Capítulo 32. El archivo
La empresa de Tomás conservaba documentos de siete comunidades y una cooperativa en un almacén privado junto al puerto. La orden de registro tardaría horas. Iván, cada vez más asustado, aceptó entregar la caja que había retirado.
Había libros contables, una libreta de teléfonos y una hoja parcialmente arrancada. Bajo la marca de cinta se leía: **Llamar a Adrián si Vera pregunta por el cuarto**.
—Mi tío dijo que eran papeles inútiles —explicó Iván.
—¿También le pidió enviar el sobre azul?
Iván asintió. Creía que sólo debía asustar a Vera para que entregara unos documentos familiares. Cuando supo que Adrián estaba muerto, quiso parar. Tomás le recordó un préstamo de la gestoría y una firma falsa que podía llevarlo a prisión.
La declaración permitió intervenir antes de que el archivo desapareciera. No hizo falta que Iván entendiera toda la historia para decidir dejar de obedecer.
Mara pensó que las redes de Tomás no se sostenían por lealtad. Se sostenían porque cada persona creía ser la única que había cedido.