El corazón herido de la Bestia (Devils 4) CAPÍTULO 33 #3
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CAPÍTULO 33 #3

Él la miró directamente, con una intensidad que parecía atravesarla.

—Estoy diciendo que, independientemente de lo que ocurra entre nosotros, no voy a dejaros solas en esto. Que quizás sea el momento de dejar de correr y empezar a luchar.

Un sollozo escapó de los labios de Natalie, y durante un instante pareció que iba a desmayarse. Dante, sin pensar, extendió una mano hacia ella. Un gesto instintivo de consuelo que ni siquiera se dio cuenta de estar haciendo.

Natalie tomó su mano con la suya, aferrándose a ella como si fuera un salvavidas en medio de una tormenta.

—No sé si puedo —susurró—. No sé si soy lo suficientemente fuerte.

Dante apretó su mano con suavidad.

—Lo eres —afirmó con certeza—. Te he visto enfrentarte a todo tipo de desafíos desde que llegaste aquí. La forma en que proteges a Kora, cómo has reconstruido tu vida una y otra vez... Eres más fuerte de lo que crees, Natalie.

Usó deliberadamente ese nombre, el que había llegado a asociar con ella, con la mujer que había conocido, con la que se había permitido bajar sus defensas por primera vez en años.

—Natalie… —repitió ella, con una sonrisa triste—. Así es como me siento, ¿sabes? Como Natalie. Alice parece... alguien de otra vida. Alguien a quien él hizo daño, a quien él controló, a quien maltrató. Natalie es quien construí para Kora. Para mí misma.

Dante afirmó con la cabeza, comprendiendo más de lo que podía expresar con palabras.

¿No había hecho él algo similar? ¿No se había reinventado después de la traición de Catherine, de todo lo que había pasado con ella, de todo lo que había sufrido, construyendo una versión más dura, más cínica de sí mismo a modo de protección?

—Entonces eres Natalie —dijo con firmeza—. El nombre con el que te presentaste, el nombre que elegiste para ti misma. Esa es la persona que eres ahora.

Ella asintió, con una gratitud silenciosa en los ojos. Pero luego, la incertidumbre regresó a su expresión.

—¿Y nosotros? —preguntó, con una voz tan baja que apenas se escuchó—. ¿Qué pasa con... lo que estábamos construyendo?

Dante soltó su mano suavemente y dio un paso atrás. Necesitaba espacio para organizar sus pensamientos.

—No lo sé, Natalie —respondió con sinceridad—. Necesito tiempo. Necesito procesar todo esto. Necesito... confiar de nuevo. Y eso no es algo que pueda prometerte en este momento.

El dolor cruzó el rostro de ella, pero inclinó la cabeza levemente con una expresión de comprensión.

—Lo entiendo —dijo, aunque la tristeza en su voz revelaba cuánto le costaba aceptarlo—. Y lo respeto. Solo... gracias. Por escucharme. Por creerme. Por no...

—¿Por no echarte? —terminó de decir Dante, con una sonrisa triste—. Nunca ha sido una opción, Natalie. Nunca podría haceros eso a Kora y a ti. Jamás. Eso sería de ser un miserable.

Se miraron en silencio durante unos breves instantes, ambos conscientes de que habían llegado a un punto de inflexión.

Había demasiadas emociones en el aire, demasiado que asimilar, demasiadas decisiones que tomar.

Pero al menos ahora, la verdad había salido a la luz y estaba sobre la mesa, por dolorosa que fuera.

—Deberías descansar —dijo finalmente Dante—. Ha sido un día... muy intenso.

Natalie asintió, pasándose una mano por el rostro con gesto cansado.

—Tú también —respondió—. Y Dante... gracias. Por darme la oportunidad de explicarme. Sé que no la merecía.

Él negó con la cabeza.

—Todo el mundo merece la oportunidad de contar su historia. Especialmente cuando esa historia es tan difícil de contar. Y tan cruel.

Un silencio gravitó sobre sus cabezas, pero no era totalmente incómodo, ni tampoco hostil. Era el silencio de dos personas que habían atravesado una tormenta y aún no estaban seguros de en qué condiciones había quedado el barco.

Natalie hizo un gesto hacia la puerta.

—Debería ir a comprobar que Kora está dormida —dijo—. A veces se despierta por la noche, especialmente después de días... complicados.

Dante asintió, dándole el espacio para marcharse. Pero cuando ella estaba a punto de alcanzar la puerta, su voz la detuvo.

—Natalie —llamó, haciendo que ella se volviera—. Vamos a resolver esto. Lo de Justin. No voy a permitir que os haga daño. Te lo prometo.

Ella lo miró con una mezcla de agradecimiento y algo más profundo, mucho más profundo.

—Buenas noches, Dante —dijo Natalie en tono suave, antes de abrir la puerta y deslizarse fuera, dejando tras de sí el eco de una verdad que finalmente se había revelado.

Dante se quedó solo en la biblioteca.

Se acercó a uno de los estantes y pasó los dedos por los lomos de los libros, deteniéndose en un volumen que Natalie había leído días atrás. Recordó cómo ella se había perdido entre las páginas, con esa forma de sumergirse completamente en las historias que tanto lo había cautivado.

¿Podría perdonar su mentira? ¿Podría reconstruir la confianza que se había roto? ¿Y, lo más importante, estaba dispuesto a enfrentar junto a ella lo que se avecinaba?

No tenía respuestas, pero si algo tenía seguro era que protegería a Natalie y a Kora sin importar nada.