Capítulo 20
El problema con los hechos
Haven Bay — Sábado por la tarde
Audrey regresó al bed-and-breakfast, pero encontró a Fanny en la playa y decidió sentarse con ella.
Jane había salido con Howie.
El sol se ponía lentamente sobre la bahía.
—¿Cómo va el artículo? —preguntó Fanny.
—Casi terminado. Pero me falta una cosa.
—Eso suele ser peligroso tratándose de ti.
Audrey sonrió.
—Necesito saber quién escribe Pregúntale a Tía Hope ahora.
Fanny suspiró.
—Millie me hizo prometer que no lo diría.
—Entonces sabes algo.
—Sé algunas cosas.
Audrey esperó.
—La madre de Morgan era como una hermana para mí. Todavía me resulta difícil hablar de ella.
—Lo siento.
Fanny asintió.
—Cuando Lou se fue a la guerra, Dixie tuvo que hacerse cargo del periódico. Necesitaba ayuda con la columna, y Lucy empezó a trabajar con ella.
—La madre de Clifton.
—Sí.
—Y la columna cambió.
Fanny sonrió.
—A Lucy le encantaba la poesía. Cuando empezó a ayudar a Dixie, las respuestas se volvieron más poéticas. Pero también más duras cuando hacía falta.
Audrey miró hacia el mar.
—Así que Lucy acabó haciéndose cargo.
—Sí.
—Y luego murió.
Fanny asintió.
—Pero la columna continuó.
—Casi sin cambiar de voz.
Audrey frunció el ceño.
—Eso significa que alguien tuvo que continuarla.
—Probablemente.
—¿Quién?
Fanny se encogió de hombros.
—No lo sé.
Audrey la miró.
—Sabes más de lo que dices.
—Soy una profesora jubilada. Tú eres periodista.
—Exacto.
—Y ambas sabemos que lo que acabas de decir no significa nada.
Audrey se rio.
—No puedo dejar un rompecabezas sin resolver.
—Ese es tu problema.
Audrey estaba a punto de responder cuando vio a Jane en la playa.
Estaba discutiendo con Howie.
Jane se alejó de él.
—Oh, no.
Se puso de pie.
—Voy a ver qué pasa.
Encontró a Jane unos minutos después.
—Jane.
Su amiga tenía los ojos llenos de lágrimas.
Audrey no hizo preguntas. La tomó del brazo y la llevó a la tienda.
Compraron helado y se sentaron fuera.
—Ha pasado más de una hora —dijo Audrey—. Ahora cuéntame qué pasó.
Jane miró su helado.
—Hemos terminado.
Audrey se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Hemos roto.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Eso no tiene ningún sentido.
Jane negó con la cabeza.
—Estábamos hablando de nuestra cita en el barco. Le dije que quizá él podría planear la siguiente. Entonces dijo que yo no encontraba nada romántico.
—¿Y luego?
—Luego rompimos.
Audrey parpadeó.
—¿Así, sin más?
—¿Y cómo se supone que se rompe, si no?
Audrey respiró hondo.
—Podría ser un malentendido. ¿Ha cambiado lo que sientes?
Jane negó con la cabeza.
—No.
—Entonces...
—Todavía quiero envejecer con él. Quiero todas esas cosas. Ni siquiera tuve la oportunidad de decírselo.
Audrey le tomó la mano.
—Entonces aún hay algo que arreglar.
Jane bajó la mirada.
—No lo creo.
—Dame los hechos.
Jane la miró.
—¿Qué?
—Hecho uno. Hecho dos. Sin interpretaciones. Solo los hechos.
Jane respiró hondo.
—De acuerdo.
Pero no pudo continuar.
Morgan y Cecilia aparecieron en la heladería.
Audrey los vio.
Y de inmediato apartó la mirada.
Jane hizo lo mismo.
Durante unos segundos, ambas se quedaron sentadas de espaldas al puesto.
—No te he visto así desde...
Audrey la interrumpió.
—No estoy celosa.
—No he dicho que lo estuvieras.
—Y no menciones a Ryan Hasbrook, Richie Rustom ni a Buddy Manny.
Jane sonrió.
—Acabas de mencionarlos tú.
Audrey cerró los ojos.
—Perfecto.
—Mira.
—No.
—Solo mira.
Audrey finalmente echó un vistazo.
Morgan seguía hablando con Cecilia.
Estaba sonriendo.
Audrey volvió a mirar su helado.
—No significa nada.
Jane la observó.
—Por supuesto.
—No significa nada en absoluto.
—Naturalmente.
Audrey tomó otra cucharada.
—Es solo que...
Se detuvo.
—¿Qué?
Audrey miró hacia el puesto de nuevo.
—Nada.
Jane sonrió lentamente.
No necesitaba que Audrey lo admitiera.
Todavía no.
Pero acababa de descubrir algo mucho más interesante que cualquier secreto sobre Pregúntale a Tía Hope.
Audrey Harper estaba celosa.