CAPÍTULO 28 #3
Arrancó la Hilux. Tomó la ruta hacia la casa. Tres minutos. El algarrobo en el jardín. La acequia seca al costado del camino. La ventana de la cocina iluminada porque había dejado la luz encendida al salir.
Entró. Fue a la cocina. Puso la pava al fuego.
El cuaderno lo había dejado en La Posta sobre la mesa. Se dio cuenta cuando el agua empezó a hervir.
Lo pensó un momento. Lo dejó ahí.
El Juicio
El juicio oral contra Al-Rashid arrancó cuatro meses y tres semanas después del aterrizaje en Ezeiza.
Tribunal Oral Federal número dos de Buenos Aires. Tres jueces. Cuarenta y dos días de audiencias distribuidas en ocho semanas.
Rosas como fiscal principal. Palacios como testigo clave en la segunda semana. Ferrero como perito técnico en la tercera.
Ferrero viajó a Buenos Aires el domingo anterior a su declaración. El mismo hotel de siempre a tres cuadras de la fiscalía federal. La misma habitación con vista a la calle.
Declaró el martes durante cincuenta y un minutos.
La cronología completa desde el pendrive de Salcedo hasta el contenedor del Estrella del Plata.
La cadena de evidencia técnica. El rol de Amari en la arquitectura del sistema.
La firma técnica de los detonadores versión siete en el atentado de Taravella.
La defensa contrainterrogó durante diecinueve minutos. Ferrero respondió cada pregunta con la misma economía de palabras que había usado en los juicios de Santucho y Arencibia años antes. Datos, fechas, números. Sin interpretaciones, ni opiniones. Solo lo que la evidencia decía.
El juez presidente agradeció la declaración y lo liberó.
Ferrero salió del tribunal a las 14:30. Tomó el vuelo de las 17:00 de vuelta a Córdoba. El miércoles estaba en Cosquín dando clases.
La declaración de Palacios había durado tres horas y cuarenta minutos en la segunda semana. El relato completo del operativo desde el Patio Olmos hasta El Cairo. Las decisiones tomadas, los resultados obtenidos y el precio pagado por cada una.
La defensa intentó usar el protocolo de excepción como argumento de contaminación de prueba. Rosas lo bloqueó en cuatro minutos citando la resolución del tribunal disciplinario que había validado las circunstancias del procedimiento irregular.
La misma compostura de siempre. Los mismos abogados. La misma estrategia de atacar la cadena de atribución que el tribunal egipcio ya había rechazado y que el tribunal argentino rechazó por las mismas razones en la semana cinco.
La semana ocho fue la última.
Los alegatos finales. Rosas durante cuatro horas. La defensa durante tres. El tribunal se retiró a deliberar el viernes al mediodía.
Palacios esperó el veredicto en la sala con Bianco.
Rosas en la antesala con el equipo de la fiscalía. Ferrero lo siguió por televisión en La Posta del Cóndor con Reinaldo limpiando el mostrador de fondo.
El tribunal volvió el lunes a las 11:00.
El juez presidente leyó el veredicto en doce minutos. Culpable en todos los cargos.
Financiamiento y dirección de operaciones terroristas en territorio argentino. Treinta y ocho años de condena.
Mohammed Al-Rashid. Cincuenta y dos años. Noventa cuando cumpliera la condena. El mismo cálculo que con Santucho y con Arencibia. Ninguno de los tres salía en vida.
Palacios miró la sala del tribunal cuando el juez terminó de leer. Los periodistas tomando notas. Los funcionarios de la fiscalía reuniéndose alrededor de Rosas. Los abogados de la defensa hablando en voz baja con Al-Rashid que escuchaba sin cambiar la expresión.
Bianco le puso una mano en el hombro tres segundos. Palacios asintió.
Salió de la sala al pasillo. Se apoyó contra la pared de mármol. Respiró hondo una vez.
El Pasillo
Rosas la encontró en el pasillo cinco minutos después. Venía con el equipo de la fiscalía detrás, los teléfonos sonando, los periodistas esperando en la entrada del tribunal para la declaración oficial. El tipo de momento donde todo ocurre al mismo tiempo y nadie para.
Rosas paró. Se acercó a Palacios. Le extendió la mano. Palacios se la estrechó un segundo más de lo habitual.
—Lo logramos —dijo Rosas en voz baja. Palacios asintió. Era suficiente.
—¿Cómo estás?
Palacios miró el pasillo de mármol del tribunal federal de Buenos Aires. Los periodistas al fondo. El equipo de la fiscalía esperando a Rosas. Bianco hablando por teléfono junto a la ventana.
—Cansada —dijo Palacios—. Bien. Las dos cosas juntas. Rosas asintió.
—Hay algo que tengo que decirte —dijo Rosas—. El tribunal disciplinario emitió la resolución final esta mañana. Me llegó mientras estaba adentro esperando el veredicto.
Palacios la miró.
—La sanción leve queda firme en el legajo —dijo Rosas—.
Pero el tribunal agrega una nota de reconocimiento por los resultados operativos de la causa.
Es la primera vez en doce años que el tribunal disciplinario agrega una nota de reconocimiento a una sanción.
El presidente del tribunal me llamó personalmente para decirme que consideraron que el contexto lo ameritaba.
Palacios miró el piso un momento.
—Una sanción y un reconocimiento en el mismo legajo —dijo Palacios.