El curador (Trilogía SG 2) (Thriller del FBI de Abby Kane 8) CAPÍTULO CUARENTA Y SEIS
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CAPÍTULO CUARENTA Y SEIS

Más tarde esa noche , en casa de los Shi, Connie preparaba la cena. Era noche de tacos. Sus dos hijos, Colin y Merrick, jugaban a la PlayStation. Su hija, Hailey, estaba sentada en un taburete junto a la isla de la cocina, leyendo en su Kindle.

—Hailey, ¿le haces un favor a mamá y pones la mesa?

—¿Y Colin y Merrick? ¿Por qué no ayudan ellos?

—Ya lo harán. No tienen ni idea de que les toca recoger esta noche.

Le guiñó un ojo a Hailey mientras se llevaba un dedo a los labios.

Connie removió la carne picada en la sartén unos segundos más antes de pasarla a una fuente. Ya había cortado en dados los tomates y las cebollas. Hailey había ayudado antes cortando la lechuga en tiras. Connie no se molestaba en rallar un bloque de queso cheddar y siempre lo compraba ya rallado.

Normalmente cenaban sobre las seis; Albert solía llegar a tiempo. Esa noche venía con retraso, pero la cena también iba retrasada. Para cuando la comida estuvo en la mesa y consiguieron arrancar a los chicos del televisor, Albert ya había aparcado en la entrada.

—¡Papá ya está en casa! —canturreó Hailey.

Corrió hacia la puerta y lo acompañó hasta el comedor.

—¿Qué tal el día? —le preguntó Albert.

—Bien. Hoy teníamos examen de mates, pero seguro que me ha salido bien porque ayer estudié mucho.

—Esa es mi niña.

—Hola, papá —dijeron Colin y Merrick al unísono.

Albert besó a su mujer antes de sentarse a la cabecera de la mesa. Lo que siguió fue una cena estadounidense de manual. Connie y Albert habían aprendido hacía mucho a interpretar el papel a la perfección.

Después de recoger, los niños se retiraron a sus habitaciones a terminar los deberes. Connie y Albert se sentaron en la isla de la cocina, uno frente al otro, tomando café solo.

—Hoy pude ver bien a la chica —dijo Connie—. Abby la llevó cuando dejó a Ryan y Lucy en el colegio; la hizo pasar por una prima.

—¿Cómo era?

—Inquietante.

Albert frunció el ceño mientras bebía el café.

Connie añadió:

—Es clavada a Abby. Hasta tienen el mismo color de ojos.

—¿En serio?

—No exagero. Podría ser su hija, o si fuera mayor, su gemela.

—Me pregunto por qué nunca nos lo mencionaron.

—Seguro que tiene que ver con tanto interés en recuperarla.

—Quizá sean familia.

—Sea como sea, ¿por qué activarnos para algo tan insignificante? Siempre pensé que cuando llegara el momento de actuar, sería para algo mucho más grande, mucho más importante.

Albert apartó la taza vacía y apoyó los antebrazos en la encimera.

—No estamos aquí para cuestionar las órdenes.

—Ya lo sé, pero no me digas que no te pica la curiosidad por saber por qué nos han elegido para un trabajito así. Nuestro entrenamiento está muy por encima de esto. Cualquiera podría haber cogido a la chica.

Connie levantó un dedo para que su marido no la interrumpiera.

—Y no, no creo que Abby sea una amenaza ni que el hecho de que sea agente del FBI deba preocuparnos.

—¿Has terminado?

—Sí.

—¿No se te ha ocurrido que la razón puede ser tan simple como que somos chinos y ella también?

—No hace falta ser chino para coger a la chica.

—Hemos hecho más que eso: nos hemos ganado la confianza de la agente. Tú, sobre todo. Está claro que la agente Kane y el gobierno estadounidense no creen que Xiaolian sea una china cualquiera. La tienen retenida en unas instalaciones secretas y seguras. No lo olvidemos.

Connie se colocó unos mechones de pelo detrás de la oreja.

—¿Qué la hace tan especial?

—No lo sé. Sea lo que sea, parece importante.

—Ojalá lo supiéramos. Me está comiendo por dentro.

Albert le cogió la mano a Connie y se la apretó con suavidad.

—Olvídate de eso. Nuestra misión es coger a la chica y entregarla sin que salte nuestra tapadera. Todo esto —Albert señaló a su alrededor— desaparece si no lo conseguimos, así que deja de quitarle importancia a lo que hacemos aquí.

—Tienes razón.

—¿Conseguiste escucharlas hablar en casa? —preguntó Albert.

—No. Abby y la chica salieron a correr y luego estuvieron un rato en ese parquecito de Hyde Street.

Cuando volvieron a casa, su compañero, el agente Kang, ya estaba allí.

Pude captar una conversación entre los tres.

Abby le preguntó a la chica por su infancia.

Creen que es huérfana o que fue a una escuela deportiva china.

—¿Por qué iban a pensar eso? —Albert frunció el ceño.

—Esa chica no es normal. Le siguió el ritmo a Abby durante toda la carrera. Incluso subieron corriendo por Union Street hasta Hyde. Así que ha tenido algún tipo de entrenamiento. Creo que le enseñaron un vídeo de una de esas escuelas. Xiaolian hizo muchas comparaciones con el sitio de donde viene.

—Hmmm, interesante.

Albert se rascó la barbilla.

—Entonces parece que Abby no la deja sola con Po Po durante el día. Cogerla de día no va a funcionar. ¿Y el colegio?

—Deja a los dos niños, pero por la tarde solo recoge a Lucy. Colin y Ryan van juntos al dojo.

—¿Puedes acercarte a Lucy? ¿Espera sola?

—No, siempre está con una o dos chicas más.

—¿Y la cantidad de padres que hay? ¿Podemos aprovecharlo?

Connie lo pensó un momento.

—El problema es separar a la chica de Abby. Además, hoy es viernes. Perderemos dos días esperando al lunes. ¿Y no es ese el día en que tiene que devolverla?

—Tienes razón.

Albert tamborileó con el pulgar sobre la encimera.

—Ya lo tengo. Mañana los invitamos y pasamos el día juntos.

Hacemos pizzas, los niños se bañan en la piscina y organizamos una búsqueda del tesoro.

Escondemos monedas de oro falsas por toda la propiedad, y el niño que encuentre más gana un premio.

Piénsalo. La propiedad es bastante grande y hay muchos puntos ciegos.

Es la oportunidad de pillar a la chica sola.

—Vale, digamos que la separamos de los demás. ¿Y luego qué? No es que a Abby le vaya a dar igual que desaparezca.

—No, ese es precisamente el plan. Queremos que se asuste por la desaparición de la chica. Piénsalo. El gobierno todavía tiene retenida a esta chica. Se la han cedido a Abby. Es responsable de devolverla.

—Así que la chica ve una oportunidad —Connie siguió el razonamiento de Albert—. Y se escapa.

—Exacto. Aunque en realidad la agarramos nosotros. El cobertizo es el lugar perfecto. La dejamos inconsciente y la metemos en el baúl grande que tenemos allí. En cuanto Abby se convenza de que se ha escapado, saldrá a buscarla. Entonces movemos a la chica.

En ese momento, Albert todavía no le había contado a Connie que las órdenes habían cambiado: la chica debía ser eliminada.

Sabía que se opondría, que quizás incluso pondría en peligro la misión.

Tras años de matrimonio, conocía sus debilidades.

Connie nunca podría hacerle daño a la chica.

Para él tampoco era fácil. Estaba en contra.

Pero al final era un soldado leal. Haría lo que le pidieran, aunque eso significara ejecutar a la chica.