El cuarto que faltaba (Casos de Mara Cid 2) Capítulo 8. La vecina
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Capítulo 8. La vecina

Nuria Vela abrió con la cadena puesta. Había cambiado la bata por un vestido negro y se había pintado los labios con una precisión que no encajaba con las siete de la mañana.

Negó conocer a Tomás Aranda. Negó haber entrado en la casa desde el entierro de Amparo. Negó saber que el armario se movía.

Mara no le mostró las iniciales. Le preguntó por las voces de la noche anterior.

—La de Vera y la del hermano. Después llegó el marido.

—Están separados.

—Para mí sigue siendo el marido.

—¿Y una cuarta voz?

Nuria tardó una fracción de más.

—La televisión.

Al despedirse, una llave golpeó contra algo metálico dentro de su bolsillo. Mara vio un aro antiguo con tres dientes largos, distinto de las llaves modernas del edificio. No pidió registrarla. Necesitaba saber para qué servía antes de obligarla a entregarla.

En el rellano, Rubén señaló una rozadura a la altura del rodapié. Era paralela al suelo y continuaba hasta la puerta de servicio, tapiada por el lado del portal desde hacía años.

—Si no podían salir por delante —dijo—, salieron por detrás.

Mara miró la mirilla cerrada de Nuria.

—Y alguien les abrió.