EL CUADERNO NEGRO CAPÍTULO 9 #3
30%

CAPÍTULO 9 #3

—La detengo mañana a primera hora en su domicilio —dijo Rosas—. Pido orden de allanamiento esta noche. Comodoro Py me la firma. Pero quiero que vos y Trejo revisen los expedientes de esas seis causas anteriores mientras yo la interrogo. Si Iturriaga operó en todas, vamos a encontrar patrones.

—Mañana a las ocho empezamos —dijo Ferrero. Cortó. Miró a Trejo.

—Dormís cuatro horas —dijo—. Después te ponés a mapear las causas. Trejo ya estaba tomando notas.

Miércoles a las Diez

Rosas llamó a las 10:17 del miércoles. Ferrero estaba en el búnker con Trejo revisando los seis expedientes anteriores donde Iturriaga había intervenido. Llevaban dos horas con los papeles extendidos sobre la mesa y notas cruzadas en un cuaderno amarillo.

—Ferrero —dijo Rosas cuando atendió—. Tenemos un problema.

—Decime.

—Iturriaga no está en su casa —dijo—. La policía federal allanó el domicilio a las 07:40 con orden firmada.

No hay nadie. La cama no se usó esta noche.

El perro del vecino vio el Renault Logan de ella salir a las 22:00 de anoche.

No volvió. Teléfono apagado. Tarjetas bancarias sin movimiento desde ayer al mediodía.

Ferrero apretó la mandíbula. —La avisaron —dijo.

—La avisaron —confirmó Rosas—. Entre las 22:00 de ayer y las 07:40 de hoy, alguien le informó que íbamos a detenerla. Eso significa que hay al menos una persona más adentro del sistema de seguridad que manejó esta información.

—Mi equipo tenía conocimiento desde las 21:30 de ayer. Yo se lo comuniqué a cuatro personas solamente. Una de ellas filtró.

—¿Hipótesis?

—Dos de los cuatro están fuera de sospecha por motivos que después te explico —dijo Rosas—. Quedan dos. Los dos están siendo interrogados en este momento por mi equipo en sede física separada.

—En cuatro horas voy a saber cuál fue.

—¿Iturriaga ya cruzó frontera?

—Todavía no —dijo Rosas—. Tengo alerta migratoria activa desde las 08:00. Ruta terrestre, aérea y marítima. Pero tiene once horas de ventaja. Si se movió con documentación falsa, ya puede estar en Paraguay o Bolivia.

—¿Cómo sigue Cánepa con su acuerdo?

—Cánepa está bien. Lo saqué del penal federal general a las 06:00 de esta mañana y lo trasladé a un centro de detención bajo custodia exclusiva. Nadie excepto mi equipo directo sabe dónde está. Si la red intenta silenciarlo como él teme, primero tiene que encontrarlo.

—¿Y el Vento?

—Lo detuvimos anoche a las 23:40 sobre Bulevar Illia.

El conductor es Raúl Domingo Bertini, cuarenta y dos años, antecedentes por extorsión y asociación ilícita desde el 2015.

Trabajaba para un grupo externo que la fiscalía antilavado viene investigando desde hace tres años.

Está incomunicado en una celda federal. Mi equipo arranca el interrogatorio a las 14:00 de hoy.

—¿Sabe para quién vigilaba?

—Dice que no —dijo Rosas—. Dice que cobraba en efectivo y recibía instrucciones por aplicación cifrada. Tomó fotos, anotó movimientos, mandó reportes. Nada más. Pero hoy a la tarde, cuando se le pasen las seis horas de incomunicación y empecemos a apretar, vamos a ver qué aparece.

—Gracias, doctora.

Cortó. Ferrero se quedó mirando el teléfono cinco segundos. Después miró a Trejo.

—Iturriaga se fugó anoche —dijo—. La avisaron. Trejo dejó de escribir. —¿De adentro?

—De adentro de la fiscalía.

Trejo asintió lento. —Eso cambia todo —dijo—. Si hay fuga desde la fiscalía, cualquier información que le pasemos a Rosas a partir de ahora puede llegar al otro lado antes de que la use.

Tenemos que operar con compartimentación total.

—Sí.

—¿Romina y Mía?

—Con custodia federal todavía. Pero mañana mismo las saco de Córdoba — dijo Ferrero—. Ya le hablé anoche. Se van a Neuquén el jueves a la mañana. Dos meses como mínimo.

—¿Quién las acompaña?

—Morales y yo. Las llevamos en la Hilux hasta el aeropuerto de Mendoza. Ahí toman un vuelo comercial a Neuquén con identidad reservada. Rosas gestiona la documentación.

Trejo asintió. Volvió a los expedientes.

—Uno por uno —dijo—. Si Iturriaga modificó evidencia en las seis causas anteriores, tenemos que identificar qué pruebas pudo haber contaminado.

Puede haber imputados libres que deberían estar presos.

Puede haber testigos muertos que no murieron por casualidad.

Ferrero asintió. Tomó el primer expediente. Eran las 10:26 del miércoles. La red tenía manos largas. Y Ferrero acababa de descubrir que esas manos venían operando desde mucho antes del Proyecto Nodo.

Las Seis Causas

Los seis expedientes anteriores donde Iturriaga había intervenido estaban ordenados por fecha sobre la mesa del búnker.

Ferrero y Trejo trabajaban en paralelo: Ferrero revisaba las declaraciones testimoniales buscando inconsistencias, Trejo analizaba los logs digitales de modificaciones de archivos comparando versiones originales con las cargadas en el servidor.

Dos horas de trabajo silencioso. A las 12:48 Trejo levantó la vista.

—Tenemos un patrón —dijo.

Ferrero cerró el expediente que estaba leyendo.

—Las seis causas comparten tres características comunes —dijo Trejo—. Primero: en todas, la evidencia clave fue modificada entre uno y siete días antes de la audiencia de prueba. Segundo: en todas, la modificación consistió en debilitar un testigo o alterar un peritaje técnico.

—Tercero: en todas, el imputado principal fue absuelto o recibió condena reducida significativamente.

—¿Cuántas absoluciones?

—Cuatro absoluciones. Dos condenas menores a lo esperado —dijo Trejo—. Si ampliamos la ventana temporal a los diez años anteriores, hay probabilidad estadística altísima de que Iturriaga haya intervenido en más causas.

—¿Los imputados?

Trejo giró la pantalla hacia Ferrero. Seis nombres. Cuatro absueltos en diferentes años. Dos con condenas menores. Ferrero los leyó uno por uno.

El primero era un empresario de la construcción cordobés, imputado en 2019 por lavado de activos vinculado a obras públicas.

Absuelto por insuficiencia probatoria. El segundo era un ex diputado provincial, imputado en 2021 por asociación ilícita con un cartel de narcotráfico menor.

Condena reducida a dos años en suspenso.

El tercero era el propietario de una empresa de transporte, imputado en 2022 por contrabando de hidrocarburos.

Absuelto. El cuarto era un juez provincial de Alta Gracia, imputado en 2023 por cohecho pasivo.

Absuelto. El quinto era una funcionaria del Ministerio de Obras Públicas provincial, imputada en 2023 por desvío de fondos.

Condena reducida a dos años y ocho meses.

El sexto era un empresario agropecuario de Río Cuarto, imputado en 2024 por evasión agravada y asociación ilícita. Absuelto.

Ferrero se recostó en la silla. —Ninguno de los seis se parece a nuestros detenidos del viernes —dijo—.

Sokolov, Cánepa y Santucho son de una escala diferente. Más sofisticados, más políticos. Los seis acá son empresarios locales medianos y funcionarios de bajo perfil.

—Eso significa que Iturriaga no trabajó siempre para Santucho —dijo Trejo

—. Trabajó para un grupo más viejo y más amplio. Un grupo que operaba en Córdoba antes de que apareciera el Proyecto Nodo.

—¿Cuánto más viejo?

Trejo abrió la primera causa de la lista, la del empresario de la construcción del 2019.

Cruzó los datos del expediente con una búsqueda amplia en bases de datos judiciales.

—La primera intervención sospechosa de Iturriaga que tenemos documentada es del 2018 —dijo—. Pero su patrón laboral sugiere que podría venir de antes. Hay que pedirle a Rosas acceso a más expedientes.

—¿Un nombre en común entre los seis casos?

—Todavía no —dijo Trejo—. Pero lo voy a encontrar.

Ferrero miró la pantalla. Seis imputados distintos, seis causas distintas, seis rubros distintos.

La construcción, la política provincial, el transporte, la justicia, la obra pública, el campo.

Todos de tamaño mediano. Todos con capital suficiente para contratar abogados buenos pero sin el peso para tener jueces propios.

—Trejo —dijo Ferrero—. El patrón no apunta a un cliente único. Apunta a un servicio.

—¿Qué tipo de servicio?

—Un servicio de limpieza judicial —dijo—.

Alguien montó una estructura que se vende como solución.

El imputado paga. La red contamina la evidencia durante el proceso.

El imputado sale absuelto o con condena mínima.

Iturriaga es la pieza dentro de la fiscalía.

Pero hay un intermediario afuera que capta los clientes, cobra y paga.

Trejo se quedó pensando seis segundos. —Ferrero —dijo—. Si esa estructura existe desde antes del Proyecto Nodo, entonces Santucho no la construyó. La usó.

Ferrero se quedó callado un momento.

—Entonces hay alguien arriba de Santucho —dijo—. Alguien que lleva operando esto desde hace diez años o más.

El teléfono cifrado vibró sobre la mesa. Rosas.

—Ferrero —dijo—. Bertini habló.

Bertini Habló

—¿Qué dijo? —preguntó Ferrero.

—Dijo tres cosas útiles —respondió Rosas—.

Primero: trabajaba directamente para un intermediario al que conoce por el alias el Gestor.

Segundo: el Gestor maneja una cartera de servicios que incluye vigilancia, contaminación de pruebas, ejecución selectiva y lavado de activos.

Tercero: la estructura tiene al menos ocho años de funcionamiento ininterrumpido en Córdoba y maneja no menos de cuarenta clientes activos por año.

Ferrero miró a Trejo. Trejo asintió despacio. Las piezas cerraban con el patrón de las seis causas.

—¿El Gestor tiene nombre real?

—Bertini dice no conocerlo —dijo Rosas—.

Dice que solo habla con él por aplicación cifrada y nunca lo vio la cara.

Los pagos vienen en efectivo por un mensajero que rota cada tres meses.

Pero dio algo útil: una ubicación física donde el Gestor a veces se reúne con los mensajeros.

Un bar en Nueva Córdoba sobre avenida Hipólito Yrigoyen.

Va cada dos semanas los martes por la noche.

—Hoy es miércoles —dijo Ferrero.