EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 26 #4
90%

CAPÍTULO 26 #4

—Palacios —dijo el presidente—. La resolución del tribunal es la siguiente.

El uso del protocolo de excepción antiterrorista en las dos instancias documentadas fue irregular en términos de procedimiento estándar.

Sin embargo el tribunal considera que las circunstancias operativas específicas, documentadas en el informe del director Garmendia, justifican el criterio aplicado.

La resolución es sanción administrativa leve con constancia en el legajo.

El apartamiento de funciones operativas de campo queda sin efecto a partir de las 12:00 de hoy.

Palacios miró al presidente dos segundos. —Gracias —dijo Palacios. Bajó al tercer piso. Entró a la oficina.

Trejo la miró desde los monitores, las cejas levantadas. No hizo falta que preguntara.

—Sanción leve —dijo Palacios—. Vuelvo al campo a las 12:00.

Trejo asintió. Volvió a los monitores sin decir nada más. Era su forma de celebrar.

Palacios se sentó frente al escritorio. Miró el expediente. Miró el sobre del Ministerio que todavía estaba ahí desde el miércoles de la semana anterior. Lo abrió. Sacó la notificación de apartamiento. La dobló en cuatro. La guardó en el cajón inferior del escritorio.

Llamó a Rosas.

—Sanción leve —dijo Palacios cuando Rosas atendió—. Vuelvo al campo.

—Lo sé —dijo Rosas—. El presidente del tribunal me llamó hace diez minutos. Palacios, lo que sigue es distinto a todo lo que hicieron hasta ahora. Al-Rashid está en Dubai con inmunidad de facto. La extradición es un proceso largo. Pero hay algo que podemos hacer mientras el proceso corre.

—¿Qué?

—Al-Rashid tiene activos en Argentina —dijo Rosas—. Propiedades, cuentas, sociedades. El mismo patrón que Arencibia pero a mayor escala. Si congelamos esos activos y los exponemos públicamente, le cortamos el financiamiento local y lo dejamos sin infraestructura en el país.

—¿Tenés los activos identificados?

—Bianco lleva tres días trabajando en eso —dijo Rosas—. El martes tiene el mapa completo. Necesito que vos y Ferrero estén en Buenos Aires el martes.

Palacios miró el expediente. —El martes en Buenos Aires.

—Y Palacios —dijo Rosas—. Buen trabajo. Con todo.

Cortó. Miró el reloj. Las 11:20. Cuarenta minutos para las 12:00. Llamó a Ferrero.

La Llamada

Ferrero estaba en Cosquín cuando atendió.

Había vuelto el sábado después del atentado de Taravella.

El domingo dio clases de recuperación a los alumnos de tercero que habían pedido consulta para el parcial de la semana siguiente.

El lunes y el martes habían pasado con la normalidad específica de Cosquín: el algarrobo, el mate en el escalón, las clases, el café con Reinaldo en La Posta del Cóndor.

Pero cada noche abría el cuaderno en la página de Tarek Amari y leía las líneas que había escrito tres años atrás. Y debajo de esas líneas, las que había agregado en los últimos meses. El nombre de Al-Rashid. Los veintisiete muertos de Taravella. El ala norte colapsada.

El cuaderno seguía abierto.

—Volvés al campo —dijo Ferrero cuando Palacios habló.

—A las 12:00 de hoy —dijo Palacios—. Sanción leve con constancia en el legajo. El tribunal consideró las circunstancias.

—Era lo que correspondía —dijo Ferrero.

—Sí —dijo Palacios—. Julián, el martes en Buenos Aires. Bianco tiene el mapa de activos de Al-Rashid en Argentina. Rosas quiere congelarlos y exponerlos públicamente. Es la única palanca que tenemos mientras la extradición corre.

Ferrero miró el algarrobo por la ventana de la cocina. Las primeras hojas del otoño empezando a caer sobre el jardín.

—¿Qué tan grande es el mapa? —preguntó.

—Bianco dice que Al-Rashid tiene activos en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza —dijo Palacios—. Propiedades, sociedades, cuentas. El mismo esquema de Arencibia pero con más capas y más dinero.

—Si congelamos los activos y Al-Rashid lo sabe antes de que podamos actuar

—dijo Ferrero—, mueve lo que pueda y lo que queda es lo que no le importa perder.

—Por eso necesito que lo hagamos en simultáneo —dijo Palacios—. Todas las jurisdicciones al mismo tiempo. Sin que nadie sepa antes de que ocurra.

—Sin pasar por el canal judicial estándar hasta el último momento.

—Otro protocolo de excepción —dijo Ferrero.

—El último —dijo Palacios—. Con la sanción en el legajo ya tengo poco más que perder institucionalmente.

Ferrero se rió dos segundos. Era la primera vez en días.

—El martes en Buenos Aires —dijo Ferrero—. ¿A qué hora?

—Las 10:00 en la fiscalía federal —dijo Palacios—. Con Rosas y Bianco.

—Llego el lunes a la noche —dijo Ferrero.

—¿Podés dejar las clases?

—El director ya sabe que esto pasa —dijo Ferrero—. Desde la primera vez aprendió a tener un suplente disponible.

Palacios hizo una pausa.

—Ferrero —dijo Palacios.

—Sí.

—Los veintisiete de Taravella —dijo Palacios—. No cierro el expediente hasta que Al-Rashid no tenga consecuencias reales. Una sanción administrativa en mi legajo es un costo menor comparado con eso.

—Lo sé —dijo Ferrero—. Por eso el martes en Buenos Aires. Cortó.

Ferrero cerró el cuaderno. Lo dejó sobre la mesa de la cocina. Fue hasta el placard del dormitorio. Abrió la puerta. La campera de Morales en el gancho. El chaleco antibalas nivel IIIA en el estante.

Lo miró diez segundos. Lo bajó del estante. Lo dejó sobre la cama junto a la mochila táctica.

Después fue a la cocina. Preparó mate. Se sentó en el escalón de la entrada con la puerta abierta y el aire frío de Cosquín golpeándole la cara.

El algarrobo quieto en el jardín. Lunes a la noche. Buenos Aires. Al-Rashid. El cuaderno todavía abierto adentro.