EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

EL MAPA

Buenos Aires

Palacios lo esperaba en la puerta de llegadas con dos cafés.

—¿Cómo estuvo el vuelo? —preguntó Ferrero.

—Al despegar el avión pasó sobre el ala norte —dijo Palacios—. Se ve desde la ventanilla. El cráter todavía humea.

Tomaron un taxi hacia el centro. Rosas había reservado dos habitaciones en un hotel a tres cuadras de la fiscalía federal. Palacios había llegado ese mismo día desde Córdoba en el vuelo de las 18:00.

En el taxi Ferrero miró por la ventanilla el tráfico del lunes a la noche en Buenos Aires. La ciudad funcionando con su ritmo habitual indiferente a todo lo que no fuera propio.

—¿Leíste el informe de Bianco? —preguntó Ferrero.

—Lo leí en el avión —dijo Palacios—. Cuarenta y dos millones de dólares en activos locales. Dieciséis cuentas. Ocho sociedades. Cuatro propiedades en Buenos Aires, dos en Córdoba, una en Mendoza.

—Y el contenedor —dijo Ferrero.

—Y el contenedor —confirmó Palacios—. Eso es lo que cambia todo.

Los activos financieros son el objetivo institucional.

El contenedor es el objetivo táctico. Si hay equipamiento de Amari adentro y el barco zarpa el jueves, ese material llega a Al-Rashid o a quien Al-Rashid lo haya vendido mientras estábamos mirando para otro lado.

—¿Qué barco es?

—Un carguero de bandera panameña —dijo Palacios—. El Estrella del Plata. Capacidad de dos mil contenedores.

—Sale del Puerto de Buenos Aires el jueves a las 06:00 con destino a Valencia, España. Con escala en Montevideo y en Santos, Brasil.

—Santos —dijo Ferrero.

—Brasil —dijo Palacios—. La ruta de entrada original de Amari en 2023. Al-Rashid usa los mismos canales de siempre.

El taxi los dejó frente al hotel a las 22:20. Rosas los esperaba en el lobby con el expediente actualizado y la expresión de quien lleva tres días durmiendo cuatro horas.

—Mañana a las 09:00 —dijo Rosas—. Esta noche descansen. Los dos. Mañana es un día largo.

Ferrero subió a la habitación. Dejó la mochila sobre la cama. Se sacó la campera de Morales y la colgó en el respaldo de la silla. El cuaderno lo puso sobre la mesita de noche.

Se sentó en el borde de la cama. Miró el cuaderno. Lo abrió en la última página escrita. Las líneas de tres años atrás. El nombre de Amari. Y debajo, todo lo que había pasado desde entonces hasta esta habitación de hotel en Buenos Aires un lunes a la noche.

Escribió una sola línea nueva.

Al-Rashid. Puerto de Buenos Aires. Jueves 06:00. Cerró el cuaderno. Apagó la luz.

El Contenedor

La reunión del martes arrancó a las 09:00 en punto.

La sala de la fiscalía federal de Buenos Aires tenía una mesa larga con seis sillas.

Rosas en la cabecera. Palacios y Ferrero a la izquierda.

Bianco y un analista de inteligencia portuaria que Rosas había convocado a la derecha.

Trejo conectado por videollamada desde Córdoba en la pantalla del fondo.

Bianco presentó el mapa de activos en veinte minutos.

Cuatro propiedades en Buenos Aires: un edificio de oficinas en Microcentro, un depósito en Dock Sud, un departamento en Puerto Madero y un local comercial en Palermo.

Dos propiedades en Córdoba: una casa en Barrio Jardín distinta a la de Richieri y un galpón en la zona industrial de Ferreyra. Una en Mendoza: una bodega en el Valle de Uco con operación turística de fachada.

Dieciséis cuentas bancarias en tres países: Argentina, Uruguay y Paraguay. Total estimado en activos locales: cuarenta y dos millones de dólares.

Ocho sociedades de pantalla conectadas en cadena. La última de la cadena era la que figuraba como propietaria del contenedor número APLU4471823 a bordo del Estrella del Plata.

El analista de inteligencia portuaria tomó la palabra.

—El contenedor APLU4471823 ingresó al puerto el viernes pasado —dijo el analista—.

Manifiesto de carga declarado: equipamiento electrónico industrial de origen europeo destinado a una empresa de telecomunicaciones en Valencia.

El peso declarado es de dos mil trescientos kilogramos.

El peso registrado por la báscula del puerto es de dos mil seiscientos cuarenta kilogramos.

Trescientos cuarenta kilogramos de diferencia con el manifiesto.

—¿Qué pesa trescientos cuarenta kilogramos extra? —preguntó Ferrero.

—Con la densidad del RDX —dijo Bianco—, trescientos cuarenta kilogramos son suficientes para cargar aproximadamente doscientos ochenta dispositivos del tipo de los incautados en Barracas y la Terminal.

La sala quedó en silencio.

—Doscientos ochenta detonadores versión siete —dijo Palacios—. Con trescientos cuarenta kilogramos de RDX.

—Si Al-Rashid tiene los planos de Amari y acceso a síntesis de RDX —dijo Bianco—, pudo haber producido ese material en los últimos meses mientras la causa avanzaba.

—¿Dónde fue sintetizado? —preguntó Rosas.

—Eso lo está trabajando inteligencia exterior —dijo Bianco—. La hipótesis más sólida es un laboratorio en los Emiratos o en un país vecino con regulación laxa.

Rosas miró el expediente un momento. —¿El contenedor puede ser abierto antes del zarpe? —preguntó.

—Con una orden judicial de inspección de Aduana sí —dijo el analista—. El problema es el tiempo. La orden tiene que estar firmada antes de las 18:00 del miércoles para que Aduana pueda ejecutar la inspección antes del zarpe del jueves a las 06:00.

—¿Cuánto tiempo para conseguir la orden? —preguntó Palacios.

—Con la evidencia que tenemos —dijo Bianco—, un juez federal puede firmarla en dos horas.

—Sin pasar por el canal estándar —dijo Palacios.

—Esta vez sí pasamos por el canal estándar —dijo Rosas—. Tenemos la evidencia. No necesitamos el protocolo de excepción. El diferencial de peso del contenedor más la cadena societaria que lo conecta con Al-Rashid es suficiente para cualquier juez federal.

Palacios miró a Ferrero.

Ferrero miró el mapa de activos sobre la mesa. El punto rojo sobre el puerto de Buenos Aires circulado en rojo.

—¿Cuándo pedimos la orden? —preguntó Ferrero.

—Ahora —dijo Rosas.

La Orden

El juez federal firmó la orden de inspección a las 11:47.

Rosas la había presentado personalmente en el juzgado a las 10:15 con el expediente completo: el diferencial de peso del contenedor, la cadena societaria que lo conectaba con Al-Rashid, los manifiestos de carga cruzados con la firma técnica de Amari y el informe de inteligencia portuaria de Bianco.

El juez tardó noventa minutos en leerlo todo y cuatro minutos en firmarlo.

Aduana ejecutaría la inspección del contenedor APLU4471823 el miércoles a las 14:00.

Palacios coordinó el operativo simultáneo de congelamiento de activos para el mismo miércoles a las 14:00. Dieciséis cuentas bancarias. Ocho sociedades. Siete propiedades. Todo en el mismo momento para que Al-Rashid no tuviera tiempo de mover nada antes de que cayera lo siguiente.

El martes a la tarde Ferrero y Palacios revisaron el mapa de activos en la sala de la fiscalía con Bianco.

—Las propiedades de Córdoba —dijo Ferrero—. La casa de Barrio Jardín y el galpón de Ferreyra. ¿Quién coordina el congelamiento ahí?

—Trejo coordina con el juzgado federal de Córdoba —dijo Bianco—. Esta vez el canal es el estándar. Sin protocolos de excepción. La orden judicial cubre todas las jurisdicciones.

—¿Ferral sigue en libertad vigilada? —preguntó Palacios.

—Ferral y Vega están bajo vigilancia activa —dijo Bianco—. Sus comunicaciones están intervenidas. Si Al-Rashid intenta contactar a alguno de los dos para avisarles del congelamiento, lo sabemos antes de que ocurra.

—¿Y si Al-Rashid ya sabe? —preguntó Ferrero.

—Si ya sabe —dijo Bianco—, el contenedor del Estrella del Plata está vacío o lleno de lo que dice el manifiesto. Lo confirmamos mañana a las 14:00.

Ferrero miró el punto rojo sobre el puerto en el mapa de la pared. —¿Qué pasa si el contenedor tiene el material y Al-Rashid lo sabe antes de que Aduana entre? —preguntó.

—El barco zarpa el jueves a las 06:00 —dijo Bianco—. Si Al-Rashid ordena mover el contenedor antes de la inspección, Aduana tiene autoridad para retener cualquier contenedor bajo orden judicial activa. El contenedor no sale del puerto.

—¿Y si intenta sacarlo por otro medio?

—El puerto de Buenos Aires tiene un solo acceso terrestre autorizado para contenedores de ese tamaño —dijo Bianco—. La Avenida Antártida Argentina. Dos agentes federales en ese acceso desde esta noche.

Rosas entró a la sala a las 17:30 con el teléfono en la mano.

—Interpol Dubai —dijo Rosas—. Al-Rashid salió de los Emiratos esta mañana a las 06:00 hora local en un vuelo privado. Destino declarado: Ginebra, Suiza.

Los tres la miraron.

—Se mueve —dijo Palacios.

—O escapa —dijo Ferrero—. Si sabe que el congelamiento viene, Suiza tiene tratados de protección de activos que complican la extradición.

—Interpol activó seguimiento sobre el vuelo —dijo Rosas—. Llegó a Ginebra a las 10:00 hora local. Está en un hotel del centro. Las autoridades suizas fueron notificadas.

—¿Cooperan? —preguntó Palacios.

—Por ahora observan —dijo Rosas—. Suiza coopera cuando tiene evidencia suficiente. Mañana después de la inspección del contenedor tenemos esa evidencia.

Ferrero miró el mapa. El punto rojo sobre el puerto. Otro punto imaginario sobre Ginebra.

Al-Rashid moviéndose mientras ellos movían piezas desde Buenos Aires.

El Miércoles

El miércoles a las 14:00 ocurrieron cuatro cosas simultáneamente.

Los equipos de Aduana abrieron el contenedor APLU4471823 en el Puerto de Buenos Aires. El juzgado federal emitió las órdenes de congelamiento sobre las dieciséis cuentas y las ocho sociedades. Los agentes federales sellaron las siete propiedades en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.

Y Trejo ejecutó desde Córdoba el bloqueo técnico de los sistemas financieros vinculados a la cadena societaria de Al-Rashid en Argentina.

Catorce años de estructura. Desmantelada en cuatro minutos.

Palacios coordinó desde la fiscalía federal de Buenos Aires con Rosas a su lado. Ferrero monitoreaba por teléfono con Bianco en la sala.

El primer reporte llegó a las 14:08.