CAPÍTULO TREINTA Y TRES
El sonido de un claxon la arrancó de un sueño profundo. Parpadeó brevemente antes de ponerse rígida e inspirar bruscamente. ¿Dónde estoy? Al ver la habitación vacía y sucia, se sintió confundida. Tardó un momento en recordar lo que había pasado la noche anterior.
Metió la mano rápidamente en el bolsillo del pantalón, sacó el móvil que había robado y revisó los mensajes. Ninguna respuesta. Había una docena de llamadas perdidas. ¿Sigues buscando tu teléfono? Olvídalo.
Xiaolian bostezó y el movimiento le provocó un pinchazo en el cuello por la contractura.
Se frotó la zona mientras se levantaba y se acercaba a la ventana, apartando las cortinas lo justo para ver el exterior.
El cielo estaba despejado y el sol brillaba con fuerza, obligándola a entrecerrar los ojos.
La gente del barrio se apresuraba por las aceras mientras los vendedores ambulantes pregonaban su mercancía y los comerciantes abrían sus tiendas.
Se dio la vuelta y fue al baño, empujó la puerta y miró dentro. Parece seguro. Xiaolian usó la luz del teléfono para inspeccionar la taza del váter por si había bichos. No había ninguno. De hecho, ni siquiera había agua, pero eso no le impidió hacer pis.
Tenía la garganta rasposa y el estómago le rugía. Antes de salir del Marriott la noche anterior, le había pedido a Abby algo de dinero para comprar recuerdos. Le vendría bien para el desayuno.
Xiaolian terminó en el baño y salió de su refugio. Ya en la calle, usó Google Maps para ubicarse. Estaba justo al norte de Nanjing Road, no muy lejos del hotel. Por un momento pensó en volver, pero lo descartó. Tenía órdenes.
Tras caminar un poco, entró en un pequeño restaurante. Se sentó con paciencia en el taburete de metal, con los antebrazos apoyados en la mesa para dos. Había otros clientes en el local, y todos comían lo mismo: jok.
Una mujer regordeta con un delantal floral raído dejó un cuenco de cerámica lleno de jok sobre la mesa. Xiaolian añadió unas gotas de salsa de soja, cebolleta picada y jengibre rallado antes de remover las gachas espesas. Se llevó una cucharada a la boca. Estaba caliente, reconfortante y delicioso.
Mientras comía, abrió la aplicación de mensajería del teléfono.
Xiaolian: ¿Estás ahí?
Esperó una respuesta mientras comía, pero no llegó ninguna. Se preocupó un poco, pero ahuyentó el pensamiento. Dales tiempo. No has olvidado cómo era, ¿verdad?
Sus órdenes eran esperar hasta que contactaran con ella. No le apetecía nada volver al edificio en ruinas, pero lo haría si tenía que pasar otra noche.
Pagó la comida y salió. ¿Y ahora qué? Quizás ropa nueva, un sombrero y gafas de sol.
Estaba en un probador, probándose una blusa nueva, cuando el móvil vibró.
Cogió los vaqueros y sacó el teléfono del bolsillo.
Le temblaba la mano y el corazón le latía más deprisa.
¿Sería otra llamada perdida? Pulsó el botón de inicio y la pantalla se iluminó con un mensaje de texto.
Contacto: Lo lograste. No puedo hablar ahora. Te escribo luego, esta noche.