CAPÍTULO 26 #2
—Aeropuerto Taravella —dijo Trejo—. Cámara del acceso norte.
Dos figuras con maletines de mano entrando por la puerta de embarques internacionales hace veintidós minutos.
El sistema de reconocimiento no los tiene en ninguna base de datos.
Documentación limpia según el registro de migraciones del aeropuerto.
Palacios miró la pantalla. —¿Vuelos internacionales en este momento?
—Un vuelo a Lima con salida en cuarenta minutos —dijo Trejo—. Y un vuelo a San Pablo con salida en una hora y diez.
Palacios marcó el número de Garmendia. Garmendia atendió al tercer tono.
—Necesito detener los vuelos internacionales del aeropuerto Taravella ahora
—dijo Palacios—. Dos figuras en el área de embarques internacionales sin perfil identificado. Posible amenaza activa.
—¿Tenés evidencia concreta? —preguntó Garmendia.
—Tengo un señuelo en el centro de la ciudad y dos figuras sin identificar en un aeropuerto —dijo Palacios—. Dame diez minutos para confirmarlo o lo descartamos.
—Diez minutos —dijo Garmendia—. Después necesito algo más sólido.
Palacios cortó. Miró el feed del aeropuerto en la pantalla. Las dos figuras habían desaparecido de la cámara del acceso norte.
Taravella
Trejo buscó las dos figuras ocho minutos en todas las cámaras disponibles del aeropuerto.
Las encontró en el feed de la cámara del pasillo de preembarque del sector internacional a las 12:34.
Caminaban despacio hacia las puertas de embarque del vuelo a Lima.
Maletines de mano. Ropa de viaje casual.
El tipo de aspecto que se diseña para no ser recordado.
—Los tengo —dijo Trejo—. Pasillo de preembarque internacional. Van al vuelo de Lima.
—¿Cuánto tiempo para el cierre de puerta? —preguntó Palacios.
—Veintiséis minutos —dijo Trejo. Palacios llamó a Garmendia.
—Dos figuras en preembarque internacional vuelo Lima —dijo Palacios—. Necesito detener ese vuelo y retener a los pasajeros para identificación.
—¿Evidencia de amenaza activa? —preguntó Garmendia.
—Patrón de movimiento consistente con operativo Al-Rashid —dijo Palacios
—. El señuelo del centro está actuando como distracción. Estas dos figuras son la operación real.
—¿Qué operación? —preguntó Garmendia.
—Eso es lo que necesito averiguar antes de que ese vuelo despegue —dijo Palacios.
Silencio de cuatro segundos. —Autorizo la retención del vuelo —dijo Garmendia—. El equipo de seguridad aeroportuaria retiene a los pasajeros en sala de espera para identificación. Tenés veinte minutos antes de que la aerolínea empiece a presionar legalmente.
—Veinte minutos alcanzan —dijo Palacios.
El equipo de seguridad aeroportuaria retuvo el vuelo a las 12:41. Los ciento cuatro pasajeros quedaron en sala de espera. Los agentes de Garmendia entraron al sector de preembarque y empezaron la identificación sistemática.
Palacios monitoreaba desde la fiscalía con Trejo. A las 12:53 el agente a cargo llamó.
—Las dos figuras del pasillo no están entre los pasajeros retenidos —dijo el agente—. Revisamos los ciento cuatro documentos. Nadie coincide con el perfil visual de las cámaras.
Palacios miró a Trejo.
—¿Cómo es posible? —preguntó Palacios.
—Dame un momento —dijo Trejo.
Trejo abrió el feed completo del sector internacional desde las 12:00 hasta ese momento y lo corrió en velocidad acelerada. A los tres minutos detuvo la reproducción.
—Salida de emergencia del sector de preembarque —dijo Trejo—. Las dos figuras salieron por la salida de emergencia lateral a las 12:38. Cuatro minutos antes de que el equipo de seguridad entrara al sector.
—Las vieron venir —dijo Palacios.
—Alguien les avisó —dijo Trejo.
Palacios miró el reloj. Las 12:57. El teléfono vibró. Era Ferrero llamando desde la Hilux.
—¿Cómo va? —preguntó Ferrero.
—Mal —dijo Palacios—. Las dos figuras salieron por emergencia antes de que llegara el equipo. Alguien dentro del operativo las avisó.
—Otra filtración —dijo Ferrero.
—Distinta —dijo Palacios—. Garmendia autorizó la retención del vuelo. El círculo era pequeño. Vos, yo, Trejo, Garmendia y el agente a cargo.
Ferrero procesó eso dos segundos.
—¿Dónde están las dos figuras ahora? —preguntó Ferrero.
—En el aeropuerto en algún punto —dijo Palacios—. La salida de emergencia da al sector de estacionamiento exterior. Si tienen vehículo pueden estar fuera del perímetro en tres minutos.
—Si ya salieron del aeropuerto —dijo Ferrero—, el señuelo del centro cumplió su función. Nos hizo mirar hacia adentro mientras algo pasaba afuera.
Palacios abrió la boca para responder. La pantalla de Trejo parpadeó.
Todas las cámaras del sector norte del aeropuerto Taravella se pusieron en negro simultáneamente.
Tres segundos después el sonido llegó hasta la fiscalía de Concepción Arenal.
Un golpe sordo y profundo que venía del norte de la ciudad.
El mismo sonido que Palacios había escuchado la noche del Patio Olmos.
El Ala Norte
A las 13:04 el ala norte del aeropuerto Taravella voló por los aires.
Trejo lo vio primero en las pantallas. Las cámaras del sector de llegadas internacionales parpadearon dos veces y desaparecieron simultáneamente. Cuatro segundos después las cámaras externas del perímetro norte mostraron una columna de humo negro y naranja subiendo desde el techo del edificio.
Palacios estaba de pie detrás de Trejo cuando ocurrió.
El sonido llegó a la fiscalía de Concepción Arenal ocho segundos después. Un golpe profundo y doble que hizo vibrar los vidrios de la ventana. Dos detonaciones con menos de un segundo de diferencia.
Dos focos simultáneos. El mismo patrón del Patio Olmos pero en escala incomparablemente mayor.
Trejo abrió todas las cámaras disponibles del aeropuerto.
Las del perímetro exterior mostraban el techo del ala norte colapsando hacia adentro en una nube de polvo y escombros.
El incendio arrancó en dos puntos del sector de llegadas y se extendió por el sistema de ventilación en menos de tres minutos.
Las ventanas del frente del terminal reventaron hacia afuera proyectando vidrio sobre la explanada donde había pasajeros con valijas esperando taxis.
Palacios llamó a Garmendia.
—Taravella —dijo Palacios.
—Lo estoy viendo —dijo Garmendia—. Dos cargas simultáneas en el sector de llegadas internacionales. El ala norte está colapsada. Hay gente adentro. Muchas personas adentro.
—Las dos figuras del preembarque —dijo Palacios—. Salieron por la emergencia y entraron al sector de llegadas por el lado contrario. Usaron el caos del vuelo retenido como cobertura.
—Lo sé —dijo Garmendia—. Ahora no importa cómo. Ahora importa cuántos.
Cortó.
Ferrero llamó desde la autopista.
—Lo vi desde acá —dijo Ferrero—. El humo llega a doscientos metros. Voy al aeropuerto.
—Andá —dijo Palacios—. Llamame cuando llegues al perímetro.
Trejo tenía seis pantallas abiertas. Las cámaras externas mostraban el caos de la explanada.
Pasajeros corriendo. Vehículos de emergencia entrando por La Voz del Interior con las sirenas encendidas.
El techo del ala norte hundido en un ángulo de cuarenta y cinco grados sobre la estructura interior.
El incendio visible desde las cámaras más alejadas del perímetro como una mancha naranja pulsante contra el cielo gris del mediodía.
Los primeros reportes del 107 llegaron a las 13:22. Trejo los leyó en voz alta.
—Veintidós muertos confirmados en el sector de llegadas.
Número provisorio. Hay personas atrapadas bajo los escombros del techo colapsado.
Ochenta y siete heridos trasladados al Hospital Privado y al Hospital de Urgencias.
El incendio activo en tres puntos. El ala norte fuera de estructura.
El aeropuerto cerrado por tiempo indefinido.
Palacios miró las pantallas. Veintidós muertos. El ala norte de Taravella colapsada. El aeropuerto internacional de Córdoba fuera de operación.
Al-Rashid había mandado el mensaje con toda la claridad posible: la red de Amari podía estar desmantelada pero él seguía operando.
Seguía teniendo gente. Seguía teniendo capacidad.
Y lo había demostrado en el aeropuerto de la segunda ciudad del país un jueves al mediodía con pasajeros, familias y turistas adentro.
—Trejo —dijo Palacios.
—Sí.
—Las dos figuras del preembarque —dijo Palacios—. Quiero todo lo que tengas. Cada frame de cada cámara desde que entraron al aeropuerto hasta que cortaron el sistema. Cada pixel disponible.
—Ya lo estoy procesando —dijo Trejo.
Palacios se quedó de pie detrás de Trejo mirando las pantallas. El humo sobre Taravella visible incluso desde las cámaras del centro de la ciudad. Veintitrés muertos. El número subió mientras miraba.
Los Escombros
Ferrero llegó al perímetro del aeropuerto a las 13:31.
La Avenida La Voz del Interior estaba cortada a cuatrocientos metros del acceso principal.
Vehículos de emergencia en todas las direcciones.
Bomberos, ambulancias, móviles de la Policía Provincial, dos camiones del Ejército que habían llegado desde el Tercer Cuerpo en el Camino a La Calera.
El humo del incendio seguía activo en el ala norte y el viento del norte lo empujaba sobre la ciudad en una columna densa y oscura visible desde cualquier punto de Córdoba.
Ferrero cruzó el perímetro con la credencial del Ministerio.
El sector de llegadas internacionales era irreconocible.
El techo del ala norte había colapsado en un radio de cuarenta metros aplastando la zona de cintas transportadoras de equipaje y el pasillo de acceso al estacionamiento interior.
Los escombros formaban una montaña de hormigón, metal retorcido y vidrio pulverizado de unos tres metros de altura en el punto más alto.
Los equipos de rescate trabajaban con perros y detectores de movimiento en los laterales del colapso buscando sobrevivientes atrapados.