EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

EL APAGÓN

La Decisión

Fue Morales quien planteó la idea el jueves a la tarde, cuatro horas después de que le dieran el alta del Hospital Privado.

Llegó al búnker con las facturas prometidas y con el alta médica doblada en cuatro en el bolsillo de la campera.

La presión había bajado a ciento treinta y cinco sobre ochenta y cinco.

El médico le había ajustado la medicación y le había dado una lista de restricciones que Morales había escuchado con atención y guardado en el mismo bolsillo que el alta.

Se sentó en la silla de costumbre. Abrió las facturas sobre la mesa.

Comieron. Después Morales habló. —La filtración en la Procuración no se va a cerrar antes de la audiencia —dijo—.

Rosas lleva cuatro días interrogando a su equipo y todavía no encontró la pieza.

Eso significa que cualquier movimiento judicial que hagamos en las próximas semanas va a llegar al otro lado antes de que lo ejecutemos.

—Lo sé —dijo Ferrero.

—Si la filtración no se cierra, la audiencia es vulnerable —dijo Morales—.

La defensa puede activar procedimientos de nulidad, puede pedir postergaciones, puede usar cualquier irregularidad procesal para ganar tiempo.

Y tiempo es lo que necesita Arencibia para reconstruir lo que perdió en Deán Funes.

—También lo sé —dijo Ferrero.

—Entonces hay que cambiar el tablero —dijo Morales—. Hacer algo que la filtración no pueda anticipar porque no pasa por ningún canal que la filtración pueda monitorear.

Ferrero lo miró. —¿Qué tenés en mente, Gallego?

Morales tomó una factura. La mordió. Masticó cinco segundos con la expresión de alguien que está ordenando las palabras antes de decirlas.

—El Proyecto Albatros opera sobre infraestructura digital —dijo—.

Los cuatro nodos en hibernación, los servidores residuales, los registros de comunicaciones que todavía existen en algún lado.

Todo eso depende de que la red provincial de telecomunicaciones funcione.

Si esa red colapsa durante un período de tiempo suficiente, la estructura residual pierde coordinación y Arencibia pierde su capacidad de operar desde donde esté.

—¿Estás hablando de apagar la red provincial? —preguntó Palacios desde el otro lado de la mesa.

—Estoy hablando de apagar los nodos críticos de la red provincial durante el tiempo suficiente para que la evidencia quede sellada y la audiencia no pueda ser interferida digitalmente —dijo Morales—. Un apagón controlado. Temporal. Quirúrgico.

Trejo levantó la vista de los monitores.

—Eso requiere acceso al Data Center de la UNC —dijo—. Es el nodo de distribución principal de la red provincial. Si se interviene ese nodo, la red cae en cascada en un radio de cuatrocientos kilómetros durante el tiempo que tarde en activarse el sistema de respaldo.

—¿Cuánto tarda el sistema de respaldo? —preguntó Ferrero.

—Cuatro a seis horas —dijo Trejo—. Depende del tipo de intervención.

Ferrero miró el mapa de la pared. Ciudad Universitaria quedaba sobre avenida Vélez Sarsfield, en el borde sur del parque Sarmiento. El Data Center de la UNC era una instalación civil universitaria con seguridad perimetral estándar y personal técnico de guardia en turno nocturno. Era alcanzable.

Pero apagar la red provincial durante cuatro a seis horas afectaba a cuatro millones de personas. Hospitales, servicios de emergencia, comunicaciones civiles. No era una decisión quirúrgica. Era una decisión de escala.

—Es demasiado grande —dijo Ferrero.

—Sí —dijo Morales—. Por eso te lo estoy planteando a vos y no lo estoy haciendo solo.

—Dame hasta mañana —dijo Ferrero.

La Noche del Jueves

Ferrero no durmió esa noche. Se quedó en el búnker después de que Morales y Palacios se fueron.

Trejo dormía en el catre del rincón con la notebook apoyada sobre el pecho como hacía siempre cuando se quedaba a dormir ahí.

Ferrero se sentó frente al monitor central con el cuaderno abierto en una página en blanco y la lapicera en la mano.

Estuvo cuatro horas mirando la página sin escribir.

Era una cuestión de escala y de consecuencias. Técnicamente Trejo podía intervenir el Data Center de la UNC en una ventana operativa de dos horas con el equipo correcto. Apagar la red provincial durante cuatro a seis horas afectaba sistemas críticos que no tenían relación con el Proyecto Albatros.

Unidades de terapia intensiva con equipos conectados a la red hospitalaria. Sistemas de despacho de emergencias del 107 y de los bomberos. Torres de control de tráfico aéreo en el aeropuerto Taravella.

Ferrero había pasado veinte años persiguiendo personas que tomaban decisiones grandes sin medir las consecuencias sobre las personas pequeñas.

La pregunta que no podía responder esa noche era si lo que estaba considerando era cualitativamente distinto de lo que ellos hacían o solo era diferente en el objetivo.

A las 03:14 de la madrugada escribió dos columnas en el cuaderno. En la izquierda: los riesgos del apagón. Sistemas hospitalarios interrumpidos. Comunicaciones de emergencia comprometidas. Cuatro millones de personas sin conectividad durante seis horas. Consecuencias impredecibles en cadena.

En la derecha: los riesgos de no hacer el apagón. La filtración en la Procuración permanece activa. Arencibia reconstruye la red desde el exterior. La audiencia es interferida y Santucho gana tiempo procesal. El Proyecto Albatros sobrevive y en dos años vuelve a operar al cien por ciento.

Leyó las dos columnas diez minutos. Después cerró el cuaderno. Las dos listas eran incompletas por la misma razón: ninguna incluía una tercera opción. Y cuando solo hay dos caminos y los dos son malos, la pregunta deja de ser cuál es el correcto y pasa a ser cuál es el menos equivocado.

A las 04:30 llamó a Rosas. Atendió al tercer tono. Tenía la voz rasposa. Tampoco había dormido.

—Necesito hacerte una consulta —dijo Ferrero.

—A las cuatro y media de la mañana —dijo Rosas.

—Sí.

—Preguntá.

—Hipotéticamente —dijo Ferrero—.

Si alguien interviniera el Data Center de la UNC y apagara la red provincial durante cuatro a seis horas en los próximos días, ¿qué consecuencias tendría sobre la audiencia preliminar?

Silencio del otro lado ocho segundos.

—Hipotéticamente —dijo Rosas—, la audiencia no depende de la red provincial. Los sistemas judiciales federales tienen infraestructura propia con generadores independientes y red satelital de respaldo. Una interrupción de la red provincial no afecta la audiencia directamente.

—¿Y sobre la capacidad de la defensa de interferir digitalmente en el proceso?

—Hipotéticamente —dijo Rosas—, si la red provincial estuviera interrumpida durante el período previo y durante la audiencia, cualquier operación digital de interferencia que dependiera de esa red quedaría bloqueada.

Los canales cifrados que usa la estructura residual del Proyecto Albatros pasan por nodos de la red provincial. Sin esa red, esos canales no existen.

Ferrero escuchó la respuesta en silencio.

—¿Me estás diciendo que funcionaría? —preguntó.

—Te estoy diciendo que hipotéticamente las consecuencias sobre la audiencia serían positivas —dijo Rosas—. No te estoy diciendo que lo hagas. Te estoy diciendo que si alguien lo hiciera sin que yo lo supiera, no podría impedirlo.

—¿Y los sistemas hospitalarios?

—Los hospitales públicos de Córdoba tienen protocolos de contingencia para apagones de hasta ocho horas —dijo Rosas—. El servicio de emergencias 107 tiene generadores propios desde 2019. Las torres de control del aeropuerto tienen red satelital independiente.

Ferrero miró el cuaderno cerrado sobre la mesa.

—Gracias, doctora —dijo.

—No me agradezcas nada —dijo Rosas—. Esta conversación no existió. Cortó.

Ferrero abrió el cuaderno. En la página con las dos columnas escribió una sola línea debajo de las dos listas. Mañana le digo a Trejo que empiece a planificar.

Cerró el cuaderno. Apagó la lámpara del escritorio. Se recostó en el catre libre del rincón opuesto al de Trejo.

A las 04:47 de la madrugada del viernes, Córdoba dormía sin saber lo que se venía.

El Plan

Trejo escuchó el plan el viernes a las 09:00 con el café en la mano y la expresión de alguien que está calculando variables en tiempo real mientras el otro habla.

Ferrero le explicó en doce minutos. La intervención en el Data Center de la UNC, la ventana operativa de dos horas, el objetivo específico de los nodos de distribución que alimentaban los canales cifrados de la red residual del Proyecto Albatros, el período de apagón estimado de cuatro a seis horas.

Cuando Ferrero terminó, Trejo tomó un sorbo de café y miró el techo veinte segundos.

—¿Cuándo? —preguntó.

—El domingo a la noche —dijo Ferrero—. Cuatro días antes de la audiencia. Tiempo suficiente para que la red se restituya completamente antes del miércoles y para que la estructura residual del Albatros entre en colapso de coordinación sin posibilidad de recomponerse en ese plazo.

—¿Qué necesito para hacerlo?

—Eso te lo pregunto yo a vos —dijo Ferrero.

Trejo apoyó el café sobre la mesa y se recostó en la silla. Cruzó los brazos.

—El Data Center de la UNC tiene cuatro nodos principales de distribución — dijo—.

Están en el subsuelo del edificio central de la Facultad de Ciencias Exactas, sobre Ciudad Universitaria.

Para intervenir los cuatro en una sola operación necesito acceso físico al subsuelo, credenciales de administrador del sistema o acceso directo al panel de control de los nodos, y una herramienta de intervención que genere una cascada de desconexión controlada.

Si corto solo los nodos de distribución provincial y dejo intactos los nodos universitarios internos, la UNC sigue funcionando pero la red provincial cae.

—¿Podés hacer eso sin dañar los equipos permanentemente?