Capítulo 16. La camilla
Faltaba una camilla plegable del almacén de la base donde trabajaba Sergio. Había salido sin registrar tres semanas antes. Un compañero recordó que Sergio dijo necesitarla para trasladar a su padre, aunque su padre vivía en otra provincia y caminaba sin ayuda.
La geolocalización de la ambulancia privada situaba el vehículo a dos calles de la casa. Sergio había desactivado el sistema principal, pero no el módulo de mantenimiento, que enviaba la posición cada quince minutos.
Cuando Mara fue a buscarlo, su piso estaba vacío. Sobre la mesa quedaban una taza con café seco y un dibujo infantil. En el armario faltaban dos camisas. No parecía una fuga preparada; parecía la obediencia apresurada a una amenaza.
Rubén encontró una nota bajo el dibujo: **No llames a Vera. Él ve las llamadas.**
El teléfono de Sergio se encendió esa noche cerca de una finca administrada por una sociedad de Tomás. Duró cuarenta segundos.
—Quiere que lo sigamos —dijo Rubén.
—O quiere que pensemos que Sergio actúa solo.
Mara pidió registrar los garajes de las sociedades vinculadas a Aranda. No buscaban únicamente una camilla. Buscaban el lugar donde una persona acostumbrada a manejar edificios escondería algo que necesitaba mover otra vez.