EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 24 #3
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CAPÍTULO 24 #3

—Dos personas con tres kilogramos de RDX en una terminal de ómnibus — dijo Trejo—.

—Con los puntos ciegos de las cámaras que identificaste, tienen margen para trabajar veinte minutos sin ser vistos. Por eso están los sensores.—concluyó.

Ferrero cerró el expediente. Miró por la ventana de la fiscalía que daba a Concepción Arenal. El lunes de Córdoba avanzaba con su ritmo habitual. Seis días.

Al-Rashid

Los mensajes en árabe llegaron traducidos el lunes a las 15:30. Trejo los leyó primero y llamó a Ferrero antes de mandárselos a Palacios.

—Leelos vos primero —dijo Trejo—. Después decidís cómo se los pasás a Palacios.

Ferrero leyó los cuatro mensajes traducidos en la pantalla de la notebook de Trejo.

El primero era de Al-Rashid hacia Amari. Fechado tres semanas antes de la explosión del Patio Olmos.

La demostración debe ocurrir antes del fin de mes. El comprador principal necesita evidencia de capacidad operativa en territorio latinoamericano antes de autorizar la transferencia final. Sin demostración no hay trato.

El segundo era de Amari hacia Al-Rashid. Fechado dos días después.

Demostración confirmada para el jueves. Objetivo seleccionado en Córdoba. Daño colateral calculado dentro de parámetros aceptables. El ingeniero será neutralizado simultáneamente.

El tercero era de Al-Rashid hacia Amari. Fechado cinco días después de la explosión.

Demostración satisfactoria. El comprador principal aprobó la adquisición. Transferencia de fondos en proceso. Segunda demostración requerida para confirmar capacidad de escala antes de entrega final del sistema completo. Plazo: treinta días desde hoy.

El cuarto era de Amari hacia Al-Rashid. Fechado cuatro días antes de que encontraran las notebooks.

Segunda demostración programada. Terminal de transporte, Córdoba. Carga tres kilogramos, dos focos. Fecha: dentro de ocho días desde hoy. Solicito confirmación de que la transferencia final ocurre inmediatamente después.

Ferrero cerró la notebook. Miró el techo de la fiscalía diez segundos.

El Patio Olmos fue la primera demostración para un comprador que quería ver resultados antes de pagar.

La Terminal de Córdoba era la segunda demostración para confirmar que podían escalar. Y después de la segunda demostración venía la entrega del sistema completo a Al-Rashid para que lo usara donde y como quisiera.

Cuarenta y ocho detonadores versión siete con rango de quince kilómetros y explosivo termobárico de síntesis propia.

Llamó a Palacios.

—Los mensajes llegaron —dijo Ferrero cuando Palacios atendió desde Buenos Aires—.

Escuchame antes de leerlos. La Terminal no es solo la segunda operación.

Es otra demostración para un comprador externo.

Después de la Terminal, Al-Rashid recibe el sistema completo.

Los cuarenta y ocho detonadores versión siete con el explosivo de Salcedo.

Silencio de seis segundos. —¿Para qué los quiere Al-Rashid? —preguntó Palacios.

—Los mensajes no lo dicen —dijo Ferrero—. Solo dice comprador principal. Puede ser un Estado, puede ser una organización, puede ser un actor privado con recursos suficientes para pagar lo que vale ese sistema.

—¿Cuánto vale?

—Eso tampoco está en los mensajes —dijo Ferrero—. Pero con la capacidad de la versión siete y la cantidad de unidades, estamos hablando de algo que puede hacer mucho daño en espacios cerrados. Búnkeres, túneles, infraestructura subterránea.

Palacios tardó cuatro segundos en responder. —Si la Terminal explota, Al-Rashid recibe el sistema —dijo Palacios.

—Si la Terminal no explota —dijo Ferrero—, Al-Rashid puede cancelar el trato. Amari pierde el negocio y la organización pierde la inversión de tres años.

—Entonces Amari viene a la Terminal pase lo que pase —dijo Palacios—. No tiene opción de no venir.

—No tiene opción —confirmó Ferrero.

Palacios guardó silencio un momento. —Cinco días —dijo Palacios.

—Cinco días —dijo Ferrero.

—Mandame los mensajes al mail cifrado —dijo Palacios—. Y Ferrero, no te movás de Córdoba.

—No me muevo —dijo Ferrero.

Cortó. Miró la notebook cerrada sobre la mesa. Cinco días para que Amari apareciera en la Terminal. O no aparecía y el sistema llegaba a Al-Rashid por otra vía que todavía no conocían.

Arencibia

El martes a las 07:14 Rosas llamó a Palacios.

Palacios todavía estaba en Buenos Aires. La reunión con el Ministerio había terminado el lunes a las 19:00 con un resultado que Garmendia le había resumido en una línea: el protocolo de excepción estaba justificado pero iba a haber una investigación administrativa formal.

Palacios había dormido cuatro horas en el mismo hotel de siempre a tres cuadras de la fiscalía federal.

—Arencibia murió esta noche —dijo Rosas cuando Palacios atendió. Palacios se sentó en el borde de la cama.

—¿Cuándo?

—A las 02:47 según el parte médico del penal —dijo Rosas—. Paro cardíaco en la celda. El médico de guardia lo declaró muerto a las 03:10.

—¿Paro cardíaco? —dijo Palacios.

—Setenta y un años con antecedentes de hipertensión documentados en el legajo médico del penal —dijo Rosas—. En papel es muerte natural.

—¿Y fuera del papel?