EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 25 #3
86%

CAPÍTULO 25 #3

Mansour fue trasladado a la sede federal de Córdoba bajo custodia de dos agentes. Bianco coordinó el operativo de contención mientras Ferrero volvía a la fiscalía.

Palacios los esperaba en la oficina del tercer piso con el expediente abierto y el teléfono en la mano.

—Amari viene a las 23:00 —dijo Ferrero antes de sentarse.

—Lo sé —dijo Palacios—. Trejo interceptó el mensaje que Mansour mandó desde el corredor. Amari respondió cuatro minutos después confirmando que venía al segundo punto.

—¿Tiene el mensaje de Mansour confirmando instalación del primer dispositivo? —preguntó Ferrero.

—Tiene ese mensaje —dijo Palacios—. Pero el primer dispositivo fue desactivado y Mansour está detenido. Amari no lo sabe todavía.

—¿Cuánto tiempo antes de que lo sepa?

—Depende de si Mansour tiene algún protocolo de confirmación secundaria con Amari —dijo Palacios—. Si en algún momento Amari intenta contactar a Mansour y no recibe respuesta, cancela.

Ferrero miró el reloj. Eran las 17:45. Cinco horas y quince minutos hasta las 23:00.

—Necesitamos el teléfono de Mansour activo —dijo Ferrero—. Si Amari llama o manda un mensaje, Trejo responde haciéndose pasar por Mansour. Mantenemos la ilusión de que todo sigue según el plan.

Palacios lo miró tres segundos.

—Eso es una operación encubierta de comunicaciones —dijo Palacios—. Requiere autorización judicial.

—En el tiempo normal sí —dijo Ferrero—. Pero Garmendia tiene protocolo de excepción antiterrorista activo sobre esta causa. Puede autorizar la intervención en tiempo real.

Palacios miró el sobre del Ministerio todavía sobre el escritorio. —Ya usé ese protocolo una vez —dijo Palacios—. La segunda vez en la misma causa va a ser peor institucionalmente.

—Palacios —dijo Ferrero.

—Lo sé —dijo Palacios—. Llamá a Garmendia.

Garmendia autorizó en seis minutos. Trejo tuvo acceso al teléfono de Mansour a las 18:20. Lo configuró para responder automáticamente con mensajes de una sola palabra si Amari intentaba contacto.

A las 19:47 Amari mandó un mensaje al teléfono de Mansour. Confirmado segundo punto para 23:00. Mantené el canal limpio.

Trejo respondió en noventa segundos con una sola palabra. Confirmado.

Bianco coordinó el dispositivo para las 23:00.

Ferrero y dos agentes cubrirían el acceso al ducto clausurado desde el corredor principal de las plataformas.

Otros dos agentes cubrirían la entrada lateral de servicio.

Bianco en el centro de coordinación de la Terminal con Trejo monitoreando los sensores en tiempo real.

Palacios se quedaba en la fiscalía.

A las 22:00 Ferrero estaba en posición dentro de la Terminal.

El corredor principal de las plataformas estaba operativo con el flujo habitual de pasajeros de un viernes a la noche.

La rejilla del ducto clausurado quedaba a doce metros de donde Ferrero estaba parado apoyado contra la pared con la campera de Morales y la Glock bajo el brazo.

Trejo llamó a las 22:41.

—Sensor del ducto —dijo Trejo—. Acaba de activarse.

Ferrero miró la rejilla. Amari llegó veinte minutos antes de lo acordado.

El Ducto

Ferrero se acercó a la rejilla en cuatro pasos.

La rejilla estaba entornada. Alguien la había abierto desde adentro. Ferrero apoyó la oreja contra el metal. Adentro había movimiento. El sonido de alguien arrastrándose sobre cemento en un espacio angosto.

Mandó un mensaje a Bianco: Amari en el ducto. Esperen mi señal. Ferrero abrió la rejilla de golpe y metió la linterna táctica encendida.

El haz de luz iluminó un pasillo horizontal de unos sesenta centímetros de ancho y cincuenta de alto. A ocho metros de distancia una figura estaba detenida boca abajo con la mochila pegada al cuerpo. La luz la había alcanzado de frente.

Amari.

Veintinueve años. Cara angular, ojos oscuros, pelo corto. La misma foto del pasaporte tunecino que Trejo había cruzado con Interpol. En persona, más delgado. Las manos planas sobre el cemento del ducto, inmóviles.

—Tarek Amari —dijo Ferrero—. Federal. Salí del ducto despacio con las manos visibles.

Amari no se movió tres segundos.

Ferrero metió la Glock por la abertura de la rejilla apuntando directo.

—Despacio —repitió Ferrero.

Amari empezó a arrastrarse hacia atrás. El movimiento era lento, controlado. Las manos visibles todo el tiempo. La mochila se arrastraba con él empujada por el cuerpo.

Tardó cuarenta segundos en salir del ducto. Cuando quedó parado frente a Ferrero en el corredor de las plataformas con los pasajeros moviéndose a veinte metros de distancia, los dos agentes de refuerzo lo redujeron en cuatro segundos. Esposado. Registro rápido.

La mochila contenía un bloque de RDX envuelto en film, un detonador de largo alcance versión siete y un teléfono satelital.

Ferrero miró el detonador en la bolsa de evidencia que uno de los agentes sostenía. El mismo esquema que había visto en la mesa de trabajo del galpón del Parque Industrial. La misma caligrafía pequeña en el circuito.

El mismo patrón de arquitectura que Trejo había detectado en el quinto nodo al final de la causa Arencibia.