7. Berenice
E l titular era claro y estruendoso:
ARDE - Arte, cuerpo y territorio
CLARA BONELLI: CUANDO EL ALMA NO ENCUENTRA SALIDA.
─────────
El arte pierde, otra vez, a una de las suyas.
Clara Bonelli tenía 22 años. Era argentina, cordobesa, ceramista, escultora, modelo, artista silenciosa.
Fue encontrada muerta el pasado jueves en su apartamento en Kreuzberg, Berlín.
Estaba en la bañera, rodeada de restos de pastillas, con el tocadiscos girando en bucle un vinilo de Édith Piaf.
Fue su forma de salir. La única que encontró.
La policía informó que se trató de una sobredosis, pero la historia real es que esto fue otra cosa. Quizás el resultado de una relación violenta de la que no pudo escapar.
Varias personas cercanas, « que han preferido permanecer en el anonimato », confirmaron que Clara vivía desde hacía años atrapada en un vínculo abusivo.
Aislada, sometida, intervenida en su cuerpo y en su voz.
Aquella situación que no le permitía producir, hablar y mucho menos irse.
Se aisló tanto de todo y todos, que cuando intentó dejarlo todo y volver a empezar, ya no había dónde.
Clara era frágil y resistente, como el barro que moldeaba.
Porque sí, también era artista. Aunque nunca se le reconoció como tal en los espacios «serios».
Modeló cerámicas que parecían restos humanos.
Pechos que se desarmaban, pies sin talones, rostros sin ojos.
Le interesaban los fragmentos, las ruinas, lo incompleto.
Su obra era eso: un mapa de cicatrices en objetos mudos.
En los últimos años había comenzado a experimentar con instalaciones efímeras. Mostraba sus piezas en casas prestadas, patios, cocinas. Las dejaba quebrarse con el clima. No le gustaba hablar de lo que hacía. Decía que una pieza debía defenderse sola o no tenía sentido.
También fue modelo de cuerpo delgado, casi transparente, piel blanquísima, ojos de un azul doloroso. Fue rostro de marcas independientes, portada de revistas alternativas, musa de artistas que hoy lloran su pérdida y deberían, también, revisar sus prácticas.
Su muerte no es una anécdota triste, es el síntoma de un sistema que sigue romantizando la destrucción de las mujeres sensibles. De un mundo artístico que sigue premiando a quienes habitan el sufrimiento sin que nadie los nombre. De una violencia estructural que se disfraza de inspiración.
Clara no era frágil. Clara resistió como pudo.
Hoy, su cuerpo dejó de ser campo de batalla. Hoy, nos toca a nosotras narrarlo con dignidad.
Hasta siempre, Clara. Tu silencio gritó más fuerte de lo que quisiste.