EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

EL MIÉRCOLES

Bianco

Palacios lo recibió en la fiscalía con el expediente actualizado y un café. Tres años en la Federal lo habían dejado igual: mismo corte de pelo, misma campera azul marino, misma forma de entrar a una habitación midiendo el espacio antes de sentarse.

—Dieciséis equipos coordinados en cinco provincias —dijo Palacios—. Tenés doce horas para terminar de organizarlos.

—Ya están organizados —dijo Bianco—. Los confirmé desde el avión. Lo que necesito ahora es saber cuáles de las dieciséis coordenadas tienen prioridad táctica si algo sale mal y tengo que redirigir recursos.

Palacios desplegó el mapa sobre la mesa. Las dieciséis marcas rojas distribuidas sobre el territorio argentino. Señaló cuatro.

—Las de Córdoba —dijo Palacios—. Son las únicas donde tenemos contexto local. Si hay material activo en alguna, lo más probable es que esté acá.

—¿Por qué Córdoba? —preguntó Bianco.

—Porque el atentado fue acá —dijo Ferrero desde la silla junto a la ventana—. El target estaba acá. La red opera desde acá. Córdoba es el centro de gravedad de esta operación.

Bianco miró a Ferrero dos segundos. Le extendió la mano. Ferrero se la estrechó. —Bien que estás acá —dijo.

Volvió al mapa. Marcó las cuatro coordenadas de Córdoba con un círculo.

—Prioridad uno —dijo Bianco—. Si alguna de las cuatro tiene material, protocolo de contención inmediata y aviso directo a Rosas antes de cualquier otra acción. ¿Tenemos identificación de las ubicaciones físicas?

—Trejo las cruzó con el catastro municipal esta mañana —dijo Palacios—. Las cuatro coordenadas corresponden a inmuebles en zona industrial.

—Dos en el Parque Industrial de la ciudad. Uno en la zona de Ferreyra. Uno en el acceso a Juárez Celman.

—¿Propietarios?

—Tres sociedades anónimas con domicilio en Uruguay —dijo Trejo desde los monitores sin levantar la vista—. La cuarta figura a nombre de una persona física argentina con antecedentes por lavado de activos en 2019. Caso archivado por falta de pruebas.

Bianco escribió en su libreta treinta segundos.

—Mañana a las 08:30 quiero los cuatro equipos de Córdoba en posición antes del inicio simultáneo —dijo Bianco—. El equipo de Buenos Aires coordina los tres puntos porteños. Rosario, Mendoza y Tucumán tienen equipos propios. Todo entra en simultáneo a las 09:00.

—¿Y si algún punto está vacío? —preguntó Palacios.

—La mayoría va a estar vacía —dijo Bianco—. Lo que importa es lo que encontremos en las que no lo estén. Una sola coordenada con material activo nos dice más que todo el expediente hasta ahora.

Palacios miró el mapa un momento. —¿Cuántos de los dieciséis equipos saben de qué operación se trata? —preguntó Palacios.

—Cuatro —dijo Bianco—. Los de Córdoba. Los demás tienen instrucciones de relevamiento estándar sin contexto. Protocolo de compartimentación de Rosas.

Ferrero miró el mapa desde la silla. Mañana a las 09:00 iban a saber cuánto de lo que había en ese pendrive era real.

El Parque Industrial

El miércoles amaneció con cielo despejado y cuatro grados sobre cero.

A las 08:30 los cuatro equipos de Córdoba estaban en posición. Ferrero iba con el equipo uno, el que cubría la primera coordenada del Parque Industrial sobre la ruta a San Francisco.

Palacios quedó en el centro de coordinación de la fiscalía con Bianco y Trejo monitoreando las dieciséis ubicaciones en tiempo real.

El Parque Industrial de Córdoba quedaba a doce kilómetros del centro sobre la ruta E-55.

Ferrero llegó a las 08:47 en la Hilux con dos agentes federales de refuerzo.

El inmueble era un galpón de mil doscientos metros cuadrados con portón metálico y cartel de una empresa de logística que Trejo había confirmado como inactiva desde hacía catorce meses.

A las 09:00 en punto Bianco dio la orden por radio.

—Todas las unidades. Entren.

Ferrero bajó de la Hilux con la Glock en la mano. Uno de los agentes federales reventó el candado del portón con un cortador hidráulico. El portón se abrió hacia adentro. El galpón estaba vacío.

Ferrero entró con la linterna táctica y recorrió el perímetro en noventa segundos.

Cemento limpio, paredes sin marcas, techo de chapa sin filtraciones.

El único rastro de actividad reciente era una mancha rectangular en el piso de unos dos metros por uno y medio donde el polvo acumulado había sido desplazado. Algo había estado ahí. Hacía poco.

Llamó a Trejo.

—Galpón vacío —dijo Ferrero—. Hay una huella en el piso. Reciente.

—¿Cuánto de reciente? —preguntó Trejo.

—El polvo del perímetro tiene semanas. El desplazamiento en el centro tiene días —dijo Ferrero—. Cuatro o cinco días como máximo.

—La explosión del Patio Olmos fue hace cinco días —dijo Trejo.

Ferrero miró la mancha en el piso tres segundos. —Exacto —dijo—. Mandá al equipo forense. Quiero muestras del piso en esa área.

Salió del galpón. Los dos agentes aseguraban el perímetro exterior. Ferrero se apoyó contra la Hilux y esperó el reporte de las otras unidades. Llegaron en los siguientes veinte minutos.

Segunda coordenada del Parque Industrial: vacía. Sin rastros de actividad reciente.

Coordenada de Ferreyra: un depósito de materiales de construcción activo cuyos propietarios presentaron documentación en regla.

El equipo federal relevó el lugar y no encontró nada fuera de lo declarado.

Coordenada de Juárez Celman: el inmueble estaba demolido. En su lugar había un lote baldío con escombros. La coordenada correspondía a una dirección que había dejado de existir físicamente dieciocho meses antes.

Palacios llamó a las 10:47.

—¿Cómo está el panorama general? —preguntó Ferrero.

—De las dieciséis coordenadas, doce vacías —dijo Palacios—. Dos con actividad comercial legal verificada. Una demolida. Y una en Buenos Aires con material.

Ferrero se enderezó. —¿Qué encontraron?

—Un depósito en el barrio de Dock Sud —dijo Palacios—. El equipo federal entró a las 09:00 y encontró cuarenta y dos cajones precintados. Rosas está coordinando el análisis desde Buenos Aires. Los primeros resultados del laboratorio portátil en veinte minutos.

—¿Y la coordenada de acá? —preguntó Ferrero—. El primer galpón.

—La huella en el piso —dijo Palacios—. Eso es tuyo. El forense llega en diez minutos.

Ferrero miró el portón abierto del galpón vacío. La mancha rectangular en el cemento visible desde afuera con la luz de la mañana entrando lateral.

Algo había estado ahí cinco días antes. Del tamaño de una caja de dos metros por uno y medio. Y alguien lo había movido antes de que llegaran.

Dock Sud

Los resultados del laboratorio portátil de Dock Sud llegaron a las 11:34. Rosas llamó directamente a Palacios con Bianco escuchando desde el centro de coordinación de la fiscalía.

—Cuarenta y dos cajones —dijo Rosas—. Treinta y ocho con material inerte.

Componentes electrónicos, cables, hardware de telecomunicaciones.

Los otros cuatro son distintos. El laboratorio portátil detectó trazas de RDX y PETN en las superficies internas.

Los cajones estaban vacíos pero el material estuvo ahí.

—¿Cuándo fue retirado? —preguntó Palacios.

—Las trazas tienen entre tres y siete días según la estimación del químico forense —dijo Rosas—. Consistente con el período previo a la explosión del Patio Olmos.

Palacios miró a Bianco. Este anotó en la libreta sin decir nada.

—El hardware de telecomunicaciones —dijo Palacios—. ¿Qué tipo?

—Routers industriales, servidores compactos, antenas de largo alcance —dijo Rosas—. Todo sin número de serie. Y con modificaciones en el firmware que el equipo técnico todavía está analizando.

Trejo levantó la vista de los monitores. —Hardware sin serie con firmware modificado —dijo—. Es el mismo patrón del quinto nodo. Amari construía sus sistemas con equipos sin trazabilidad y firmware propio.

—¿Podés confirmar eso con el material de Dock Sud? —preguntó Palacios.

—Necesito acceso al hardware —dijo Trejo—. Si me mandan las imágenes del firmware, en dos horas te digo si es la misma arquitectura.

Palacios volvió al teléfono.

—Rosas, necesitamos imágenes del firmware de los equipos de Dock Sud lo antes posible.

—El equipo técnico las está extrayendo ahora —dijo Rosas—. Llegan en una hora. Y hay algo más. El depósito de Dock Sud está registrado a nombre de una empresa con el mismo patrón societario que los inmuebles de Córdoba. Sociedad anónima con domicilio en Uruguay, constituida hace dieciocho meses.

—Dieciocho meses —dijo Ferrero desde la puerta donde había entrado diez minutos antes después del relevamiento del galpón vacío—. Cuatro meses después de que Arencibia llegó al módulo de máxima seguridad de Ezeiza.

La línea quedó en silencio cuatro segundos.

—Lo mismo que las transferencias del pendrive —dijo Rosas.

—Lo mismo —confirmó Ferrero.

—Entonces Arencibia armó esto desde adentro —dijo Rosas—. Contactó a alguien afuera. Constituyeron sociedades en Uruguay.

—Montaron depósitos en Córdoba y Buenos Aires. Y alguien con la capacidad técnica de Amari construyó la infraestructura de comunicaciones.

—Y cuando Salcedo fue a delatar —dijo Palacios—, lo eliminaron antes de que llegara a quien fuera que iba a escucharlo.

—¿A quién iba a entregar el pendrive? —preguntó Rosas. Silencio en la sala. Nadie tenía esa respuesta todavía.

—El galpón del Parque Industrial —dijo Ferrero—. La huella en el piso. Dos metros por uno y medio. Es el tamaño exacto de un contenedor de transporte estándar de media pulgada. El material que estaba en Dock Sud pudo haber pasado por ahí antes de ser movido.

—¿Cuándo llega el forense al galpón? —preguntó Rosas.

—Está trabajando ahora —dijo Palacios—. Resultados esta tarde.

—Bien —dijo Rosas—. Quiero todo consolidado a las 18:00. Y quiero a Bianco en Ezeiza mañana a primera hora.

Palacios y Bianco se miraron.

—¿Ezeiza? —preguntó Palacios.

—Arencibia —dijo Rosas—. Si montó todo esto desde adentro, tiene visitas. Tiene comunicaciones. Tiene algo que dejó pasar el sistema de control del penal. Mañana quiero saber qué.

—Entendido —dijo Bianco.