Capítulo 15. La llave
Nuria entregó la llave después de que Mara le mostrara las marcas de ruedas del patio. Abría una puerta baja al fondo del corredor oculto. Desde allí se llegaba a un pasaje de servicio compartido por tres edificios y, después, a un garaje de la calle paralela.
—Tomás me pagó por una copia —admitió—. Dijo que necesitaba revisar una tubería. Yo debía dinero de la residencia de mi hermana.
—¿Cuándo?
—Hace seis meses.
La víspera del crimen, Tomás la llamó y le pidió que dejara la puerta sin cerrojo. Nuria aceptó. A las ocho y media oyó a Adrián gritar que no pensaba seguir cobrando. Después un golpe. Más tarde, ruedas pequeñas sobre las baldosas.
—Miré por la mirilla —dijo—. Vi a Sergio empujando una camilla. Tomás iba detrás.
—¿Adrián estaba encima?
Nuria bajó la mirada.
—Había una manta.
Mara requisó la llave. No absolvió a Nuria ni la humilló. Le explicó que una necesidad económica podía explicar la primera decisión, pero no las siguientes.
—El miedo no borra lo que hizo —dijo—. Sólo nos dice por qué tardó tanto en contarlo.