Capítulo 9. Las dos sangres
El laboratorio confirmó que la sangre junto a la mesa pertenecía a Adrián. Había otra muestra diluida en el fregadero: femenina y compatible con Vera.
Vera enseñó un corte pequeño en la base del pulgar. Dijo que se lo había hecho restaurando una cómoda. La herida tenía dos días, quizá tres. Podía explicar la sangre; no explicaba por qué el fregadero había sido aclarado aquella noche.
—El cuerpo estaba aquí mientras ella pedía ayuda —dijo Rubén.
—Y ya no estaba cuando llegamos.
En el reflejo oscuro del microondas aparecía una silueta que no correspondía a Vera. Sólo un hombro, parte de una chaqueta y un brillo azul junto a la mano.
Mara amplió la imagen hasta que los píxeles borraron cualquier certeza. La chaqueta podía ser de Sergio. El brillo podía ser una llave, una herramienta o nada.
Vera había fotografiado a su hermano y, sin querer, también a la persona que esperaba detrás de ella.