EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 22 #3
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CAPÍTULO 22 #3

—Mansour fue el enlace entre Arencibia y la organización —dijo Ferrero—. Entró al penal, recibió las instrucciones, las ejecutó afuera. Las sociedades en Uruguay, los depósitos, la logística del material.

—Y Amari construyó la infraestructura técnica que Mansour necesitaba para operar —dijo Trejo.

—¿Dónde está Mansour ahora? —preguntó Palacios.

—Sigo cruzando los registros —dijo Trejo—.

Hotelería, alquiler, servicios. Nada todavía con su nombre real.

Pero encontré algo interesante. Una de las sociedades uruguayas tiene un contrato de alquiler vigente sobre un departamento en el barrio de Nueva Córdoba.

Calle Laprida al 200. El contrato vence en junio.

—¿Ocupado? —preguntó Ferrero.

—El medidor de luz registra consumo activo desde hace cuatro meses —dijo Trejo—. Alguien vive ahí.

Ferrero y Palacios se miraron.

—Necesitamos una orden de allanamiento —dijo Ferrero.

—Para eso necesito llevarle a un juez más que un contrato de alquiler a nombre de una sociedad uruguaya y un medidor de luz activo —dijo Palacios

—. Necesito conectar ese domicilio con Mansour de forma directa.

—El video —dijo Ferrero—. Mansour entró al penal. Eso es un delito federal. Con eso pedís la orden.

Palacios miró el video pausado en la pantalla. La cara de Mansour congelada mirando hacia la cámara.

—Es suficiente —dijo Palacios—. Trejo, necesito el video exportado con los metadatos completos y el informe de reconocimiento facial para adjuntar al pedido de orden. Bajo al juzgado ahora.

—Te acompaño —dijo Ferrero.

—Bajemos ahora —dijo Palacios—. El juez Moreno tiene audiencias hasta las 17:00. Si llegamos antes de las 15:00 tenemos la orden hoy.

Trejo empezó a exportar el video. Ferrero agarró la campera de Morales del respaldo de la silla.

Palacios tomó el expediente. Eran las 13:50 del jueves.

La Orden

El juez Moreno los recibió a las 14:15.

Palacios presentó el pedido de orden de allanamiento con tres elementos: el video de la visita de Ezeiza con el informe de reconocimiento facial que identificaba a Mansour con ochenta y nueve por ciento de coincidencia, el registro de entrada al penal con el DNI del fallecido, y el contrato de alquiler de la sociedad uruguaya sobre el departamento de Laprida al 200 con el consumo eléctrico activo.

El juez leyó en silencio ocho minutos.

—El porcentaje de reconocimiento facial —dijo el juez—. Ochenta y nueve es alto pero no es certeza. La defensa va a impugnar.

—El DNI pertenece a una persona fallecida en 2021 —dijo Palacios—. Ese elemento solo ya configura uso de identidad falsa para acceder a un establecimiento penitenciario federal. El reconocimiento facial es complementario.

El juez miró los documentos un momento más. —¿Qué esperan encontrar en el departamento?

—Material vinculado a una red de tráfico de explosivos militares conectada al atentado del Patio Olmos —dijo Palacios—. El mismo patrón societario que registra los inmuebles usados como depósito en esta causa alquila ese departamento. La conexión es directa.

—¿Riesgo de fuga del ocupante?

—Alto —dijo Palacios—. Mansour no tiene registro de salida del país pero opera con documentación falsa. Si se entera del avance de la investigación puede moverse en horas.

El juez firmó la orden a las 14:38.

—Ejecuten antes de las 20:00 —dijo el juez—. Después de esa hora necesito una extensión.

Palacios tomó la orden. Subió al tercer piso con Ferrero.

Bianco contestó el teléfono al primer tono cuando Palacios llamó desde el pasillo.

—Tenemos la orden —dijo Palacios—. Departamento en Laprida al 200, Nueva Córdoba. Necesito un equipo de la Federal para el allanamiento antes de las 20:00.

—¿Cuántos efectivos?

—Cuatro más nosotros —dijo Palacios—. El objetivo puede estar armado y tiene entrenamiento operativo según el perfil de Interpol.

—Los tengo en posición para las 18:00 —dijo Bianco—. ¿Desde dónde coordino?

—Desde allá —dijo Palacios. Cortó. Entró a la oficina. Trejo tenía el video exportado y tres pantallas abiertas con información sobre el departamento de Laprida.

—El edificio tiene nueve pisos —dijo Trejo—. El contrato es del departamento 7B. Séptimo piso, orientación al frente. La entrada del edificio da sobre Laprida. La salida de emergencia da sobre el pasaje lateral.

—¿Cámaras en el edificio? —preguntó Ferrero.

—Una en la entrada, una en el ascensor —dijo Trejo—.

Puedo intentar acceder al sistema de seguridad del edificio antes del allanamiento para monitorear movimiento.

—Hacelo —dijo Palacios—. Pero con discreción. Si el sistema registra un acceso externo y Mansour tiene algún tipo de alerta configurada, lo perdemos.

—Acceso pasivo —dijo Trejo—. Solo lectura. Nada que deje huella.

Ferrero miró el plano del edificio que Trejo había levantado del catastro municipal. Laprida al 200 quedaba a cuatro cuadras del Buen Pastor sobre Hipólito Yrigoyen. Zona residencial de Nueva Córdoba con tráfico peatonal constante hasta las 22:00.

—Si Mansour sale antes de las 18:00 —dijo Ferrero—. ¿Qué hacemos?

—Lo seguimos —dijo Palacios—. La orden de allanamiento también cubre detención del ocupante si hay riesgo de fuga. ¿Tenés la Glock cargada?

—Siempre —dijo Ferrero.

Eran las 15:12 del jueves. Cuatro horas y cuarenta y ocho minutos hasta el allanamiento.

Laprida al 200

El equipo federal llegó a la fiscalía a las 17:40.

Cuatro agentes de la división de operaciones especiales de la Federal en Córdoba. Equipamiento completo. Bianco los había coordinado desde Buenos Aires durante la tarde. Palacios tomó el mando del operativo en Córdoba.

Palacios hizo el briefing en diez minutos.

—Departamento 7B, séptimo piso. Ocupante potencialmente armado con entrenamiento operativo.

Objetivo primario: detención del ocupante y aseguramiento de evidencia.

Objetivo secundario: relevamiento completo del departamento sin contaminar la escena.

Trejo monitorea las cámaras del edificio en tiempo real desde acá y nos avisa si hay movimiento antes de que entremos.

Los agentes asintieron. Ferrero verificó la Glock. Palacios revisó la Sig Sauer. Salieron a las 17:58. Tres vehículos. Palacios en el primero con dos agentes. Ferrero y los otros dos en el segundo. El tercer vehículo cubrió la salida del pasaje lateral.

Laprida al 200 quedaba a siete minutos de la fiscalía. Salieron por Paunero hacia el norte, cruzaron Plaza España y bajaron por Hipólito Yrigoyen. El tráfico de Nueva Córdoba los frenó dos minutos. Doblaron en Echagüe y bajaron por Belgrano hasta la esquina de Laprida.

Llegaron a las 18:06. Estacionaron a media cuadra del edificio. Trejo llamó en ese momento.

—Cámara de entrada: sin movimiento en los últimos cuarenta minutos. Cámara de ascensor: última actividad registrada a las 16:34, subida al séptimo piso. Una figura masculina, campera oscura, mochila al hombro.

—¿Bajó? —preguntó Palacios.

—Después de las 16:34 el ascensor no registró actividad —dijo Trejo—. O sigue arriba o bajó por la escalera.

—Cubrimos la escalera —dijo el agente a cargo por radio al tercer vehículo.

Entraron al edificio. El portero estaba en la garita de la planta baja. Palacios le mostró la orden y le pidió silencio con una sola mirada. El hombre asintió y no dijo nada.

Subieron por la escalera. Siete pisos. Los agentes federales marcaban el ritmo: rápido, silencioso, con el peso distribuido en la parte delantera del pie para no hacer ruido en los escalones de mármol.

Séptimo piso. El pasillo tenía cuatro departamentos. El 7B estaba al fondo a la derecha.