CAPÍTULO DOCE
Después de nuestra reunión matutina con Reilly, Kang y yo fuimos a las instalaciones gubernamentales donde retenían a Xiaolian. No fue el mismo trayecto de siempre, lleno de conversaciones sin sentido entre bocados de comida. Esta vez, planificamos nuestra estrategia mientras comíamos.
—Aparte de que sigas llevando la voz cantante, ¿alguna otra idea sobre cómo enfocar el interrogatorio? —preguntó Kang antes de dar un sorbo a su termo de café.
Tragué el último bocado de mi magdalena.
—Tenemos que seguir reforzando que estamos de su lado. Está descontenta allí. Es evidente que la retienen con la excusa del tratamiento y la recuperación. La última vez me pidió que la llevara a casa conmigo.
—¿Qué le dijiste?
—Que esa decisión no me correspondía a mí.
Me sacudí unas migas de la chaqueta.
—La verdad es que creo que tenemos que adaptarnos a la Xiaolian que nos encontremos. Ya ha demostrado que tiene dos caras.
—Pero ¿no dijiste que era porque estaba descontenta allí?
—Dijo que todo era una actuación. Pareció sincera cuando lo dijo. No tenía motivos para dudar de sus palabras, pero con lo que sabemos ahora, ya no estoy tan segura.
—Si todavía cree que estás de su lado, tienes que seguir con esa estrategia. No dejes que se te note nada. Si la han entrenado para resistir interrogatorios avanzados, es muy probable que detecte cualquier cambio en tu lenguaje corporal o en tu tono de voz.
—Estoy de acuerdo, pero sabiendo lo que sabemos, es más difícil.
—Olvida lo que sabes por ahora. Trátala exactamente igual que cuando se quedaba contigo. Piensa en esos momentos y déjate llevar por ellos.
En las instalaciones, nos recibió Yates en lugar de Watkins. Se mostró amable y pareció alegrarse de vernos. Kang y yo no sabíamos si alguien allí estaba al tanto de nuestra reunión en Camp Parks, ni siquiera si sabían que la CIA sospechaba que Xiaolian era una espía.
Mientras seguíamos a Yates, le susurré a Kang:
—Me pregunto si la teoría de que es espía surgió aquí.
—¿Crees que el doctor está detrás de la acusación?
—Es lo más probable.
En la siguiente puerta de seguridad, mientras Yates pasaba su tarjeta, le pregunté:
—¿Alguna novedad con Xiaolian que debamos saber?
—No especialmente. Sigue demostrando una inteligencia excepcional y una gran destreza física.
—¿Van a hacerle otro tipo de pruebas además de esas? Imagino que, con el tiempo, dejará de tener sentido.
—Nunca deja de tener sentido.
—Permítame ser más clara —dije—. Hasta ahora parece que han dedicado la mayor parte del tiempo a descubrir lo que puede hacer. ¿No llegará un momento en que el foco pase a por qué la han entrenado para hacerlo?
—Creo que ahí es donde entra usted. Puede ayudarnos a responder esa pregunta averiguando lo que Xiaolian no nos está contando.
Yates nos condujo por el pasillo hasta la misma sala donde me había reunido con Xiaolian en mi última visita. Kang siguió a Yates a la sala de observación y yo entré en la sala de recreación.
El cambio en la actitud de Xiaolian fue evidente de inmediato. Estaba acurrucada en un puf, leyendo un libro.
—Hola, Abby —dijo, cerrando el libro y poniéndose de pie. Vino corriendo hacia mí y me abrazó.
Esta es la Xiaolian que recuerdo.
—Me alegro de verte, cariño.
Le di un beso en la frente.
—Veo que tienes cosas nuevas aquí.
La sala ya no parecía un gimnasio. El equipo seguía allí, pero ahora también había una estantería llena de libros y un par de pufs sobre una alfombra.
—Sí, ahora es mucho más cómodo —dijo, cogiéndome de la mano y llevándome hacia los pufs.
Nos dejamos caer juntas en uno.
—¿Qué estás leyendo?
Levantó el libro con timidez para que viera la portada.
— Los juegos del hambre .
Asentí con aprobación.
Dejó el libro en el suelo y sonrió.
—Katniss mola mucho.
—Sí que lo es. ¿Te identificas con ella?
Echó la cabeza hacia atrás riéndose.
—Nooo, yo no sé disparar con arco.
Pero apuesto a que eres tan dura como ella . Miré hacia la estantería y vi que había libros variados, apropiados para cualquier niña de su edad.
—Me alegra ver que tienes otras formas de entretenerte.
—¿Quieres jugar a las cartas? —preguntó.
Antes de que pudiera responder, fue a coger una baraja de encima de la estantería.
—Podemos jugar a las familias.
Se sentó con las piernas cruzadas frente a mí y empezó a repartir.
Jugamos en silencio un rato. No tenía sentido interrogarla de inmediato cuando era evidente que estaba disfrutando de mi compañía. Se sentía sola.
—Abby... —dijo, dejando la frase en el aire.
Reordené algunas cartas en mi mano.
—¿Sí?
—Eh, me preguntaba... ¿Has podido preguntar si puedo irme a casa contigo?
Levanté la vista y vi que tenía la mirada fija en sus cartas.
—Sí, lo he hecho, pero todavía no tengo una respuesta definitiva.
—Ya veo. —Se le cayeron un poco los hombros.
—Ryan, Lucy y Po Po te echan de menos. Preguntaron por ti y me pidieron que te saludara.
—¿De verdad? —Alzó la mirada de las cartas con los ojos muy abiertos.
—Por supuesto.
—Yo también los echo de menos. Extraño mucho la comida de Po Po.
—¿No te dan bien de comer aquí?
—Está bien, pero no es la comida de Po Po.
—Te diré una cosa: le pediré que te prepare algo especial y te lo traeré la próxima vez que venga.
Se relamió y se frotó la barriga.
—Qué ganas. Ya tengo hambre. —Bajó la mano y ladeó ligeramente la cabeza—. ¿Dónde está el tío Kyle? ¿Puedo llamarlo así? Es como lo llaman Ryan y Lucy.
Sonreí.
—Sí, claro. Creo que le encantaría. —Eché un vistazo rápido al panel de cristal espejado de la pared.
Xiaolian contuvo el aliento.
—¿El tío Kyle está aquí? —Se levantó de un salto y corrió hacia la ventana. Apoyó las palmas en el cristal y pegó la cara contra él—. Tío Kyle, ¿estás ahí?
Mientras seguía con la cara pegada al cristal, la puerta se abrió y entró Kang. En un instante, corrió hacia él. A Kang se le iluminó la cara ante su entusiasmo.
—Qué alegría verte, Xiaolian —dijo mientras se agachaba para abrazarla.
Le agarró la mano y lo llevó hasta donde yo estaba sentada.
—Qué contenta estoy de que estemos todos aquí. —Barajó las cartas rápidamente y nos repartió una nueva mano.
Pasamos el resto del tiempo allí jugando a las cartas y hablando de todo menos de lo que deberíamos haber hablado.