El criadero (Trilogía SG 3) (Thriller del FBI de Abby Kane 9) CAPÍTULO DIEZ
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CAPÍTULO DIEZ

Había pasado poco más de una semana desde el ataque.

Los de científica habían trabajado duro para terminar la investigación en nuestra planta y que pudiéramos volver.

Era importante mantener cierta normalidad.

No sabía si trasladar a todos de vuelta a la oficina lo conseguiría, pero era un comienzo.

Ese día habíamos perdido a amigos y familiares.

No podía dar marcha atrás en el tiempo y traerlos de vuelta.

Pero como agentes del FBI, teníamos un trabajo que hacer.

Capturar a los hombres detrás de ese acto cobarde era la medicina que necesitábamos.

Al salir de los ascensores en el piso trece, la recepción era un hervidero de actividad. El personal de mantenimiento llevaba días trabajando sin descanso para reemplazar muebles dañados, alfombras manchadas y ventanas rotas.

Como recién nombrada jefa de la oficina de San Francisco, dejé claro a mi gente que no habría grandes cambios en el funcionamiento de la oficina.

Me gustaba bastante cómo Reilly había llevado las cosas.

No era partidario de las jerarquías y consideraba que la mayoría eran innecesarias: nada de agentes especiales adjuntos ni agentes supervisores.

Yo también dejaría vacantes los puestos que él había eliminado.

Aunque había un par de cambios que llevaba tiempo preparando.

—Hola, compañero —le dije a Kang al entrar en la sala de descanso.

Estaba ocupado instalando una cafetera nueva.

—La compré ayer. También compré café a granel en Costco. Nos servirá hasta que podamos conseguir un nuevo pedido de nuestro proveedor.

—Me gusta cómo piensas.

—Son las pequeñas cosas las que nos hacen felices —señaló otra caja en el mostrador—. También compré un hervidor.

—Siempre pensando en mí. Gracias.

Kang sonrió.

—De nada, jefa.

—Probablemente te estés preguntando cómo será nuestra relación de trabajo ahora que soy la nueva SAC.

—La verdad es que no —dijo con cara seria.

Me quedé callada un momento, preguntándome si hablaba en serio.

Un segundo después, no pudo aguantar más y soltó una carcajada.

—Te pillé.

Sonreí.

—Vale, me has pillado. Pero en serio, necesito un segundo. Te asciendo a mi antiguo puesto. Nada cambiará. Seguirás siendo mi compañero. Simplemente creo que mereces cobrar más.

—No me quejo, y te agradezco el voto de confianza. ¿Te vas a quedar con una de las oficinas con ventana? ¿Una de esquina, quizá?

—Qué va, esas cosas no me interesan. Me quedo con mi escritorio de siempre, frente al tuyo.

Esas oficinas las voy a convertir en salas de operaciones para las investigaciones en curso.

Cualquiera debería poder entrar y hacerse una idea clara de cómo va una investigación.

Creo que es útil que los agentes vean en qué trabajan los demás, e incluso que aporten si ven algo que pueda servir.

—Me gusta.

—Sí, pero aparte de eso, todo igual.

—Pero diferente.

Justo entonces apareció House con una caja grande de dónuts.

—Traigo comida que es mala para vosotros.

—Justo lo que necesita la oficina —dije—. Hace un momento he ascendido a Kyle a mi antiguo puesto, y ahora te asciendo a ti a agente al mando de la oficina satélite de Oakland. Llévala como te parezca.

House esbozó una cálida sonrisa.

—Vaya, gracias. Pero que sepas que sigo queriendo participar en esta investigación. Seguro que puedo encontrar la manera de repartir mi tiempo entre aquí y allí.

—No me imagino seguir adelante sin ti. Necesito gente con la que pueda contar. Tú y Kyle sois de los mejores que conozco. Juntos somos imparables.

—Todo empezó con aquel excursionista muerto en el Monte Tamalpais —dijo House.

—Sí, ¿quién nos iba a decir que aquello sería el comienzo de nuestra persecución de asesinos en serie trotamundos? —añadió Kang.

—Atrapamos al enfermo que estaba detrás de aquello, y atraparemos al que está detrás de esto —dijo House—. Por cierto, ¿cómo quieres gestionar el traslado de la investigación del almacén hasta aquí?

Le expliqué la idea de las salas de operaciones y le dije que eligiera una sala de reuniones o un despacho y lo convirtiera en nuestro nuevo centro de mando.

—Entendido.

House se dio la vuelta y se marchó.

Kang y yo nos abalanzamos sobre la caja de dónuts.

—Lo que estás haciendo aquí es genial —dijo entre bocados de un éclair de chocolate—. Pero ¿qué te traes realmente entre manos?

—Acompáñame.

Lo llevé de vuelta a nuestros escritorios.

—No has preguntado por eso desde aquel día.

—¿Preguntado por qué?

Cogí el bolso, abrí la cremallera y dejé que Kang echara un vistazo dentro.

Se quedó sin aliento.

—¿Es la tableta de Wei con todos los vídeos?

—La misma. La cogí del escritorio de Reilly aquel día.

—Se me había olvidado por completo. Entonces, ¿no se ha catalogado como prueba?

—No. No existe. Los únicos que sabemos de su existencia somos tú, Reilly y yo.

—¿Y Archer?

Negué con la cabeza.

—No tiene ni idea.

—¿Pero no debería saberlo?

—Todo a su tiempo.