El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 32
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Capítulo 32

Lo que quedaba

Haven Bay — Esa mañana

Solo quedaban unos pocos empleados en la redacción. El periódico había perdido buena parte del bullicio de antes y, sin embargo, para Clifton, el lugar seguía siendo el mismo.

Fanny estaba frente a su escritorio.

—¿De verdad no vas a decírselo?

Clifton sujetaba la taza con ambas manos.

—No.

—Es tu hijo.

—Ya lo he decepcionado bastante.

Fanny lo miró con paciencia.

—No puedes protegerlo de todo, Clifton.

Él bajó la vista.

—¿Cómo le digo que soy yo quien escribe Pregúntale a Tía Hope?

La puerta estaba entreabierta.

Ninguno de los dos se había dado cuenta de que Morgan estaba al otro lado.

—¿Tú eres Tía Hope?

Clifton levantó la vista.

Morgan estaba allí, de pie.

Durante varios segundos, nadie habló.

Morgan miró a Fanny.

—Así que tú eras la tapadera.

Fanny sonrió levemente.

—En parte.

Clifton se levantó despacio.

—Tu madre empezó la columna. Cuando murió, Fanny me ayudó a mantenerla. Al principio, no sabía si podría hacerlo. Luego... se convirtió en algo que necesitaba.

Morgan lo miraba fijamente, aún tratando de asimilarlo.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Clifton tardó un momento en responder.

—Porque sabía lo que significaba para ti.

Morgan bajó la vista.

—Gracias.

Clifton frunció el ceño, sorprendido.

—¿Por qué?

—Por mantenerla viva.

Clifton no dijo nada.

Morgan continuó.

—Sé que mamá murió. Lo sé desde hace años. Pero cuando leía la columna... era como volver a escucharla. A veces decía exactamente lo que necesitaba oír. O lo que no quería oír.

Esbozó una breve sonrisa.

—Y casi siempre tenía razón.

Clifton soltó una risa entrecortada.

—Eso era muy propio de ella.

Morgan se acercó.

—Debió de ser difícil.

Clifton asintió.

—Al principio, mucho.

Volvió a sentarse.

—Pero luego me di cuenta de que la columna no me impedía dejarla ir. Me daba una forma de seguir hablando con ella.

Morgan guardó silencio.

—Cada semana, pensaba en lo que ella habría dicho. En lo que habría querido decirle a quien escribiera pidiendo consejo. Y poco a poco, empecé a sentir que todavía estaba aprendiendo de ella.

Clifton se secó los ojos con el dorso de la mano.

—Supongo que estaba de duelo, pero no estaba solo.

Morgan se adelantó y lo abrazó.

Clifton tardó un momento en reaccionar antes de estrechar a su hijo entre los brazos.

—Gracias, papá.

—Gracias.

Fanny los observaba en silencio.

Durante años, la columna había sido un secreto. Ahora ya no lo era.

Morgan comprendió algo que nunca había sabido expresar con palabras: su padre nunca había intentado reemplazar a su madre. Había encontrado una forma de seguir amándola después de perderla.

Y quizás eso era lo que Morgan había pasado toda su vida intentando evitar.

Había confundido el dolor con la debilidad.

Ahora empezaba a comprender que algunas pérdidas no se superan dejando de sentirlas. Aprendes a vivir con ellas hasta que dejan de ser solo una herida.

Clifton seguía abrazándolo.

Morgan cerró los ojos.

Por primera vez en mucho tiempo, no necesitaba defenderse de lo que sentía.