CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO
A la mañana siguiente, después de un desayuno tardío, los niños y yo nos subimos al coche. El dojo era la primera parada.
—Te recogeré a las tres —dije mientras Ryan salía del coche.
Nuestra siguiente parada fue el distrito de Marina, donde vivía una líder de tropa de las Brownies. Estaban organizando un evento de orientación. Aparqué el coche y Xiaolian y yo entramos con Lucy. Me quedé unos minutos charlando con la líder de la tropa y luego me fui.
—¿Qué es una Brownie? —preguntó Xiaolian mientras nos alejábamos.
—Las Brownies forman parte de las Girl Scouts. Básicamente, es una organización para niñas. Aprenden cosas y se divierten. Si tienes entre siete y nueve años, te llaman Brownie. ¿Lo entiendes?
Asintió.
—Me gusta la ropa que llevan. Es genial.
—Lo es, ¿verdad?
Sabía que le había dado la versión demasiado simplificada, pero ni siquiera yo conocía todas las actividades en las que participaban las Girl Scouts.
—¿Cómo me llamarían a mí si estuviera en las Girl Scouts?
—Creo que a las niñas de tu edad las llaman Cadettes.
—Me gusta ese nombre.
Durante el trayecto, Kang me mandó dos mensajes al móvil. Me había olvidado por completo de responder a su mensaje del día anterior. Cuando llegamos a casa, le dije a Xiaolian que tenía que hacer una llamada. Asintió y fue directa al baño de la planta baja. Yo subí al tercer piso.
Albert llevaba sentado en un coche frente a la casa de Abby desde las seis de la mañana.
Se había tomado la molestia de alquilar un vehículo de un servicio local de coches compartidos.
Abby había ido a casa de él dos veces, y no quería arriesgarse a que reconociera su vehículo.
Había pasado gran parte de la mañana jugando al solitario en el móvil, ya que no había mucho que escuchar: nadie estaba despierto.
A Albert no le importaba. Tenía todo el día para cumplir su misión, y no fallaría.
Po Po fue la primera en levantarse; Albert supuso que era ella al oír el tintineo de sartenes a lo lejos. El micrófono del comedor captaba el ruido de la cocina. El resto de la familia no empezó a moverse hasta más tarde.
Lucy fue la siguiente. Albert reconoció su voz mientras hablaba con Po Po en el comedor.
Parecía estar comiendo algo. Xiaolian apareció poco después, seguida de Ryan.
Abby fue la última en bajar. La mayor parte de la conversación giró en torno al día de Ryan y Lucy.
El propio hijo de Albert, Colin, también asistiría a la misma sesión de entrenamiento que Ryan.
Su hija, Hailey, también estaría presente en la orientación de las Brownies.
Connie tenía exactamente la misma rutina esa mañana que Abby.
Albert recibió una llamada de su esposa unos minutos antes de que Abby regresara a casa con Xiaolian.
—No la pillé en el dojo, pero la alcancé en casa de la líder de tropa. Hablamos un poco. Dijo que no tenía planes para hoy, solo relajarse en casa. Parecía cansada. Puede que vuelva a la cama.
—Acaba de llegar a casa. Estaré pendiente de eso. Tengo un micrófono en su dormitorio.
—Hoy es nuestra última oportunidad de atrapar a la niña.
—Lo sé. No te preocupes. La conseguiré.
—¿Puedo hacer algo para ayudar?
—¿Y Merrick?
—Para eso están los videojuegos. Puedo salir de casa unas horas y ni se enterará.
—No, quédate ahí. Déjame ver si puedo conseguirla durante el día. Si no surge la oportunidad, lo intentaremos los dos esta noche.
—¿Qué están haciendo ahora? —preguntó ella.
—Espera.
Albert cogió el otro móvil y fue probando los distintos dispositivos hasta que localizó a Abby.
—Vale, parece que Abby está en su despacho del tercer piso. Está en una llamada de trabajo.
—¿Y la niña?
—No está con ella, y no oigo nada en la sala de entretenimiento.
—Ahora es el momento —respondió Connie enseguida—. Seguramente esté en su dormitorio. Según Abby, está en la habitación de invitados de la primera planta. Creo que dijo que está justo al lado de la habitación de su suegra. ¡Ve!
Albert colgó, metió el coche en el camino de entrada de Abby, detrás del vehículo de ella, y salió con un portapapeles en la mano.
Llevaba el uniforme de técnico de PG&E, una compañía local de servicios públicos.
Además, se había puesto un bigote postizo y llevaba peluca, no tanto para engañar a Abby como para evitar que lo reconocieran los vecinos.
Y si alguien lo veía salir con la niña, Albert pensó que parecería un empleado de la compañía de servicios.
Decidió no llevarse la pistola que tenía en la guantera, ni siquiera después de lo que Xiaolian le había hecho en el cobertizo. Lo había tratado mal, pero ahora no era el momento de vengarse. Necesitaba sacarla de allí rápido y en silencio. Se guardó en el bolsillo un trapo empapado en cloroformo.
Como medida de seguridad, cogió un garrote. Pensó que solo lo necesitaría si se encontraba con Abby. Por lo que sabía, ella estaba ocupada con asuntos de trabajo en su despacho. Su plan era simple.
Entrar.
Agarrar a la niña.
Salir.
Albert avanzó por el lateral de la casa. Había planeado entrar por el porche trasero. Por el camino, se asomó a la ventana de la cocina. Po Po acababa de salir.
Parece que va a su dormitorio.
Cuando llegó a la parte trasera de la casa, se asomó por la esquina, por si acaso Po Po había decidido salir al porche trasero. Por un momento albergó la esperanza de que Xiaolian estuviera sentada allí. No lo estaba.
Entró en el porche con mosquitera. No había estado cerrado con llave la última vez, y tampoco lo estaba ahora.
Sin embargo, la puerta trasera de la casa sí lo estaba.
Pegó la oreja a la puerta y escuchó. Silencio.
Sacó las ganzúas del bolsillo trasero y se puso manos a la obra.
Una vez que hubo forzado la cerradura, giró lentamente el pomo y empujó la puerta.