EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

EL TRIBUNAL

El Martes

El Tribunal Disciplinario del Ministerio Público Fiscal de Córdoba funcionaba en el cuarto piso del mismo edificio de Concepción Arenal donde Palacios tenía su oficina.

Tres miembros: el presidente del tribunal, un vocal permanente y una vocal externa designada por el Ministerio de Seguridad de la Nación.

El presidente del tribunal leyó los cargos en seis minutos.

Uso del protocolo de excepción antiterrorista sin registro previo en el sistema judicial.

Dos instancias: el allanamiento de Laprida y la intervención de comunicaciones del teléfono de Mansour.

Ambas sin orden judicial previa. Ambas en el marco de una causa antiterrorista activa con material explosivo incautado y dos atentados documentados.

Palacios escuchó de pie con las manos cruzadas frente al cuerpo y el expediente apoyado contra la pierna derecha.

Cuando el presidente terminó le dio la palabra.

—El protocolo de excepción antiterrorista existe para ser usado —dijo Palacios—.

Lo usé en dos instancias donde el tiempo disponible para tramitar una orden judicial estándar era menor que el tiempo que Mansour y Amari necesitaban para desaparecer o para instalar el material en la Terminal de Córdoba.

En ambos casos la información obtenida fue determinante para el resultado operativo.

—El resultado no justifica el procedimiento —dijo el vocal permanente.

—En circunstancias normales no —dijo Palacios—. Estas no eran circunstancias normales. Había una filtración activa en el sistema judicial que había alertado al objetivo en dos oportunidades previas. Usar el canal judicial estándar era equivalente a avisarle con antelación.

—Eso es una evaluación subjetiva —dijo la vocal externa.

—Es una evaluación basada en evidencia documentada —dijo Palacios—.

El técnico Ferral del juzgado federal de Córdoba está imputado por filtración de información.

El técnico Vega del juzgado federal de Buenos Aires también.

Ambos accedieron al sistema de registro de órdenes judiciales dentro de los cuarenta minutos posteriores a la firma de cada orden.

Esa evidencia figura en el expediente que tienen frente a ustedes.

El presidente miró los documentos un momento.

—¿Reconoce haber actuado fuera del protocolo estándar? —preguntó el presidente.

—Reconozco haber usado el protocolo de excepción dentro de los parámetros legales que lo autorizan —dijo Palacios—.

La autorización de Garmendia está documentada en el expediente.

El protocolo de excepción es parte del sistema legal.

No es una violación del sistema. Es una herramienta del sistema que requiere criterio para ser usada.

—El criterio es exactamente lo que este tribunal evalúa —dijo el vocal permanente.

—Entiendo —dijo Palacios—. Y acepto esa evaluación.

El presidente anotó algo. Los otros dos miraron el expediente.

—La resolución se notifica en un plazo de treinta días hábiles —dijo el presidente—. Durante ese período continúa el apartamiento de funciones operativas de campo. Las funciones de coordinación y análisis se mantienen activas.

—Entendido —dijo Palacios.

Salió de la sala a las 11:23. Bajó al tercer piso. Entró a su oficina. Cerró la puerta.

Se sentó frente al escritorio. El expediente de la causa sobre la mesa. El sobre del Ministerio a la derecha.

A la izquierda, una taza de café que Trejo había dejado antes de que subiera al tribunal.

Todavía caliente. Lo tomó despacio mirando por la ventana el martes de Concepción Arenal.

Al-Rashid

Rosas llamó el miércoles a las 09:00. Palacios atendió desde la oficina con el expediente actualizado sobre la mesa. Trejo trabajaba en los monitores. Bianco había vuelto a Buenos Aires el lunes después de coordinar los traslados de Amari y Mansour a Ezeiza.

—El nombre Al-Rashid apareció en dos bases de inteligencia exterior —dijo Rosas—.

La primera es un informe de la CIA de 2019 sobre redes de financiamiento de armamento no convencional en el Golfo Pérsico.

La segunda es un reporte de inteligencia israelí de 2021 sobre tráfico de tecnología de doble uso hacia actores no estatales en tres continentes.

—¿Quién es? —preguntó Palacios.

—Mohammed Al-Rashid —dijo Rosas—. Cincuenta y dos años. Ciudadano de los Emiratos Árabes Unidos. Empresario formal con intereses en construcción, telecomunicaciones y logística. Patrimonio declarado de cuatrocientos millones de dólares. Oficialmente limpio en todos los registros formales.

—Igual que Arencibia —dijo Palacios.

—Igual que Arencibia —confirmó Rosas—. Por debajo de la estructura formal opera como intermediario entre grupos con necesidad de tecnología de armamento y proveedores con capacidad de desarrollarla. Amari era uno de sus proveedores. Probablemente no el único.

—¿Dónde está Al-Rashid?

—En Dubai —dijo Rosas—.

—Con inmunidad de facto por su posición económica y sus vínculos con el gobierno emiratí. Interpol tiene un archivo sobre él pero sin orden de captura activa porque nunca hubo evidencia suficiente para sostenerla en un tribunal internacional.

—Los mensajes de las notebooks de Amari —dijo Palacios—. Las comunicaciones con el servidor de los Emiratos.

—Eso es lo que Bianco está trabajando con el equipo de inteligencia exterior esta semana —dijo Rosas—.

Si los mensajes pueden ser atribuidos directamente a Al-Rashid y no a un intermediario, tenemos base para pedir una orden de captura internacional.

—¿Tiempo estimado?

—Meses —dijo Rosas—. Este nivel de coordinación internacional no se resuelve en semanas.

Palacios miró el expediente.

—¿Y mientras tanto?

—Mientras tanto Al-Rashid sigue en Dubai y busca otro proveedor —dijo Rosas—. La red de Amari está desmantelada pero la demanda que Al-Rashid representa sigue existiendo.

—Amari dijo que Al-Rashid mandaría a alguien más —dijo Palacios.

—Lo sé —dijo Rosas—. Por eso el expediente no cierra acá. Pasa a inteligencia exterior con seguimiento activo. Pero la parte que les correspondía a ustedes está terminada.

Palacios miró por la ventana. Concepción Arenal con el miércoles avanzando afuera.

—Rosas —dijo Palacios.

—Sí.

—El tribunal disciplinario —dijo Palacios—. La resolución en treinta días hábiles. ¿Qué esperás que digan?

Rosas tardó cuatro segundos en responder.

—El resultado de la operación pesa —dijo Rosas—. Dos atentados frustrados, red desmantelada, material incautado. Eso es difícil de ignorar incluso para un tribunal disciplinario.

—Pero el procedimiento fue irregular —dijo Palacios.

—El procedimiento fue irregular —confirmó Rosas—. Hay dos escenarios posibles. Sanción leve con reintegro pleno en noventa días. O separación del cargo con posibilidad de recurso.

—¿Cuál creés que va a ser?

—Creo que depende de cuánta presión política reciba el tribunal en los próximos treinta días —dijo Rosas—. Y eso depende de cuánto ruido haga la causa en los medios.

Palacios cerró los ojos dos segundos.

—No quiero ruido mediático —dijo Palacios.

—Lo sé —dijo Rosas—. Por eso no voy a generarlo. Lo que pase, pasa dentro del sistema.

—Gracias —dijo Palacios.

—No me agradezcas —dijo Rosas—. Es lo que corresponde. Cortó.

Trejo levantó la vista de los monitores.

—¿Al-Rashid? —preguntó.

—Dubai —dijo Palacios—. Meses para una orden internacional. No es nuestro problema por ahora.

Trejo asintió. Volvió a los monitores.

El Señuelo

El jueves a las 11:20 Trejo llamó a Palacios.

—Tengo un perfil nuevo en el sistema de reconocimiento facial del domo municipal —dijo Trejo—. Apareció esta mañana en dos cámaras distintas. Un hombre. Treinta y tantos años. Documentación tunecina según el cruce con migraciones. Entró al país hace cuatro días por el aeropuerto de Mendoza.

—Igual que Amari —dijo Palacios.

—Mismo patrón de entrada —dijo Trejo—. Y hay algo más. El perfil facial tiene un dieciséis por ciento de coincidencia con Karim Mansour. No es Mansour, Mansour está en Ezeiza. Pero el parecido físico es notable. Misma contextura, mismo rango de edad, mismo tipo de pelo.

Palacios se levantó de la silla. —¿Dónde está ahora?

—Última detección hace cuarenta minutos en la esquina de Colón y General Paz —dijo Trejo—. Caminando hacia el sur por General Paz.

—¿Hacia dónde va?

—El vector apunta hacia Nueva Córdoba —dijo Trejo—. Pero perdí el rastro cuando entró a una zona con poca cobertura de domo entre General Paz y Bulevar San Juan.

Palacios llamó a Ferrero. Atendió al segundo tono.

—¿Estás en Cosquín? —preguntó Palacios.

—Llegué anoche —dijo Ferrero—. ¿Qué pasó?

—Perfil nuevo en Córdoba —dijo Palacios—. Documentación tunecina, mismo patrón de entrada que Amari. Apareció esta mañana en el domo. Parecido físico con Mansour.

Ferrero tardó tres segundos en responder.

—Al-Rashid mandó a alguien —dijo Ferrero.

—Eso parece —dijo Palacios.

—¿Cuánto tardás en llegar? —preguntó Ferrero.

—Dame una hora —dijo Palacios—. Trejo, seguí monitoreando. Cualquier activación nueva me avisás de inmediato.

Ferrero arrancó la Hilux desde Cosquín a las 11:47. Tomó la autopista hacia Córdoba. Palacios llamó a Bianco a Buenos Aires para ponerlo al tanto.

Bianco escuchó el perfil un minuto.

—Documentación tunecina, mismo patrón que Amari, parecido físico con Mansour —dijo Bianco—. Palacios, ese perfil es demasiado visible. Amari entró con documentación tunecina y nadie lo detectó durante meses. Este apareció en el domo en cuatro días.

—Lo sé —dijo Palacios.

—Es un señuelo —dijo Bianco—. Al-Rashid lo mandó para que lo vean. Para que el equipo lo persiga mientras pasa otra cosa.

Palacios miró a Trejo. —¿Qué más está pasando en Córdoba que no estemos mirando?

Trejo expandió el monitoreo.

Abrió cuatro ventanas adicionales con feeds de cámaras de distintos sectores de la ciudad. El centro, el aeropuerto, la zona industrial, las rutas de acceso.

Cuatro minutos nadie habló.

—Palacios —dijo Trejo en voz baja.

—¿Qué?