CAPÍTULO 25
LOS CINCO DÍAS
La Notificación
Un sobre con el membrete del Ministerio de Seguridad de la Nación. Entregado en mano por un mensajero en la entrada de la fiscalía de Concepción Arenal. Palacios lo firmó, subió al tercer piso y lo abrió en la oficina con la puerta cerrada.
Tres páginas. Lenguaje administrativo formal.
El resumen era simple: el uso del protocolo de excepción antiterrorista sin registro previo en el sistema judicial configuraba una irregularidad de procedimiento que requería investigación administrativa interna.
Palacios quedaba apartada de funciones operativas de campo durante el período de investigación.
Podía continuar en funciones de coordinación y análisis pero cualquier orden de allanamiento, detención o entrada debía pasar por el canal judicial estándar.
Leyó las tres páginas dos veces. Las dobló. Las guardó en el sobre. Llamó a Rosas.
—Llegó la notificación —dijo Palacios.
—Lo sé —dijo Rosas—. Me avisaron esta mañana. Lo siento.
—No lo sientas —dijo Palacios—. Lo sabíamos desde que firmé.
—¿Cómo estás?
—Bien —dijo Palacios—. La investigación administrativa tarda entre tres y seis meses. Para entonces la causa está cerrada.
—Si cerramos la causa en los próximos días, la investigación administrativa pierde fuerza —dijo Rosas—. Un resultado exitoso pesa más que un procedimiento irregular en el contexto correcto.
—Eso es política —dijo Palacios.
—También —dijo Rosas.
Palacios miró el sobre sobre el escritorio.
—Rosas, el apartamiento de funciones operativas me saca del campo —dijo Palacios—. Si los sensores de la Terminal se activan, quien entra soy yo. Eso ya no es posible con esta notificación activa.
—Ferrero entra —dijo Rosas.
—Ferrero está en uso de licencia hace tres años —dijo Palacios—. Su credencial policial no está activa para operativos de campo.
—Garmendia puede reactivarle la credencial temporalmente como colaborador técnico del Ministerio —dijo Rosas—. Lo hizo con Trejo para la instalación de los sensores en la Terminal.
—Gestionalo hoy —dijo Palacios—. Si los sensores se activan antes de que llegue Bianco, Ferrero tiene que poder operar con todas las facultades.
Palacios miró por la ventana. Concepción Arenal con el miércoles avanzando afuera.
—Necesito que Bianco venga a Córdoba —dijo Palacios—. Alguien con credencial federal activa tiene que estar en el operativo cuando ocurra.
—Bianco sale mañana temprano —dijo Rosas—. Llega el jueves a la mañana.
—Bien —dijo Palacios.
—Palacios —dijo Rosas antes de que cortara.
—Sí.
—Lo que hiciste fue correcto —dijo Rosas—. El sistema tarda en reconocerlo pero lo termina reconociendo.
—O no lo reconoce y me dan de baja —dijo Palacios.
—También es posible —dijo Rosas—. Pero era la decisión correcta igual. Cortó.
Palacios apoyó el teléfono sobre el escritorio junto al sobre del Ministerio. Miró los dos objetos un momento. El expediente de la causa a la izquierda. La notificación administrativa a la derecha.
Tres años en la fiscalía. Casos de lavado, extorsión, fraude corporativo. Trabajo de escritorio, análisis, declaraciones. Y cuando llegó el caso que importaba de verdad, salió del protocolo porque era lo que había que hacer.
Abrió el expediente.
Cuatro días para que los sensores de Trejo necesitaran recarga.
Cuatro días para que Amari apareciera o no apareciera.
El trabajo seguía siendo el mismo con o sin la notificación.
El Miércoles
Ferrero pasó el miércoles afuera de la Terminal.
Estacionado en distintos puntos del perímetro durante cuatro horas rotando cada cuarenta minutos para no generar patrón. La Hilux con el motor apagado y los binoculares sobre el asiento del acompañante.
Observó las entradas. El flujo de pasajeros.
Los técnicos de mantenimiento que entraban y salían por la puerta lateral de servicio sobre el lateral del edificio.
Los camiones de carga que abastecían los locales comerciales del primer piso por la rampa del subsuelo.
Cualquiera de esos accesos podía ser el que usara Amari.
A las 14:20 Trejo llamó.
—Los sensores están activos —dijo Trejo—. Los cuatro. Sin activaciones desde que los instalé. La Terminal está limpia hasta ahora.
—¿Cuánta autonomía les queda?
—Cuarenta horas —dijo Trejo—. Los recargo el jueves a las 06:00 como acordamos.
—¿Pudiste rastrear algo más de las comunicaciones de Amari con Al-Rashid?
—Estuve trabajando en eso toda la mañana —dijo Trejo—.
El servidor de los Emiratos tiene capas de protección que me van a llevar tiempo.
Pero encontré algo en los metadatos de los mensajes.
Las transmisiones de Amari hacia Al-Rashid siempre se originan desde el mismo rango de IP.
Un rango que corresponde a una red de telefonía móvil de la provincia de Córdoba.
—Amari sigue en Córdoba —dijo Ferrero.
—O alguien que usa su sistema de comunicaciones sigue en Córdoba —dijo Trejo—. No puedo confirmar que sea él físicamente. Pero el sistema está activo desde acá.
Ferrero miró la entrada principal de la Terminal. Un colectivo de larga distancia salía hacia la ruta con el cartel de destino iluminado.
Una familia con valijas esperaba en la vereda.
—¿Mansour? —preguntó Ferrero.
—Sin rastro —dijo Trejo—. El perfil de Interpol sigue activo. Las cámaras del sistema de domo municipal no lo registraron desde el allanamiento de Laprida. O cambió de apariencia o se mueve por zonas sin cobertura.
—Las zonas industriales —dijo Ferrero—. El Parque Industrial, Ferreyra, la zona sur. Poca cobertura de domo.
—Exacto —dijo Trejo—. Si Mansour está esperando para el operativo de la Terminal, es probable que esté ahí.
Ferrero miró el reloj. Las 14:40 del miércoles. Tres días para la fecha que figuraba en el archivo de planificación de Amari. Si la operación se adelantaba podía ser cualquier momento desde esa noche.
A las 17:00 volvió a la fiscalía.
Palacios estaba en la oficina con el expediente y el sobre del Ministerio todavía sobre el escritorio. Lo miró entrar y señaló la silla frente a la mesa.
—Garmendia reactivó tu credencial esta tarde —dijo Palacios—. Colaborador técnico del Ministerio de Seguridad. Válida por treinta días. Podés operar con todas las facultades en cualquier operativo vinculado a esta causa.
Ferrero se sentó.
—¿Y vos? —preguntó Ferrero.
—Yo coordino desde acá —dijo Palacios—. Bianco llega mañana y toma el mando operativo de campo. Vos y él en el terreno. Trejo en los monitores. Yo en esta oficina.
Ferrero miró el sobre del Ministerio.
—Lo sabías cuando firmaste —dijo Ferrero.
—Lo sabía —dijo Palacios.
—¿Te arrepentís?
Palacios miró el expediente abierto sobre la mesa.
—Preguntame cuando terminemos —dijo Palacios.
Era la segunda vez que daba esa respuesta. Ferrero no insistió.
El Jueves
Trejo llegó a la Terminal el jueves a las 05:50.
Diez minutos antes de lo acordado. Entró con el mameluco de técnico y la mochila de equipamiento por la puerta lateral de servicio. El guardia de seguridad del turno nocturno lo dejó pasar con la credencial del Ministerio sin hacer preguntas.
El corredor del subsuelo estaba vacío a esa hora. Trejo fue hasta el primer sensor, lo extrajo con pinzas de precisión, cambió la batería y lo reinstaló en el mismo punto en cuatro minutos. Hizo lo mismo con el segundo sensor del corredor.
Subió al primer piso por la escalera de servicio. El panel de mantenimiento del baño de hombres estaba donde lo había dejado. Tercer y cuarto sensor. Misma operación.
A las 06:38 los cuatro sensores tenían batería nueva. Setenta y dos horas de autonomía adicionales.
Salió de la Terminal a las 06:41 y llamó a Ferrero desde el estacionamiento.
—Sensores recargados —dijo Trejo—. Todo limpio adentro. Activaciones cero desde la instalación.
—Amari todavía no se movió —dijo Ferrero.
—O se movió y usó otro acceso que no cubrimos —dijo Trejo.
Era una posibilidad que Ferrero había considerado durante los tres días anteriores.
Los cuatro sensores cubrían los dos puntos críticos identificados por los técnicos del Ministerio.
Pero Amari había diseñado la operación del Patio Olmos con una precisión que sugería conocimiento detallado de la estructura del edificio.
Si había estudiado la Terminal con el mismo nivel de detalle, podía haber identificado un tercer punto de instalación que los técnicos no habían considerado.
—Trejo —dijo Ferrero—. ¿Podés pedir los planos completos de la Terminal al catastro municipal? Quiero que un técnico de explosivos los revise hoy para confirmar si hay otros puntos críticos que no cubrimos.
—Lo gestiono con Garmendia —dijo Trejo—. Para el mediodía tenés los planos.
Bianco llegó a Córdoba a las 09:15 en el primer vuelo desde Buenos Aires.
Ferrero lo recibió en el estacionamiento del aeropuerto Taravella con la Hilux. Bianco salió de la manga de llegadas con una mochila y la expresión de alguien que leyó el expediente completo en el vuelo y tiene preguntas.
—¿Algo que no esté en el expediente? —dijo Bianco cuando subió a la Hilux.
—Los sensores los recargó Trejo esta mañana —dijo Ferrero—. Activaciones cero hasta ahora. Y hay una posibilidad de que Amari use un tercer punto de instalación que no cubrimos. Trejo está gestionando los planos completos de la Terminal.
—¿Cuándo los tenés?
—Al mediodía —dijo Ferrero.
Bianco asintió. Miró la Circunvalación.
—¿Tres días? —preguntó Bianco.
—Si Amari respeta la fecha del archivo —dijo Ferrero—. El domingo. Puede adelantarse.
—¿Mansour?
—Sin rastro desde Laprida —dijo Ferrero—. Trejo sigue monitoreando las zonas industriales con el domo pero nada todavía.
Bianco miró por el parabrisas de la Hilux la Circunvalación con el tráfico del jueves a la mañana.
—¿Palacios? —preguntó Bianco.
—En la fiscalía —dijo Ferrero—. Coordina desde ahí. La notificación del Ministerio la sacó del campo.
—Lo sé —dijo Bianco—. Rosas me avisó. ¿Cómo está?
—Igual que siempre —dijo Ferrero—. Trabajando. Bianco asintió. Miró la autopista.
—¿Creés que Amari viene? —preguntó Bianco.
Ferrero miró la ruta tres segundos.