El criadero (Trilogía SG 3) (Thriller del FBI de Abby Kane 9) CAPÍTULO SESENTA Y DOS
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CAPÍTULO SESENTA Y DOS

Xiaolian y Vladimir aminoraron el paso al llegar al borde del bosque.

Cuando los edificios aparecieron a la vista, una mezcla de emociones invadió a Xiaolian.

Tenía recuerdos felices allí con sus amigos, pero también había habido momentos en los que la habían interrogado durante horas, obligándola a demostrar su lealtad a los profesores y a los doctores.

Estaban los niños que habían desaparecido.

Las salas de aislamiento adonde enviaban a los chicos por infracciones.

Xiaolian había pasado una semana allí, una vez, por hacer una pregunta.

Los profesores querían respuestas. La curiosidad era insubordinación.

De repente se estremeció.

—¿Qué pasa? —preguntó Vladimir.

—Nada. Vamos. Sigamos adelante.

—¿Cómo saldrán de sus habitaciones? —preguntó Vladimir mientras cruzaban el césped.

—Ya deberían haberlo hecho. No es muy difícil. Tú saliste.

—Sí, pero Kun me sacó.

—¿Alguien lo vio hacerlo? ¿Crees que te hizo pasar por delante de alguna de las cámaras de seguridad?

—Mmm... No estoy seguro.

Xiaolian ya sabía por qué sus amigos no estaban esperando en la playa. No habían colocado todas las bombas. Era la única explicación.

Kato había ayudado a Lei a llegar al siguiente edificio sin ser vista, pero ella había insistido en que se fuera. Él se dirigió a una puerta y miró afuera. Copper y Hawk deberían haber estado justo allí, pero no estaban. ¿Dónde estáis?

Examinó el edificio de enfrente y los vio. Bolt también estaba allí, agachado más adelante junto al edificio, tratando de averiguar cómo pasar por delante de una cámara de seguridad.

Kato se rio entre dientes. La cámara no era real. Era una de las ilusiones de Copper. Se acercó sigilosamente por detrás de Bolt y lo estranguló hasta dejarlo inconsciente. Dos menos. Arrastró el cuerpo de Bolt detrás de un arbusto antes de reunirse con Copper y Hawk.

—¿Dónde está Lei? —preguntó Copper cuando Kato se acercó a ellos.

—Está colocando las últimas cuatro bombas.

—¿Qué? ¿No habéis terminado?

—Tuvimos un pequeño retraso en la biblioteca.

—Esto no es bueno —dijo Hawk—. Se nos está acabando el tiempo.

Kato apoyó una mano en el hombro de Hawk.

—Estará aquí pronto.

—Los temporizadores no se pueden cambiar.

—Shhh —dijo Copper—. Alguien viene.

Se agacharon, y Copper preparó su bolsa de cortina de humo. Apareció una figura.

—¿Quién es? —susurró Hawk.

—No lo sé —dijo Copper—. Espera, ¿eso es un arma en su mano?

—¿Tiene un arma? —la voz de Hawk se quebró.

Copper le dio un codazo en el brazo.

—Baja la voz.

Kato se hizo crujir los nudillos.

—Arma o no, nadie nos va a detener esta noche.

—Primero el problema con las bombas, y ahora un hombre con un arma —Hawk negó con la cabeza—. Esto está empeorando.

Copper estiró el cuello para ver mejor.

—Cuando esté lo suficientemente cerca, usa tu cortina de humo. Yo lo neutralizaré —dijo Kato—. Puedo hacerlo.

Copper tocó la bolsa con los dedos mientras la figura acortaba la distancia.

—Todavía no —dijo Kato—. Espera hasta que esté más cerca.

…

…

—Casi.

…

…

—Solo un poco más.

…

…

Copper echó el brazo hacia atrás lentamente y se inclinó ligeramente hacia delante.

—Unos pasos más —dijo Kato.

…

…

—¡Ahora!

Copper balanceó el brazo hacia delante pero se detuvo a mitad de camino justo cuando otra figura apareció detrás de la primera.

—¿Abby?

—Sorpresa —respondió ella.