El curador (Trilogía SG 2) (Thriller del FBI de Abby Kane 8) CAPÍTULO CINCUENTA Y SIETE
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CAPÍTULO CINCUENTA Y SIETE

Albert se desplomó sobre mí como un muñeco de trapo sin vida. Peso muerto. Eché la cabeza hacia atrás y vi a un hombre al final del pasillo. Sujetaba una pistola con ambas manos mientras se acercaba.

—Abby, ¿estás bien?

Era Archer. Se arrodilló a mi lado y apartó de encima de mí el cuerpo sin vida de Albert, que tenía un agujero sangriento en la frente. Archer era la última persona que habría imaginado que vendría a rescatarme.

—¿Cómo lo supiste? —pregunté.

Estaba ocupado examinándome, asegurándose de que no estuviera herida. Hice una mueca de dolor cuando me tocó las costillas.

—Puede que solo sean moretones —dijo—. Tienes la cara hecha un desastre.

Me rozó la mejilla con el dorso de la mano.

—No creo que tengas el pómulo roto. El hielo te bajará la hinchazón. Seguramente necesitarás puntos en algunos dedos.

Justo entonces, Xiaolian gimió. Archer me dejó para atenderla.

—Túmbate —dijo mientras la examinaba.

—Me duele la espalda —se quejó.

Me di la vuelta para ver mejor a Xiaolian. Todo el cuerpo me dolía al moverme. Me arrastré hasta ella.

—Todo va a salir bien. No te preocupes —le aparté el pelo de los ojos.

—¿Por qué intentó hacernos daño? —preguntó Xiaolian mientras sus ojos se posaban en Albert—. Pensé que era nuestro amigo.

—Yo también.

Archer estaba de pie a unos pasos de nosotras, hablando en voz baja por el móvil.

—Archer. Mis hijos. Alguien tiene que ir a buscarlos ya.

Si Albert era una amenaza, tenía que asumir que Connie también.

—¿Dónde están? —preguntó.

Se lo dije, y me dijo que no me preocupara.

—Enviaré a alguien a recogerlos de inmediato.

—Tienen que decir «chop suey» —dije.

—¿Eh? ¿De qué hablas?

—Mis hijos no irán con nadie que no conozcan a menos que mencionen la palabra secreta. Es «chop suey».

—Entendido.

—¿Dónde está Po Po?

—Está bien. Le dije que se quedara en su habitación y mantuviera la puerta cerrada con llave.

Volví a mirar a Xiaolian. Se le habían empezado a llenar los ojos de lágrimas. La rodeé con un brazo y la atraje hacia mí.

—Ya estás a salvo.

—No me siento a salvo —dijo.

—Lo estás.

—Mi equipo llegará en veinte minutos. Lo que ha pasado aquí tiene que quedar entre nosotros. Informaré a tu supervisor. Hasta entonces, nadie, ni siquiera tu compañero, puede saber nada de esto.

—Los niños, mi suegra...

—Irán a recoger a tus hijos, los llevarán a tomar un helado y los traerán aquí cuando hayamos limpiado todo. Tu suegra se quedará en su habitación hasta nuevo aviso.

—No entiendo. ¿Qué está pasando exactamente aquí?

—¿Puedes caminar? —me preguntó.

—Sí.

—Xiaolian y tú, asearos y luego bajad a reuniros conmigo en la planta baja.

Nada más decirlo, hizo otra llamada y empezó a hablar en voz baja.

Me dolía demasiado la cabeza para seguir intentando sacarle información a Archer. Cedí y ayudé a Xiaolian a ponerse de pie.

—¿Puedes caminar?

—Sí, pero tengo la espalda agarrotada.

—Te has dado un buen golpe. Una ducha caliente te vendrá bien.

Bajamos despacio a la segunda planta, a mi habitación.

Xiaolian se duchó primero mientras yo esperaba sentada en la cama.

Después se movía con mucha más soltura. Le di ibuprofeno y la hice tumbarse en mi cama.

Luego me tocó a mí. Los dedos me ardían como el demonio cuando les caía el agua, pero aun así me sentí mucho mejor con el calor del agua cayéndome por el cuerpo.

Cuando terminamos de asearnos y bajamos, un equipo de personas que no reconocí estaba entrando en mi casa. No eran de la policía de San Francisco ni del FBI. Todos iban vestidos de civil. Archer hablaba en voz baja con dos hombres al pie de la escalera.

—¿Puedo hablar un momento? —pregunté.

Me entregó una bolsa de plástico con cierre llena de hielo.

—Ponte esto en la mejilla. Tengo aquí un médico que puede coserte los dedos.

Luego me puso la mano en la parte baja de la espalda y nos condujo a Xiaolian y a mí hacia la cocina.

—Tu suegra está bien. Le dije que Xiaolian y tú os estabais duchando y que estaríais con ella en breve.

—¿Cuánto sabe? —pregunté.

—Es una mujer inteligente. No conoce los detalles, pero...

Archer dejó la frase en el aire.

Asentí.

—Xiaolian, quiero que hagas compañía a Po Po, ¿de acuerdo? Y dile que iré en breve.

Asintió.

Archer hizo que el médico me atendiera los dedos. Al hombre le llevó treinta minutos cerrar y vendar las heridas.

—Hablemos fuera —dijo Archer.

Al llegar a la puerta trasera, me detuve a mirar la cerradura. No parecía que la hubieran forzado.

—Entré por aquí —dijo Archer desde el porche trasero—. Albert también. Encontré un kit de ganzúas en su bandolera. Mandaré a alguien a poner un cerrojo nuevo en esa puerta.

Abrió la puerta mosquitera y salió al jardín.

Lo seguí hasta el centro del jardín, donde se detuvo con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Supongo que me has estado vigilando desde que Xiaolian está conmigo —dije.

—Tienes razón. Menos mal que lo hice, porque...

Lo interrumpí.

—Antes de que empieces a echarte flores, dime por qué nos estabas vigilando.

—Esto no tiene nada que ver contigo. No estoy aquí porque dude de tus capacidades. Todo gira en torno a esa niña.

—Porque es una espía.

—Sé que crees que estamos exagerando, pero lo de hoy debería darte pruebas suficientes para empezar a ver las cosas como nosotros.

—¿Quién es Albert Shi? —pregunté.

—Todavía estamos investigando. Pero hace unos días lo vi aparcado frente a tu casa.

Os ha estado escuchando. —Archer metió la mano en el bolsillo delantero de los vaqueros y sacó un micrófono—.

Tengo a alguien revisando el resto de tu casa.

Encontré este en una lámpara encima de la mesa del comedor.

Me quedé mirando el diminuto transmisor en la palma de su mano.

En mi cabeza resonaban una y otra vez sus palabras sobre darle la razón.

¿Había estado en lo cierto todo el tiempo respecto a Xiaolian?

¿Seguía habiendo gente detrás de ella? Era la única explicación que se me ocurría de por qué habían puesto micrófonos en mi casa.

—Entonces, ¿Albert trabaja para los chinos?

—Sospechamos que sí, de alguna manera. Acabamos de detener a su esposa.

—¿Crees que ella también está involucrada? —Me llevé la mano a la frente, intentando asimilar lo que Archer me decía—. Estuvimos en su casa el otro día; mis hijos jugaron con los suyos...

—Hasta que la interrogue, no puedo descartarlo.

Mira, sé que todo esto es difícil de asimilar, pero si estoy en lo cierto, es normal sentirse engañada.

Son profesionales. Creo que son agentes durmientes que activaron hace poco.

Eso explicaría por qué nadie los tenía fichados hasta que vi al marido apostado frente a tu casa.

Me cubrí la cara con la mano y negué con la cabeza.

—Si no hubieras aparecido...

—Aparecí. Eso es lo único que importa.

—Me siento como una idiota. Me engañaron por completo.

—Así es como operan. Antes mencionaste que tus hijos y los suyos son amigos.

—Sí, van al mismo colegio. Su hijo Colin también entrena en el mismo dojo que Ryan. Y su hija quiere apuntarse a las Brownies con Lucy.

Al decir esas palabras, caí en la cuenta de que todo había ocurrido a la vez: Colin como nuevo alumno en el dojo, Hailey y Lucy que se hicieron amigas en el colegio, y Connie que se presentó ante mí.

Ahora todo parecía tan claro: su irrupción en la vida de mi familia había sucedido justo después de que yo volviera del centro de detención.

Miré a Archer.

—Quiero disculparme por haber desestimado tus sospechas de que Xiaolian es una espía o de que está conectada de algún modo con el gobierno chino. Fue poco profesional por mi parte.

Lo descartó con un gesto.

—Todo el mundo lo hace. No te mueves en mi mundo, así que no espero que lo entiendas de inmediato.

—Pero no van a por mí, ¿verdad?

—No van a por ti. Van a por la niña. Quizá tenían órdenes de llevársela, o quizá de hacerla desaparecer.

—Bueno, entraron en mi vida en cuanto volví a casa, probablemente para averiguar qué sabía sobre Xiaolian.

—Seguramente tengas razón. Mientras estaba en el centro de detención, no podían acceder a ella.

—Y que yo la sacara les dio la oportunidad.

Archer no respondió a eso; dijo que prefería interrogar a Connie y averiguar la verdad antes que quedarse allí especulando.

—¿Mi familia está a salvo? Dime la verdad.

Archer soltó un suspiro.

—No te voy a dorar la píldora. Puede que haya otros que no conocemos, pero en cualquier caso, van a por la niña.

—Pero somos un medio para llegar a la niña.

—Xiaolian volverá al centro de detención hoy.

Eso debería desviar la atención de tu familia.

También podemos poner a alguien contigo, por si acaso.

Tú decides. Pero tengo la sensación de que ya sabemos demasiado.

Los que mueven los hilos no quieren que sepamos más.

Si siguen yendo a por ti, ellos también quedan expuestos.

Di una patada a la hierba con la punta del zapato mientras asimilaba lo que Archer decía.

—Sabes, hay algo que no me cuadra.

—¿El qué?

—Cuando Albert me estaba atacando, Xiaolian le dio una patada en la cara; casi lo deja fuera de combate. Si Albert también trabaja para los chinos, tiene sentido que formara parte de un plan para sacarla de aquí. Y si es verdad que Xiaolian está con los chinos, ¿por qué atacaría a uno de los suyos?

—No estoy seguro, pero eso me dice que aún nos queda mucho por descubrir sobre ella.