El criadero (Trilogía SG 3) (Thriller del FBI de Abby Kane 9) CAPÍTULO OCHO
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CAPÍTULO OCHO

Eran las diez de la noche cuando por fin llegué a casa. Los niños estaban encantados de verme; hasta Po Po me recibió en la puerta. Hacía rato que todos deberían estar en la cama, pero me alegraba de que hubieran esperado despiertos. No hay nada como volver a casa con la familia.

—Mami, te vimos en la tele —dijo Lucy mientras me cogía de la mano y me llevaba hacia el comedor. Ya se había puesto el pijama, pero no parecía tener ni pizca de sueño.

—¿No había nada más interesante que ver? —pregunté.

—No —dijo Ryan—. Todos los canales están cubriendo el tiroteo. Nuestra programación habitual ha sido temporalmente interrumpida —añadió con voz de locutor de televisión.

Siempre me preocupa que los niños me vean en la tele, porque nunca es por algo bueno.

Como responsable de facto, había tenido que hacer una declaración a la prensa esa noche.

Muchas personas inocentes habían muerto.

Las familias de las víctimas querían —mejor dicho, exigían — respuestas.

Sin saber qué pensaban los de arriba, me había limitado a un informe vago y lleno de palabras vacías. No me apetecía meter la pata.

Po Po sacó un plato de arroz frito con char siu —comida reconfortante china—.

Comí mientras respondía a sus preguntas sobre lo que había pasado.

Era normal que estuvieran preocupados. Lo entendía.

Les conté una mentira: «No estaba en el edificio cuando empezó el tiroteo».

No les haría ningún bien saber lo que realmente había pasado.

«El tío Kyle y yo habíamos salido a comprar burritos de desayuno cuando comenzó el ataque».

—¿Y Xiaolian? ¿Dónde está? —preguntó Lucy.

—Está bien, ha vuelto a las instalaciones. Es mejor para ella allí.

—Querrás decir más segura . Esos hombres la estaban buscando, ¿verdad? —preguntó Ryan.

Todas las cabezas parecían inclinarse hacia delante, esperando mi respuesta.

Por segunda vez esa noche me vi obligada a decidir si debía revelar la verdad.

A diferencia de la primera pregunta —sobre si estaba o no en el edificio durante el tiroteo—, esta venía cargada.

Ryan tenía edad suficiente para saber si le estaba soltando tonterías.

Se había tragado la historia del burrito porque Kang y yo siempre estábamos comiendo.

Pero hacía tiempo que había descubierto que gente mala andaba detrás de Xiaolian.

Lucy también se había espabilado, aunque no tanto como Ryan.

Y Po Po... bueno, ella nunca se creía nada de lo que yo decía.

—Creo que iban a por ella.

—¡No puede ser! Eso significa que podrían haber venido...

—Para ahí mismo, jovencito. Eso no lo sabemos, así que no nos precipitemos. —Ni siquiera yo me creía las palabras que salían de mi boca. Ryan estaba pensando lo mismo que yo había pensado antes. Esos hombres podrían haber venido a casa.

—Venga ya, Abby. ¿Cómo puedes no pensar eso? —preguntó.

—Creo que pudo haber una filtración en la oficina.

—¿Quieres decir un topo? —preguntó Ryan.

—Posiblemente.

—Ah, bueno, sí, supongo que tiene sentido. Pero ¿por qué iba alguien a hacer eso? ¿No estáis todos en el mismo equipo allí?

—Sí, pero a veces el juicio se nubla. Escucha, voy a trabajar hasta tarde los próximos días. Descubrir la identidad de esos hombres y quién los envió va a ser una tarea monumental.

Todavía no les había hablado de Reilly. Estaba indecisa al respecto. No era tan cercano a la familia como Kang y House.

—Mami, ¿murió mucha gente? —preguntó Lucy, de pie junto a mí, enroscándose un mechón de mi pelo en el dedo.

—Sí, cariño. Hoy ha muerto mucha gente. ¿Te acuerdas de Scott Reilly, mi supervisor?

—Es el de las gafas, ¿verdad? —dijo Ryan.

—Ese mismo. Pues hoy le han disparado. Está vivo, pero en estado crítico.

—¿Se pondrá bien? —preguntó Lucy.

—Eso espero. De hecho, por eso voy a trabajar hasta tarde. Tengo que hacer su trabajo mientras se recupera.

—Espero que encuentres a los hombres que hicieron esto y los encierres para siempre.

—Ese es el plan.