CAPÍTULO CUARENTA Y DOS
Kang salió de la Comisaría Central antes de que llegara la esposa de Ellis.
Estaba impaciente por comprobar si el bar tenía cámaras de seguridad.
Si las tenían, quizá tuviera suerte con las grabaciones.
De camino, cayó en la cuenta de que no había sabido nada de Abby, pero supuso que habría recibido su mensaje y que todo iba bien en su casa.
Playtime era un pequeño bar situado en la esquina de Polk y Pine, a unos quince minutos en coche de la comisaría.
Kang había pasado por allí varias veces, pero nunca había entrado.
Por las noches, siempre se congregaban grupos de jóvenes en el exterior: los fumadores.
Solo cuando aparcó junto al bordillo cayó en que podría estar cerrado. Miró el reloj. Las diez de la mañana.
Las ventanas del bar estaban tintadas. Apretó la cara contra el cristal y se hizo visera con las manos para reducir el resplandor. Golpeó con los nudillos en la puerta y volvió a mirar dentro. Llamó una vez más. Esta vez apareció una figura.
La puerta se abrió y un joven vestido con vaqueros y camiseta apareció en la entrada.
—Lo siento, colega. No abrimos hasta dentro de una hora.
Kang sacó la identificación.
—Soy el agente Kang. Me gustaría hacerle algunas preguntas. ¿Puedo pasar?
—¿Estoy metido en algún lío?
—No lo creo, pero podría tener información útil para una investigación. ¿Es usted el propietario?
—Kang pasó junto al hombre y entró en el bar.
—Sí. Soy Owen Townsend.
Kang se puso en jarras mientras echaba un vistazo alrededor.
Una barra de madera recorría toda la longitud del establecimiento.
Tras ella, unas estanterías con espejos exhibían una amplia variedad de licores de primera.
El mobiliario consistía en pequeñas mesas rectangulares con taburetes altos.
La decoración era elegante y moderna, con una mezcla de tonos terrosos.
Reparó en una escalera de caracol que subía a un segundo piso.
—Sr. Townsend, ¿estuvo trabajando anoche?
—Sí, estoy aquí todas las noches.
Kang sacó el móvil y mostró la foto de Ellis.
—¿Vio a este hombre?
Townsend se inclinó para verla mejor.
—Sí, claro. Estuvo aquí con un grupo de estudiantes de la escuela de arte.
—Se llama Johnny Ellis. ¿Habló con él?
—Un poco. Conozco a los estudiantes; vienen aquí a menudo. Esa noche había dado una charla en su escuela. Parecía buen tipo.
Kang sacó la libreta y el bolígrafo.
—¿Podría escribirme los nombres de los estudiantes? Se lo agradecería.
Townsend obedeció.
—¿Ha pasado algo?
—Tenemos motivos para creer que el Sr. Ellis fue secuestrado al salir de su bar.
Townsend dejó de escribir y levantó la vista.
—¿Lo dice en serio?
—Ahora está bien. ¿Se fijó en alguien más en el grupo que no fuera de la escuela? Quizá alguien del bar que se uniera a la conversación.
Townsend reflexionó un momento.
—No lo creo. Aunque podría equivocarme. Fue una noche muy movida.
Siguió anotando los nombres.
—¿Lo vio marcharse?
—No, pero se fue antes que los estudiantes, seguro. Ellos fueron de los últimos en irse.
Kang miró alrededor y localizó las cámaras de seguridad.
—¿Funcionan las cámaras? Me gustaría echar un vistazo a las grabaciones.
Townsend le devolvió el bolígrafo y la libreta a Kang y lo condujo a través de una puerta al fondo de la barra, pasando por la cocina hasta llegar a una pequeña oficina.
—Graba durante cuarenta y ocho horas antes de sobrescribir las imágenes. Menos mal que ha venido enseguida.
Ambos vieron el vídeo. Ellis estaba de pie junto a una mesa. Tres estudiantes ocupaban las sillas que la rodeaban. Parecían mantener una conversación animada. Ellis era quien más hablaba. Kang contó las copas que Ellis se tomó durante la noche: cinco.
—¿Recuerda qué bebía?
—Whisky escocés.
Poco después de medianoche, Ellis se despidió del grupo y salió del bar solo.
—¿Hay cámara en el exterior?
—Sí.
Townsend pulsó algunas teclas en el portátil y la imagen cambió a la del exterior del bar. Luego adelantó la grabación hasta el momento preciso. Se veía a Ellis salir y caminar por la acera, alejándose del bar.
—Va en dirección a la escuela. Puede que aparcara el coche allí —dijo Townsend.
La cámara estaba orientada para captar toda la fachada del bar, así que Ellis permaneció en el encuadre un buen rato antes de desaparecer.
—¿Puede descargarme una copia de estas grabaciones y enviármela por email?
—Sin problema.
Kang le entregó la tarjeta a Townsend.
—Si se le ocurre algo más relacionado con este asunto, llámeme.
Ya en el exterior, Kang caminó hasta el punto donde Ellis había sido visto por última vez antes de salir del encuadre.
Estaba justo antes del cruce de Polk con Austin.
Kang inspeccionó los negocios de la esquina: un estudio de yoga, una tienda de informática, un restaurante tailandés y una pequeña charcutería.
Ninguno parecía tener cámaras de seguridad propias.
Además, Austin no era más que una calleja lateral.
Sin semáforos; por tanto, sin cámaras municipales.
Kang consultó el reloj. Había estado en el bar poco más de treinta minutos.
A ver si localizo a algunos de estos estudiantes y luego me paso por casa de Abby.