CAPÍTULO TREINTA
Eran poco más de las dos de la madrugada cuando llegamos a la casa de seguridad.
Desde el principio, Archer se había mostrado muy reservado sobre nuestro destino, así que no tenía ni idea de adónde nos había llevado el conductor, un lugareño.
Me daba igual. Solo quería un sitio cómodo donde apoyar la cabeza.
El trayecto había durado poco más de una hora, así que estaba más lejos de lo que había previsto. Por el camino, las carreteras se habían ido estrechando, el tráfico había disminuido y las zonas residenciales habían sustituido a los comercios.
Poco después, el vehículo compacto había circulado por un camino estrecho con viviendas oscuras de una sola planta a un lado y un canal angosto al otro.
Pequeños puentes arqueados cruzaban el canal.
No había nadie a la vista, pero sí gatos.
Muchos, posados en las barandillas de madera que bordeaban el canal .
—¿Qué es este lugar? —preguntó Kang—. Parece que de día sería encantador. Me recuerda a Venecia.
—Es un antiguo pueblo acuático en Tongli. No estamos lejos del río Yangtsé. Los que viven aquí son residentes de toda la vida —dijo Archer.
—¿Estamos fuera de Shanghái? —pregunté.
—Sí, me pareció mejor. Si esos hombres pudieron encontraros tan rápido, movernos por la ciudad no nos servirá de nada.
—¿Pero no llamaremos la atención?
—No te preocupes. De día es un destino turístico. Muchos residentes ofrecen alojamiento.
El conductor detuvo el vehículo frente a una cabaña de madera, similar a las demás que habíamos pasado. Kang y yo bajamos y sacamos el equipaje del maletero, mientras Archer se quedaba en el asiento delantero hablando con el conductor un momento.
—Es aquí —dijo, señalando hacia delante mientras cerraba la puerta del copiloto.
Nos guio subiendo un par de escalones de hormigón, sacó un manojo de llaves y abrió la puerta.
El lugar era pequeño pero funcional. Tenía una salita amueblada con un sofá y dos sillones. Había dos dormitorios, cada uno con una cama de matrimonio. Un baño y una cocina pequeña completaban el conjunto.
—Tiene sofá cama —dijo Archer señalando el sofá—. Me lo quedo yo. Vosotros dos podéis coger los dormitorios.
Por mí, ninguna objeción. Arrastré la maleta hasta una de las habitaciones. Por mucho que quisiera dormir, sabía que teníamos que hablar de los siguientes pasos. Me lavé la cara para despejarme.
Cuando volví al salón, Kang estaba en la cocina preparando café y Archer hablaba en voz baja por el móvil.
—Hay un hervidor —dijo Kang cuando me acerqué a la cocina—. Le di al botón hace unos minutos. Ya debería estar lista.
Dejé mi lata de té en la encimera, eché una pizca en una taza y vertí el agua. Nos sentamos junto a Archer y esperamos a que terminara la llamada.
—Era mi supervisor. No vamos a recibir ayuda adicional para localizar a la chica. Ya sé que no suena bien, pero es lo que hay. —Archer me miró—. ¿Quieres contarme lo de tu contacto?
—No tengo mucho que contar. Todavía están organizando la reunión. Sabré más por la mañana.
—¿Nombre? ¿Afiliación? ¿Algo?
—Sé que es el líder de una organización.
—¿Es una organización criminal?
—Eso me han dicho. —Esperaba que Archer saltara, pero no lo hizo. Sorprendentemente, estaba tranquilo.
—¿Te molesta? —pregunté.
—No, en realidad es inteligente. Seguramente sepan quiénes son esos hombres que os atacaron, y probablemente tengan una red de ojos y oídos capaz de localizar a la chica rápido. Solo espero que podamos fiarnos de él.
—Y que no esté compinchado con los hombres que nos atacaron. —Kang soltó una risita—. Eso sí que nos aguaría la fiesta.
—¿Y ahora qué? —pregunté.
—Esperamos noticias de tu contacto.
—No parece mucho plan.
—Es todo lo que tenemos de momento. No pensé que perderíamos a la chica. Es la única contingencia que no preví.
Qué imbécil.
—Además, con el ruido que armaron anoche esos hombres, tengo la sensación de que solo van a ir a más. Ya corremos el riesgo de que hayan alertado al MSS. Si es así, querrán saber quiénes sois. Y si eso pasa, vuestra participación aquí habrá terminado.
—Cuanto menos ruido, mejor —dijo Kang.
—Si esos hombres vuelven a pegársenos, me resultará cada vez más difícil hacer mi trabajo —dijo Archer—. Puede que incluso tenga que abortar la misión.
—¿Y qué pasa con Xiaolian? —pregunté.
—¿Qué pasa con ella? Está de vuelta en su país. Y como ya hemos dicho, si la pillaron, ya está muerta.