EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 26 #3
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CAPÍTULO 26 #3

El perito de explosivos del Ministerio estaba agachado junto a una marca en el piso del sector de llegadas a unos veinte metros del perímetro de los escombros. Ferrero se acercó.

—Dos cargas —dijo el perito sin que Ferrero preguntara—.

Foco uno acá. Foco dos a unos dieciocho metros hacia el norte, debajo de la columna portante principal del ala.

La segunda carga era mayor. Entre dos y tres kilogramos de RDX.

La primera entre uno y uno y medio. La segunda fue la que colapsó el techo.

—¿Temporizador o detonación remota? —preguntó Ferrero.

—Detonación remota —dijo el perito—. Encontramos fragmentos de un circuito de activación en el foco uno. El patrón es el mismo que los dispositivos incautados en la Terminal la semana pasada.

Ferrero miró los fragmentos del circuito en la bolsa de evidencia que el perito sostenía. La versión siete de Amari. El mismo detonador de largo alcance que había encontrado en la mochila en el ducto clausurado de la Terminal.

—Amari diseñó estos dispositivos antes de ser detenido —dijo Ferrero—. Alguien más los ensambló y los instaló.

—Eso es lo que indica la evidencia —dijo el perito.

Ferrero llamó a Palacios. —Dos cargas RDX —dijo—. Detonación remota. Circuitos de activación versión siete de Amari. Al-Rashid tenía los diseños y fabricó nuevos dispositivos.

—Amari le pasó los esquemas antes de ser detenido —dijo Palacios—. La versión siete estaba en las notebooks de Richieri. Si Al-Rashid tenía acceso a esas notebooks antes de que las incautáramos, tiene los planos completos.

—¿Cuándo accedió Amari a las notebooks por última vez antes del allanamiento de Richieri? —preguntó Ferrero.

—Trejo —dijo Palacios—. ¿Cuándo fue el último acceso remoto a las notebooks de Richieri antes del sábado?

Trejo buscó dos minutos. —El jueves previo al allanamiento —dijo—. Conexión cifrada de cuarenta y dos minutos desde una IP de los Emiratos Árabes Unidos.

—Al-Rashid descargó todo el jueves —dijo Palacios—. Dos días antes de que Amari escapara por la ventana. Sabía que la red estaba comprometida y aseguró los diseños antes de que los perdiéramos.

Ferrero miró los escombros del ala norte. Los equipos de rescate sacando a una persona atrapada entre dos bloques de hormigón. La mujer gritaba. Estaba viva. Veintitrés muertos. El número que Trejo le había mandado por mensaje diez minutos antes.

—Palacios —dijo Ferrero.

—Sí.

—Al-Rashid tiene los diseños, tiene gente operativa en Argentina y acaba de demostrar que puede usarlos cuando quiere —dijo Ferrero—. Esto no terminó con Amari.

—Lo sé —dijo Palacios—. Y el tribunal disciplinario también lo va a saber mañana a la mañana.

La Presión

La noticia del atentado al aeropuerto Taravella dominó todos los medios desde las 14:00. Canales de noticias en cadena. Imágenes del ala norte colapsada repetidas en loop. El humo visible desde el centro de Córdoba como telón de fondo de cada transmisión en vivo.

El número de muertos subiendo cada hora: veintidós, veinticinco, veintisiete.

Los heridos graves en el Hospital Privado y en el Hospital de Urgencias llenando las salas de guardia.

El Presidente de la Nación emitió un comunicado a las 15:30.

El Gobernador de Córdoba convocó una conferencia de prensa para las 17:00.

El Ministerio de Seguridad activó el protocolo de emergencia antiterrorista nacional por primera vez desde su creación.

A las 16:00 el nombre de Palacios apareció en los medios.

Un periodista del canal de noticias más visto del país citó fuentes del Poder Judicial afirmando que la detective Analía Palacios había liderado la causa que desmanteló la red de Amari semanas antes y que actualmente enfrentaba una investigación administrativa por irregularidades de procedimiento.

La misma causa. El mismo expediente. Y ahora un segundo atentado que demostraba que la amenaza no había sido neutralizada completamente.

Palacios vio su nombre en el zócalo del canal desde la oficina de la fiscalía. Lo miró diez segundos. Apagó el monitor.

Trejo la miró desde los monitores.

—¿Querés que busque quién filtró el nombre a los medios? —preguntó Trejo.

—No —dijo Palacios—. No importa quién filtró. Importa lo que viene después.

Lo que vino después llegó a las 17:43. El presidente del Tribunal Disciplinario llamó al teléfono fijo de la fiscalía.

—Palacios —dijo el presidente del tribunal—. A la luz de los acontecimientos de hoy el tribunal ha decidido acelerar el proceso de resolución. La audiencia complementaria será mañana viernes a las 09:00. La resolución final se emite ese mismo día antes de las 18:00.

—Entendido —dijo Palacios.

—Una cosa más —dijo el presidente—. El director Garmendia presentó esta tarde ante el tribunal un informe complementario sobre las circunstancias operativas que motivaron el uso del protocolo de excepción. El tribunal lo incorporó al expediente disciplinario.

Palacios miró el escritorio. —¿Puedo preguntar el contenido del informe?

—El informe documenta la existencia de una filtración activa en el sistema judicial que comprometió dos operativos previos —dijo el presidente—. Y establece que sin el uso del protocolo de excepción la captura de Amari y Mansour no hubiera sido posible en los tiempos en que ocurrió.

—Gracias —dijo Palacios.

—Mañana a las 09:00 —dijo el presidente. Cortó.

Palacios apoyó el teléfono. Miró la ventana. Rosas llamó dos minutos después.

—Garmendia presentó el informe —dijo Palacios antes de que Rosas hablara.

—Lo sé —dijo Rosas—. Lo coordiné con él esta tarde. El atentado de hoy cambió el contexto político del tribunal. Lo que antes era una irregularidad de procedimiento ahora es una decisión que salvó vidas demostrablemente. El tribunal lo sabe y lo saben quienes los presionan desde arriba.

—¿La resolución de mañana? —preguntó Palacios.

—No puedo prometerte nada —dijo Rosas—. Pero el contexto cambió.

—¿Y Al-Rashid?

—Al-Rashid demostró hoy que tiene capacidad operativa en Argentina —dijo Rosas—. Eso convierte esta causa en prioridad nacional. Mañana a las 10:00 tengo reunión con el Ministerio de Relaciones Exteriores para iniciar el proceso de extradición formal desde Dubai.

—Eso tarda meses —dijo Palacios.

—Sí —dijo Rosas—. Pero empieza mañana. Palacios miró el expediente sobre la mesa.

Veintisiete muertos en Taravella. El número que Trejo había actualizado a las 17:00.

Mañana a las 09:00.

La Resolución

La audiencia complementaria duró cuarenta minutos.

El mismo tribunal. La misma sala del cuarto piso.

Palacios de pie frente a los tres miembros con el expediente bajo el brazo.

Esta vez el ambiente era distinto. Los tres miembros del tribunal habían leído el informe de Garmendia.

Habían visto las imágenes de Taravella en los medios.

Sabían que veintisiete personas habían muerto en el aeropuerto de Córdoba y que la causa que Palacios había llevado era la única razón por la que la Terminal de Ómnibus no había volado la semana anterior.

El presidente del tribunal leyó el informe de Garmendia en voz alta durante doce minutos.

La filtración en el sistema judicial. Los dos operativos comprometidos antes de usar el protocolo de excepción.

La captura de Amari y Mansour. El material incautado.

Los cuarenta y ocho detonadores versión siete que no llegaron a Al-Rashid.

Después levantó la vista hacia Palacios.

—¿Tiene algo que agregar a lo declarado el martes? —preguntó el presidente.

—Nada —dijo Palacios.

El tribunal deliberó veinte minutos en sala cerrada. Palacios esperó en el pasillo del cuarto piso con un café que alguien había dejado en la mesita de la entrada y que estaba frío cuando lo tomó.

A las 10:58 el presidente abrió la puerta.