

―No te dejaré caer ―rio Keir―. Madre, acompáñame para ayudarla a meterse en la cama. Dudo mucho que sea capaz de hacerlo por sí misma.

Keir la llevó a través de los corredores hasta su habitación y la depositó con cuidado en el borde de la cama.

―¿Estarás bien si duermo en mi habitación? ―le preguntó.

―Lo estaré, no te preocupes.

―¿Seguro?

Nara asintió con una sonrisa y vio a su hermano salir de la habitación.

Ni siquiera fue consciente de que Nessa le quitaba el vestido y le ponía el camisón, solo la vio entre la bruma del alcohol salir por la misma puerta por la que había salido Keir.

Sonrió, cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.