CAPÍTULO TREINTA Y UNO
Sentí que acababa de apoyar la cabeza cuando mi teléfono móvil me despertó. Era Leslie.
—Buenos días —dijo con voz animada.
—Buenos días —dije con voz ronca.
—¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?
Me aclaré la garganta.
—Perdona, me acosté tarde. ¿Qué tienes para mí?
—Mi contacto ha aceptado reunirse. Estoy segura al noventa y nueve por ciento de que ayudará.
—¿Cuál es el problema?
—Probablemente la reunión en sí. Creo que solo quiere evaluarte antes de comprometerse a nada. Trabajar con una agente federal no cae muy bien entre los de su gremio. No te preocupes. Te he vendido bien. Le caigo bien, así que tú también deberías caerle bien.
—¿Dónde es?
—Quiere que te reúnas con él en el mercado nocturno de Fangbang Lu. ¿Lo conoces?
—No, pero lo encontraré.
—Dijo que fueras sola.
—¿Por qué?
—Le gusta creerse un donjuán. Nada más lejos de la realidad. Te tirará los tejos, pero es inofensivo.
—¿Debería tener a mi compañero esperando cerca?
—No está de más. En el mercado, tendrás que encontrar un puesto de fideos. Sí, ya sé que hay muchos, pero este en particular tiene como logotipo un pollo rojo grande, según me han dicho. Sin nombre. Solo la imagen de un pollo rojo.
—¿Qué más puedes contarme sobre este tipo y su organización?
—Como te dije antes, se llama Chu. Eso es todo. Era el segundo al mando de una pequeña banda de aspirantes a Tríada aquí en Hong Kong hace años. La banda se desintegró cuando su líder, un tal Sing Chow, traicionó a sus propios hombres.
—¿Qué fue de él?
—No estoy segura. Desapareció. Probablemente acabó mal.
—Entiendo. ¿Hay alguna posibilidad de adelantar la reunión unas horas? Vamos justos de tiempo.
—Lo intenté, pero insistió en quedar esta noche. A las 7 en punto. Dile al vendedor que quieres el Especial Chop Suey.
—¿Qué es eso?
—Es una broma, una larga historia. Tú hazlo y te llevarán al escondite de Chu.
Le di las gracias a Leslie y colgué. Se oían ruidos al otro lado de la puerta, así que me levanté a duras penas, me vestí y salí.
Kang estaba preparando café. Giró la cabeza.
—Buenos días.
—Buenos días.
Empecé a prepararme un té.
—¿Dónde está Archer?
—Salió a correr. Te dejó una nota en la mesa.
—Acabo de hablar con Leslie. La reunión con su contacto está confirmada.
—¿Vas sola o quieres que te acompañe?
—Quiere verme a solas, en un mercado nocturno. Por lo visto, tiene un escondite allí dentro. Quédate por la zona y come algo. No creo que tarde mucho.
—¿Te preocupa algo?
—Leslie dijo que no tenía por qué. Me fío de su instinto.
—¿Se lo dirás a Archer? Seguro que querrá acompañarte.
—Mejor que venga. Así os hacéis compañía mientras me esperáis.
La cafetera borboteó al expulsar las últimas gotas de agua caliente a través del filtro. Kang no esperó a que terminara de gotear y se sirvió una taza enseguida. Luego nos sentamos en el salón.
—¿Qué tipo de ayuda esperas conseguir de este tipo?
Entrecerró los ojos mientras daba un sorbo con cautela.
—Leslie dice que conoce la ciudad como la palma de su mano. Si necesitamos encontrar a Xiaolian rápido, él es nuestra mejor baza. Intentaré averiguar qué sabe de los hombres que nos atacaron y cómo podemos evitarlos.
—Siempre parecen ir un paso por delante de nosotros. Quizás tu tipo pueda servirnos de pantalla.
—Eso mismo espero.
Di un sorbo al té.
—Quiero que Archer localice esa isla.
—Yo también tengo curiosidad. Hemos llegado hasta aquí; sería difícil dejarlo estar.
Justo entonces, la cerradura de la puerta principal chasqueó varias veces y Archer apareció en el umbral. Llevaba la misma ropa de la noche anterior y no tenía pinta de venir de correr por el parque.
—Desayuno —dijo levantando una bolsa de plástico.
Kang y yo nos espabilamos al instante.
—Char siu bao recién hechos.
Dejó la bolsa sobre la mesa de café. Kang y yo cogimos un bollo cada uno. Todavía estaban calientes. Después de unos bocados para calmar el estómago, puse a Archer al día sobre mi conversación con Leslie.
—Supongo que tu amiga ha investigado a este tipo y se fía de él.
—Así es.
—De acuerdo. Adelante.