CAPÍTULO 14 #4
Ferrero procesó la información treinta segundos mirando la ruta.
Peralta había hecho lo correcto: había llamado a Rosas, había ido a la dirección segura, había seguido las instrucciones.
Y en menos de doce horas alguien lo había encontrado y lo había golpeado hasta romperle las costillas para que supiera que seguir cooperando tenía un precio físico concreto.
Era el mismo mecanismo que habían usado con Bertini, con la diferencia de que esta vez el mensaje era para alguien vivo. No querían eliminar a Peralta. Querían silenciarlo y usarlo como advertencia para otros.
—Trejo —dijo Ferrero—. ¿Arencibia activó la alerta migratoria?
—La alerta salió a las 00:47 de la madrugada —dijo Trejo—. A las 06:15 migraciones confirmó que ningún pasajero con ese nombre o con documentación compatible cruzó ningún paso habilitado desde las 22:00 de ayer. Pero hay un problema.
—Decime.
—Arencibia está oficialmente muerto desde 2018 —dijo Trejo—. Eso significa que probablemente tenga una o más identidades alternativas activas. La alerta migratoria sobre el nombre Arencibia es una red que caza un pez que no nada con ese nombre.
—¿Podés construir un perfil biométrico?
—Si consigo fotos del período previo a su muerte oficial —dijo Trejo—. Las del expediente de inteligencia militar que Palacios tiene en su archivo podrían servir. Necesito al menos tres imágenes con ángulos distintos para cargar en el sistema de reconocimiento facial de migraciones.
Palacios escuchó su nombre y giró la vista hacia Ferrero un segundo.
—¿Tenés fotos de Arencibia en el archivo? —preguntó Ferrero.
—Dos —dijo Palacios—. De los años que trabajé para Cánepa. Las tomé en operativos de seguimiento sin saber quién era. Las tengo en el pendrive del archivo.
—Dos no alcanzan para el sistema de reconocimiento —dijo Trejo por la radio.
—Con dos es mejor que con cero —dijo Ferrero—. Arrancá con lo que hay. Si Arencibia sigue en el país, el sistema lo va a detectar tarde o temprano.
—¿Y si ya cruzó la frontera? —preguntó Trejo.
—Entonces lo buscamos con Interpol —dijo Ferrero—. Pero primero confirmamos que no está acá.
Cortó. Palacios siguió manejando en silencio un kilómetro.
—El chico va a estar bien —dijo sin que Ferrero preguntara.
—Lo sé —dijo Ferrero—. Pero dos costillas rotas y un pómulo fracturado son el precio de haber confiado en que el sistema lo protegía.
—Lo protegimos nosotros —dijo Palacios—. El sistema falló.
—Sí —dijo Ferrero—. Como casi siempre.
Primera Derrota Parcial
Llegaron al búnker de Santa Rosa a las 09:34. Ferrero entró, cerró los pernos y se sentó frente al monitor central sin sacarse la campera. Palacios fue directamente al baño del fondo. Trejo tenía tres ventanas abiertas en paralelo y una taza de café que llevaba horas sin tocar.
—Estado del sistema de reconocimiento facial —dijo Ferrero.
—Cargué las dos fotos de Palacios —dijo Trejo—.
Calidad aceptable para el sistema. Migraciones confirmó activación del perfil hace cuarenta minutos.
Cobertura sobre los seis aeropuertos internacionales, los cuatro pasos fronterizos principales y los cruces fluviales habilitados con Uruguay y Paraguay.
—¿Resultado hasta ahora?
—Ninguna coincidencia —dijo Trejo—. Pero el sistema tiene un margen de error del doce por ciento en imágenes de más de cinco años de antigüedad. Si Arencibia modificó su apariencia física después de su muerte oficial, el margen sube.
Ferrero asintió. Era la primera derrota parcial del operativo de Deán Funes.
Habían capturado a Vargas, recuperado ochenta y dos gigabytes de datos, identificado cuatro nodos adicionales en hibernación y confirmado la identidad del Arquitecto.
Pero Arencibia seguía libre, Peralta estaba en el hospital con costillas rotas y la filtración en la Procuración seguía activa.
Palacios salió del baño y se sentó en la silla junto a Ferrero. Tenía la cara lavada y los ojos más despiertos que hacía doce horas, pero el resto del cuerpo seguía acusando la noche en el predio.
—¿Qué hace Rosas con los cuatro nodos en hibernación? —preguntó Palacios.
—Rosas activó operativos coordinados en Buenos Aires, Rosario y Tucumán para las próximas cuarenta y ocho horas —dijo Trejo—.
Si los nodos entran en hibernación antes de que los equipos locales lleguen, los servidores se apagan solos y la evidencia en ellos queda preservada.
Si alguien intenta destruirlos antes de que entren en hibernación, los equipos los interceptan.
—¿Cuánto tiempo queda para la hibernación? —preguntó Ferrero.
—Veintiséis horas —dijo Trejo—. El nodo central dejó de transmitir a las 19:34 de ayer cuando Ferrero desconectó el servidor. El contador empezó en ese momento.
—¿Y Vargas? —preguntó Palacios.
—Vargas está en la sede federal desde las 08:00 —dijo Trejo—. Rosas lo interroga esta tarde. Tiene suficiente para mantenerlo incomunicado los próximos quince días mientras se construye la imputación formal.
Ferrero se levantó y fue al mapa de la pared. Miró las chinchetas un momento. Sacó una chincheta nueva, roja, y la clavó sobre Deán Funes. Después sacó otra y la clavó sobre un punto entre Uruguay y Argentina, en el espacio abierto del Río de la Plata.
—Arencibia está ahí en algún lado —dijo Ferrero señalando el espacio entre las dos chinchetas—. En el país o cruzando. En cualquiera de los dos casos, sabe que lo identificamos. Eso cambia su comportamiento.
—¿Cómo? —preguntó Palacios.
—Un hombre que opera hace décadas en la sombra y que de repente sabe que tiene cara conocida tiene dos opciones —dijo Ferrero—. Desaparece completamente o ataca antes de que el sistema lo alcance. La primera opción lo saca del tablero. La segunda lo expone.
—¿Cuál elige alguien como él?
Ferrero pensó cuatro segundos. —Depende de cuánto tenga que perder todavía —dijo—. Si el Proyecto Albatros es su única operación activa, desaparece. Si tiene otras estructuras en marcha que no podemos ver desde acá, ataca para protegerlas.
—¿Y cómo sabemos cuál es?
—Cuando veamos qué hace en las próximas cuarenta y ocho horas —dijo Ferrero.
Trejo sirvió tres cafés de la cafetera que había preparado mientras hablaban. Los puso sobre la mesa. Los tres tomaron en silencio un momento.
—Morales tiene el alta esta tarde —dijo Trejo sin que nadie le preguntara. Ferrero miró la taza. —¿Lo llamaste?
—Me llamó él —dijo Trejo—. A las siete de la mañana. Preguntó cómo había salido Deán Funes. Le conté todo. Dijo que el chico de las costillas rotas era responsabilidad nuestra y que había que hacerse cargo de eso.
—Tiene razón —dijo Ferrero.
—Dijo también que iba a pasar por el búnker cuando le dieran el alta —dijo Trejo—. Y que traía facturas.
Palacios miró a Ferrero. Ferrero miró el mapa.
Cuatro meses de pausa y dos semanas de vuelta.
Morales con el alta, Vargas detenido, Arencibia identificado pero libre, Peralta en el hospital, la audiencia en cuatro semanas y la segunda firma del informe de 2003 todavía sin nombre. Suficiente para seguir.