EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

Rosas cortó.La oficina quedó en silencio. Trejo volvió a los monitores. Ferrero fue hasta la cafetera y se sirvió lo que quedaba. Palacios miró el mapa con las dieciséis coordenadas. Doce vacías. Dos con actividad legal. Una demolida. Una con cuarenta y dos cajones y trazas de explosivo militar.

Y un galpón en el Parque Industrial con una huella en el piso donde algo había estado cinco días antes.

El Forense

El informe forense del galpón llegó a las 15:20.

Palacios lo leyó en voz alta para Ferrero, Trejo y Bianco.

—Muestras del área de la huella en el piso. Trazas de RDX en concentración de cuatro partes por millón. Trazas de lubricante industrial compatible con bisagras de contenedor metálico. Fibras sintéticas negras consistentes con material de embalaje militar. Y esto.

Levantó la vista del informe.

—Una huella dactilar parcial en el cemento. Dedo índice derecho. Suficiente para cruzar con bases de datos.

Trejo ya estaba escribiendo antes de que Palacios terminara la frase. — Mandame el archivo de la huella —dijo.

Palacios le reenvió el adjunto del informe. Trejo lo abrió y lo corrió contra la base de datos de la Policía Federal, Interpol y el registro de antecedentes del Ministerio de Seguridad en simultáneo.

El resultado llegó a los cuatro minutos.

—Coincidencia en Interpol —dijo Trejo—. Ochenta y tres por ciento. El umbral mínimo para identificación positiva es ochenta. Está arriba.

—¿A nombre de quién? —preguntó Ferrero. Trejo leyó la pantalla tres segundos.

—Karim Mansour —dijo Trejo—. Cuarenta y un años. Ciudadano argelino. Antecedentes en Francia por tráfico de materiales restringidos en 2018. Condena suspendida. Registro de entrada a Argentina por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en febrero del año pasado. Registro de salida: ninguno.

—Sigue en el país —dijo Bianco.

—O salió por otro punto sin registro —dijo Ferrero.

—¿Tiene conexión documentada con Amari? —preguntó Palacios.

Trejo buscó un minuto. —Directa no —dijo—. Pero los dos son argelinos, los dos tienen antecedentes en Francia en el mismo período y los dos aparecen en el mismo informe de inteligencia europea de 2021 sobre redes de tráfico de materiales de doble uso.

—Materiales de doble uso —dijo Ferrero—. Componentes que tienen aplicación civil y militar.

—El hardware de telecomunicaciones de Dock Sud entra en esa categoría.

—Y los compuestos explosivos de la lista del pendrive de Salcedo también — dijo Palacios.

Bianco cerró la libreta.

—Mansour operó la logística —dijo Bianco—. Amari construyó la infraestructura técnica. Alguien más puso el dinero y las instrucciones. Arencibia fue el puente entre ese alguien y los dos.

—Una cadena de tres eslabones —dijo Ferrero—. Arencibia conecta. Amari construye. Mansour mueve.

—Y Salcedo sabía algo de esa cadena —dijo Palacios—. Lo suficiente para querer salirse y delatarlos.

La sala quedó en silencio diez segundos. Trejo siguió trabajando en los monitores. Ferrero fue hasta la ventana. Bianco revisó algo en el teléfono.

—¿Dónde está Mansour ahora? —preguntó Ferrero.

—Eso es lo que no tenemos —dijo Trejo—. El último registro de actividad documentada es la entrada por Ezeiza en febrero. Después, nada en ningún sistema.

—Entonces está operando en negro —dijo Bianco—. Documento alternativo o red de contactos que lo mantiene fuera del radar.

—Igual que Arencibia en 2018 —dijo Ferrero—. El mismo patrón.

Palacios miró el expediente sobre la mesa. La huella dactilar. El hardware sin serie. Las trazas de RDX en el cemento del galpón. El pendrive de Salcedo con la lista de coordenadas y el directorio CÓNDOR_BLANCO.

Tres semanas desde la explosión del Patio Olmos. Tres muertos. Un ingeniero del CONICET que iba a delatar algo y no llegó. Y una red que había tenido tiempo de mover el material antes de que llegaran.

—Mañana Bianco va a Ezeiza —dijo Palacios—. Yo quiero a Mansour. Trejo, necesito que cruces ese perfil de Interpol con todos los registros de alquiler, hotelería y servicios a nombre de ciudadanos argelinos en Córdoba en los últimos doce meses.

—Esta noche lo tenés —dijo Trejo.

—Esta noche —confirmó Palacios.

Ferrero miró el mapa en la pared con las dieciséis coordenadas. La mayoría vacías. Una con trazas. Y otra con hardware. Y Mansour en algún punto del territorio argentino sin dejar rastro.

Ezeiza

Bianco salió para Buenos Aires el jueves a las 06:00 en el primer vuelo.

Llegó a Ezeiza penal a las 09:20 con una orden de acceso firmada por Rosas y autorizada por el juez federal de turno. El director del penal lo recibió en la entrada sin ocultar que hubiera preferido no tener visitas de la fiscalía federal un jueves a la mañana. La reunión duró cuarenta minutos.

Bianco llamó a Palacios a las 10:47 desde el estacionamiento del penal.

—Arencibia tuvo tres visitas en los últimos dieciocho meses —dijo Bianco—.

Todas registradas, y con identificación verificada.

El abogado defensor en cuatro ocasiones.

Una investigadora académica de la UBA que estaba trabajando un paper sobre crimen organizado y solicitó acceso para entrevistarlo.

Y un primo lejano de apellido Arencibia que viajó desde Tucumán en dos oportunidades.

—¿El primo? —preguntó Palacios.

—Verificado en el registro del penal con DNI —dijo Bianco—. Pero crucé el DNI esta mañana. El titular del documento murió en 2021. Alguien usó su identidad para entrar al penal dos veces.

Palacios soltó el bolígrafo sobre el escritorio.

—¿Cuándo fueron esas visitas?

—La primera en septiembre del año pasado —dijo Bianco—. La segunda en enero de este año. Cuatro meses de diferencia.

—¿Registro de comunicaciones internas? —preguntó Palacios.

—El penal graba todas las llamadas del módulo de máxima seguridad —dijo Bianco—. Pero Arencibia no usa el teléfono del módulo desde hace ocho meses.

—Sus llamadas autorizadas al abogado las hace desde una sala de comunicaciones controlada. Fuera de eso, silencio total.

—¿Cómo pasó información entonces?

—Las visitas del falso primo —dijo Bianco—. Son de contacto directo en sala sin separación de vidrio para familiares verificados. Veinte minutos cada una. Suficiente para pasar instrucciones verbales o material físico pequeño si el guardia no está prestando atención.

—¿El guardia a cargo de esas visitas?

—El mismo en las dos ocasiones —dijo Bianco—. Suboficial Pertusi, doce años en el servicio penitenciario, legajo limpio. Pero tiene una deuda hipotecaria de cuatrocientos mil pesos que empezó a pagar puntualmente desde octubre del año pasado. Un mes después de la primera visita del falso primo.

Palacios se levantó de la silla.

—Pertusi está comprado —dijo Palacios.

—Es la hipótesis —dijo Bianco—. No tengo prueba directa todavía pero el patrón es claro. Voy a pedir la intervención de sus cuentas al juez esta tarde.

—Hacelo —dijo Palacios—. Y necesito saber quién era el falso primo. Descripción física, cámaras del penal, lo que haya.

—Las cámaras de la sala de visitas tienen retención de treinta días —dijo Bianco—. La visita de enero todavía está en el sistema. La de septiembre ya fue sobreescrita.

—La de enero alcanza —dijo Palacios—. Mandame el video.

—En una hora —dijo Bianco. Cortó.

Palacios fue hasta la ventana. Ferrero estaba leyendo el informe forense del galpón en la silla del rincón. Trejo seguía en los monitores cruzando el perfil de Mansour con los registros de hotelería de Córdoba.

—Arencibia tuvo visitas con identidad falsa —dijo Palacios—. Y un guardia comprado.

—La red se armó desde adentro del penal con acceso físico directo. Ferrero cerró el informe.

—¿Quién era el falso primo? —preguntó Ferrero.

—Bianco manda el video de la visita de enero en una hora —dijo Palacios.

Ferrero miró el expediente sobre la mesa. Pensó en Mansour. Cuarenta y un años, argelino, sin registro de salida del país.

—Si el falso primo es Mansour —dijo Ferrero—, entonces Mansour entró al penal más seguro del país dos veces con documentación falsa. Eso requiere contactos dentro del sistema penitenciario más allá de Pertusi.

—O documentación de muy buena calidad —dijo Trejo sin levantar la vista—. Con el hardware correcto y acceso a los sistemas de registro civil, fabricar un DNI funcional no es imposible.

Los tres se quedaron en silencio. El video llegaba en una hora.

El Video

El video llegó a las 12:03.

Trejo lo abrió en el monitor central y lo proyectó en la pantalla de la sala. Cámara fija en el ángulo superior derecho de la sala de visitas del módulo de máxima seguridad de Ezeiza. Resolución aceptable. Fecha y hora en el margen inferior: 14 de enero, 14:37.

Arencibia entró primero por la puerta del lado del penal.

Setenta y un años. Pelo completamente blanco.

El traje que usaba en el juicio había sido reemplazado por el buzo gris del módulo.

Caminaba con la misma postura de siempre pero más despacio.

Tres años de máxima seguridad le habían quitado algo en el paso.

Dos minutos después entró el visitante por la puerta opuesta.

Cuarenta y tantos años. Contextura media.

Pelo oscuro corto. Barba de cuatro días.

Campera de abrigo oscura. Caminó hasta la silla frente a Arencibia y se sentó con el movimiento de alguien acostumbrado a moverse en espacios controlados.

Los dos hablaron durante dieciséis minutos.

El video no tenía audio en la sala de visitas de familiares.

Trejo pausó el video en el minuto tres cuando el visitante giró la cabeza hacia la cámara durante dos segundos.

—Ahí —dijo Trejo.

Amplió el frame. La imagen perdió algo de definición pero la cara era legible. Palacios corrió el perfil facial contra la base de Interpol.

El resultado tardó noventa segundos.

—Karim Mansour —dijo Palacios—. Ochenta y nueve por ciento de coincidencia.

Ferrero miró la imagen congelada en la pantalla. El hombre que había entrado al penal más seguro del país con el DNI de un muerto y cuya huella dactilar estaba en el cemento del galpón vacío del Parque Industrial.