El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

Una oferta que cambia las reglas

Haven Bay — Domingo por la mañana

El domingo, el Beacon parecía un lugar diferente.

La redacción estaba casi vacía. Algunas luces seguían encendidas, y en algún lugar del edificio se oía una pelota rodando por el suelo.

Audrey entró buscando sus notas.

Vio a Fanny recogiendo cartas del buzón de Pregúntale a Tía Hope y, por un momento, creyó ver a alguien al fondo de la redacción. Cuando volvió a mirar, no había nadie.

Continuó adelante.

Clifton estaba jugando al minigolf entre los escritorios.

—¿Qué haces aquí un domingo?

—Vine a buscar mis notas. Tengo una entrevista.

Clifton golpeó la pelota.

—El trabajo de un periodista nunca termina.

—En mi caso, desde luego que no.

Audrey recogió sus papeles.

Entonces apareció Morgan.

—¿Teníamos que vernos hoy?

Audrey alzó la vista.

—No. Tengo una entrevista en el parque.

Morgan iba con alguien.

—Audrey, esta es Cecilia.

Cecilia sonrió.

—He oído hablar mucho de ti.

Audrey le devolvió la sonrisa.

—¿Quejándose de que lo sigo a todas partes?

Morgan se rio.

Cecilia lo miró.

—No exactamente.

Audrey recogió sus notas.

—Encantada de conocerte.

—Igualmente.

—¿Vas a ir sola a la entrevista? —preguntó Morgan.

—Sí.

—¿Y estás segura?

Audrey lo miró.

—Creo que puedo manejarlo.

—No era una crítica.

—Lo sé.

Se despidió de Cecilia y se marchó.

Cecilia esperó hasta que la puerta se cerró.

—No es tan mala.

Morgan siguió mirando hacia la entrada.

—No.

Cecilia lo estudió durante un segundo.

—¿Eso es todo?

Morgan se volvió hacia ella.

—¿Qué quieres que diga?

—Nada.

Cecilia dejó algunas cosas en su escritorio.

—Nos vemos en el bar.

Se marchó.

Clifton se acercó con unos papeles en la mano.

—Morgan.

—¿Sí?

—¿Tienes un minuto?

Morgan vio el documento.

No necesitaba preguntar qué era.

—La oferta.

Clifton asintió.

—Es un buen trato.

—¿Lo es?

—El dinero es muy bueno. Podría retirarme cómodamente. Y tú no tendrías que preocuparte por mantener el periódico en marcha durante la transición.

Morgan tomó el documento.

—Y luego vendrán los recortes.

—Dennis me dijo que no los habrá.

—Dennis puede decir muchas cosas.

Clifton suspiró.

—No podemos asumir que todo lo que prometen es mentira.

—Tampoco podemos asumir que cumplirán sus promesas.

Morgan dejó el documento sobre el escritorio.

—Si quieren que lo considere, que lo pongan por escrito.

Clifton esperó.

—No despedir a nadie. Actualizar la tecnología. Invertir en el periódico de verdad. Y mantener nuestra identidad.

—Eso es pedir mucho.

—Es lo mínimo.

Clifton lo miró.

—¿Y si aceptaran?

Morgan guardó silencio.

La pregunta era más difícil de lo que quería admitir.

—Entonces lo pensaría.

Clifton sonrió ligeramente.

—Eso ya es más de lo que esperaba oír.

Morgan volvió a mirar el documento.

—Pero ahora mismo, creo que es un mal trato.

—¿Por el dinero?

—No.

Morgan alzó la vista.

«Por lo que perderíamos».