El cuerpo quieto 23.
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23.

EL CUERPO QUIETO

Texto curatorial de Berenice Lasala

Hay algo profundamente incómodo al mirar un cuerpo quieto.

No el cuerpo dormido, ni el posado, ni el que juega a estar quieto para la cámara. Me refiero al cuerpo verdaderamente quieto. El que se ha vaciado de intención. El que, aunque aún respira, parece haberse ido.

Las imágenes de esta serie no buscan la belleza tradicional. Aunque, inevitablemente, la belleza se filtra, porque la fragilidad tiene su forma de imponerse, aun cuando no la llamamos. Cada una de estas mujeres fue retratada sin pose, sin promesa, sin deberle nada a nadie. A veces ni siquiera a mí.

El cuerpo quieto comenzó como un estudio sobre la disociación.

Sobre esa pequeña muerte diaria a la que nos entregamos cuando dejamos de actuar, de fingir, de sostenernos, pero con el tiempo se volvió otra cosa.

Se volvió un inventario de ausencias. Una colección de presencias desconectadas.

Se volvió un espejo. Y después, se volvió una puerta.

No todas las dueñas de estas imágenes están vivas. No todas me dieron permiso explícito. No todas están enteras. Pero todas, incluso las que solo existen en la niebla, reclamaron estar aquí.

En el fondo, este proyecto no habla del cuerpo.

Berenice Lasala.