Capítulo 14. La cinta
La voz de Emilia surgió entre chasquidos y ruido de fondo. Hablaba deprisa, como quien graba antes de arrepentirse.
«Las cuentas no cuadran. Tomás usa la cooperativa para sacar dinero. Adrián oyó la discusión. No tiene la culpa de tener miedo».
Después se escuchó una puerta. Una voz masculina dijo algo ininteligible. La grabación se cortaba justo antes del nombre que todos esperaban.
Vera se quitó los auriculares.
—Mi madre cayó por la escalera una semana después.
El suicidio de Emilia se había cerrado en 2006. No hubo autopsia completa ni investigación patrimonial. Adrián, con veintidós años, declaró que su madre llevaba meses deprimida y que nadie más estaba en la casa.
—Mintió —dijo Vera.
—Sí.
—Entonces ayudó a Tomás.
—O Tomás consiguió que creyera que mentir era la única forma de protegerla a usted.
Vera rechazó la idea porque era más fácil odiar a un hermano adulto que mirar al muchacho que había sido. Mara conocía aquel mecanismo. La culpa necesitaba una figura estable; el miedo siempre cambiaba de sitio.
La restauradora de audio señaló una anomalía: el corte no pertenecía al final físico de la cinta. Alguien había grabado silencio encima durante diecisiete segundos.