EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 21 #4
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CAPÍTULO 21 #4

—Un nombre en un cuaderno —dijo Ferrero—. Hace tres años alguien me mandó dos mensajes anónimos. El primero decía: acordate ese nombre. El segundo: ya empezó.

Ferrero sacó el cuaderno de la mochila.

Lo abrió en la página que había leído cientos de veces en Cosquín sin poder hacer nada con ella. Tarek Amari. Quinto nodo. Ya empezó.

Lo puso sobre la mesa frente a Palacios. Palacios leyó las tres líneas. Miró a Ferrero y a Trejo.

—¿Cuándo llegaron esos mensajes?

—Hace tres años —dijo Ferrero—. Dos meses después del juicio de Arencibia.

—¿Y esperaste tres años?

—Esperé a que el humo se convirtiera en fuego —dijo Ferrero—. Acaba de convertirse.

Palacios miró el cuaderno sobre la mesa un momento. Después miró el expediente. Después miró la ventana que daba a Concepción Arenal con el domingo de Córdoba avanzando afuera.

—El miércoles los equipos relevando las coordenadas —dijo—. Hasta entonces necesito que los dos estén disponibles y en Córdoba.

—Acá estamos —dijo Ferrero.

CÓNDOR_BLANCO

El domingo a las 14:00 Rosas llamó desde Buenos Aires.

Palacios atendió en altavoz. Ferrero y Trejo escucharon desde la mesa de la oficina con el expediente desplegado entre los tres.

—El Ministerio de Defensa autorizó el acceso al proyecto de Salcedo —dijo Rosas—.

Me llegó hace una hora. El proyecto se llamaba internamente FORMULA-7.

Síntesis de un compuesto explosivo termobárico de alta densidad con rendimiento superior al TBX-400 en un factor de 1.

8. Salcedo llevaba dieciséis meses trabajando solo en el laboratorio de La Plata bajo protocolo de máxima confidencialidad.

—¿Termobárico? —preguntó Palacios.

—Un explosivo que consume el oxígeno del entorno en la detonación —dijo Ferrero—. El radio de destrucción es múltiple al del RDX convencional con la misma cantidad de carga.

—Lo usan en operaciones de demolición de estructuras cerradas. Búnkeres, túneles, edificios.

Rosas continuó.

—El Ministerio tenía a Salcedo bajo vigilancia discreta desde hace seis semanas

—dijo—. Detectaron comunicaciones anómalas salientes desde su notebook del laboratorio. Comunicaciones cifradas hacia una dirección que el equipo de inteligencia del Ejército no pudo resolver. Cuando le perdieron el rastro en Córdoba el jueves, ya era tarde.

—¿El Ejército sabía que Salcedo estaba en Córdoba? —preguntó Palacios.

—Lo sabían desde el martes —dijo Rosas—. Tardaron cuarenta y ocho horas en decidir si intervenían.

Para cuando decidieron, Salcedo ya estaba muerto.

Palacios y Ferrero cruzaron una mirada. Ferrero bajó la vista al expediente.

—¿Salcedo iba a delatar? —preguntó Ferrero.

—El análisis de inteligencia del Ejército dice que las comunicaciones anómalas podían ser dos cosas —dijo Rosas—. O estaba filtrando la fórmula hacia afuera. O estaba buscando a alguien para denunciar lo que sabía. El pendrive que llevaba encima inclina la balanza hacia la segunda opción.

—El pendrive era evidencia —dijo Ferrero—. Salcedo iba a entregárselo a alguien en Córdoba.

—Esa es la hipótesis —dijo Rosas—. La pregunta es a quién. Y por qué lo mataron antes de que llegara a esa persona.

Ferrero miró el cuaderno abierto sobre la mesa. Las tres líneas de tres años atrás.

Tarek Amari. Quinto nodo. Ya empezó.

—Porque quien lo mató sabía que Salcedo tenía el pendrive —dijo Ferrero—. Y sabía adónde iba. Alguien dentro del proyecto FORMULA-7 filtró la información al otro lado.

Silencio de cuatro segundos en la línea. —Eso implica una filtración dentro del Ministerio de Defensa o del laboratorio de La Plata —dijo Rosas.

—O dentro del equipo de inteligencia del Ejército que lo vigilaba —dijo Trejo desde los monitores.

Rosas procesó eso tres segundos.

—El miércoles los equipos federales relevan las dieciséis coordenadas en simultáneo —dijo—. Quiero que Palacios esté en el centro de coordinación en Córdoba. Ferrero y Trejo como soporte técnico y táctico. Bianco llega el martes desde Buenos Aires para coordinar los equipos locales.

—Entendido —dijo Palacios.

—Una cosa más —dijo Rosas—. El nombre CÓNDOR_BLANCO.

Lo mandé a cruzar con todas las bases de inteligencia disponibles esta mañana.

Apareció en dos registros. Uno es la nota al pie del expediente Arencibia que ya conocen.

El otro es un informe de inteligencia de 2019 de la SIDE que fue clasificado y nunca se desclasificó.

El informe menciona una red de tráfico de armamento con operaciones en tres países sudamericanos y financiamiento desde el Golfo Pérsico.

Palacios y Ferrero se miraron.

—¿Podés acceder al informe? —preguntó Palacios.

—Estoy en eso —dijo Rosas—. El martes a más tardar. Cortó.

La oficina quedó en silencio diez segundos. Afuera el domingo de Concepción Arenal seguía su ritmo habitual. Adentro los tres miraban el mapa con las dieciséis coordenadas rojas distribuidas sobre el territorio argentino.

Ferrero cerró el cuaderno. Lo guardó en la mochila.

Tres años esperando que el humo se convirtiera en fuego.

El miércoles iban a saber exactamente de qué tamaño era el incendio.